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Los responsables de la política
económica se escudan en un nocivo juego de apariencias
para no decir la verdad sobre la situación económica
nacional, y de manera particular sobre el desempeño
de las finanzas públicas. A todos los panameños
nos conviene el progreso del país, sin embargo es irresponsable
que el Gobierno trueque la peligrosa realidad de la economía
en picada por sus buenas intenciones. Los signos negativos
de la crisis están por doquier en los primeros meses
de este año. El desempleo sube y el crecimiento está
en prácticamente cero. El déficit fiscal se
sitúa en un preocupante promedio del 2.2%, lo que puede
incrementarse si las finanzas públicas continúan
deteriorándose. Han disminuido las exportaciones, el
tránsito de barcos por el Canal, el consumo industrial
de electricidad, los activos y créditos bancarios,
la construcción, las ventas de la Zona Libre, la recaudación
tributaria, los aportes al Seguro, y es mínima la ejecución
del presupuesto del Estado. Los tenedores internacionales
de los bonos del Estado están nerviosos y quieren deshacerse
de ellos. Son escépticos en relación a una mejora
de la economía nacional. El síndrome de negación
propicia que la población y los agentes económicos
no ideen medidas preventivas para afrontar la situación.
Tratar de tapar el sol con la mano constituye una vana ilusión
y una irresponsabilidad que alimenta la crisis. |
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