Panamá, 13 de junio de 2002
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Paréntesis de fútbol

“Mas, guardadme ahora un secreto que os revelo: yo no sé si por encargo de Rubén o de Perrault: que la luna es la pelota de fut que está en el cielo para ese otro futbolista que en las tardes es el sol”.

Adolfo Ahumada

Tiempos de fútbol. Los grandes temas de la sociedad deciden apartarse y le dan paso al más universal de los deportes. Eduardo Galeano, maestro de escritores en lengua castellana, recuerda en su obra El fútbol a sol y sombra el inicio de la Copa América. En 1916 Uruguay jugó contra Chile. Ganó Uruguay, pero los chilenos protestaron el partido inicial basados en que Uruguay había alineado a dos africanos, y ello no estaba permitido por los reglamentos. Los supuestos africanos eran Juan Delgado e Isabelino Gradín, negros uruguayos que marcaron casi todos los goles en esa competencia. De esa misma época es el poema del modernista peruano Juan Riego del Parra y que constituyó un verdadero homenaje lírico al espectáculo que hoy atrae toda la atención del mundo. Aquí va Elogio lírico del fútbol:

La pelota ríe y canta!
La pelota zumba y vuela!
y es el polvo esa serpiente de algodón que se levanta
tras el ágil jugador que de un salto se revela.
La pelota ríe y canta!
La pelota zumba y vuela!

Y es la tarde que va abriendo su sombrilla de colores
sobre el campo donde están los jugadores
entre el marco de la fiesta popular:
treinta mil caras que ríen y también fugas de trajes
que en el viento son mensajes
que no sé adónde se quieren, tan nerviosos, escapar.
Mas, de pronto, suena el pito
que prepara la partida:
todos callan, se oye un grito
y es, al fin, la acometida
en que salta la pelota
que se va como bailando de pie en pie
por los aires una jota
de acrobática alegría que uno casi apenas ve.

Jugador de blanca y roja camiseta
que, de pronto, arrebatado
zigzaguea jubiloso la gran zeta
de un ataque combinado
junto al otro que, al cruzársele, en un paso de emoción,
cae al suelo y, trémulo, ¡ay!
se levanta otra vez como de una eléctrica impulsión
pero suena el breve pito de un “offside”
y de nuevo va rodando la pelota
que traza un arco -iris momentáneo sobre el cielo-
o, epiléptica, rebota
por los pies que hacen con ella como encajes por el suelo.

Mas ahora, azul y blanco otro adversario
se la lleva, se la lleva, se la lleva.
Se emociona allá el “golkiper” solitario,
pero surge el “back” que, al salto que lo eleva,
un instante es sobre el sol una escultura
mientras ya, como un cohete volador,
la pelota que se queda como un astro por la altura,
otra vez cae en el suelo con un ruido de tambor,
mas de nuevo se levanta
con su eléctrico vaivén
(pero allí alguien se ha caído...es el muslo, es la garganta?
Corre el médico, se agrupan...si no es nada, ya está bien
y a un aplauso que, de pronto, hierve en toda la tribuna
cual si fuera un taponazo de botella de champán
la pelota va a decirle no sé qué cosa a la luna
que al volver llega riéndose con su pen, pin, pen, pan, pan
y ya loca, loca, loca
de su alada ligereza
tiembla, silba, fuga y choca
de ese tórax a esa espalda, de esa espalda a esa cabeza,
hasta que, ávida en la luz, nerviosamente,
y de un grupo que es un drama de oro y tierra bajo el sol
y es un gol!

En el fútbol todo es clara poesía:
luz de sol, viento viril y panorama
que le pone a uno en la risa azul del día
todo fresco el corazón como una rama.
Epopeya fraternal del movimiento!,
es la vida con su múltiple aletazo creador:
drama, música, paisaje, sol violento,
geometría que se mueve en la pelota por el viento
y pintura que en el suelo multiplica su color.
Fiesta mágica del músculo!
es la América que dice hoy Anunciación!
con su gran trompeta de oro ante el crepúsculo
de esa Europa roja y negra de la Cruz y del cañón.

Mas, guardadme ahora un secreto que os revelo:
yo no sé si por encargo de Rubén o de Perrault:
que la luna es la pelota de fut que está en el cielo
para ese otro futbolista que en las tardes es el sol.

El autor es abogado


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