Un llamado a la sensatez médica
Creo que la reciente decisión de proseguir este cuestionable paro médico es equivocada y atenta contra nuestro propio gremio
Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net
En varias ocasiones he defendido, con mi voz y bolígrafo, la integridad del médico y los derechos que nos asisten. He criticado, reiteradamente, los constantes e injustos ataques que sufrimos por parte de políticos, administradores y algunos periodistas. Cada vez que nos mencionan a ese personaje, llamado Hipócrates, mi mente se transforma y anhela resucitarlo para someterlo a los sacrificios, deudas e insatisfacciones familiares de que somos objeto en estos tiempos modernos. Si pudiera traerlo al presente, presumo que él escribiría un juramento mucho menos apostólico.
No obstante, creo que la reciente decisión de proseguir este cuestionable paro médico es equivocada y atenta contra nuestro propio gremio. La decisión de escoger esta sacrificada profesión obedece a una vocación intrínseca. Nadie que posea ideales de forjar fortuna o lograr protagonismo político debe optar por la carrera de medicina. Nuestro pensamiento debe siempre estar enfocado a concretar actividades humanas y sociales, reforzando los aspectos académicos y procurando robustecer la prevención y tratamiento de las múltiples enfermedades que padece el ser humano. Tenemos una deuda moral, en todo momento impostergable, con los pacientes y cada paso que damos debe siempre supeditarse a este derrotero.
Indudablemente, nuestras aspiraciones salariales son muy justas. Esto nadie lo discute y es evidentemente comprendido por las autoridades actuales de Salud. Nadie paga la escuela de los hijos ni las cuentas de luz, gas o teléfono a base de su altruista vocación. Nadie en Panamá trabaja horas extras sin recibir emolumentos a cambio. Nadie en Panamá trabaja tanto y bajo una tenaz responsabilidad como un sinnúmero de médicos abnegados, especialmente durante los cinco primeros años de la vida profesional. Sin embargo, hay que entender que la situación económica local (y mundial) está severamente comprometida y que miles de personas humildes también desearían aumento salarial. Es cierto que los legisladores y numerosos políticos (incluyendo “botellas”) reciben pagas exorbitantes y, seguramente, sin tanto esfuerzo laboral. Pero no porque ellos sean corruptos y despreocupados por la suerte de la sociedad entera debemos nosotros imitarlos y envidiar sus impunidades.
La mayoría de los puntos en discordia han sido solventados de forma bastante satisfactoria. Merecimientos que han perdurado intocables por más de 50 años, ahora tienen una respuesta razonablemente digna. Pongamos de nuestra parte y aceptemos lo que se nos ofrece. Hagámoslo por respeto y consideración a nuestro golpeado país. Utilicemos nuestras neuronas con brillantez y pensemos en todos esos panameños humildes que sólo reciben migajas esporádicas para intentar sobrevivir. Nuestra maltrecha imagen pública necesita más que nunca de intelecto, raciocinio y sensatez. Un abrazo fraternal a todos mis colegas.
El autor es médico del Hospital del Niño
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