Talingo
Sirva, pues, este breve
texto como el último número simbólico del suplemento, el 442
Adrienne Samos
Leyendo La Prensa el domingo pasado, me topé
con un cintillo que decía: “Hoy se publica el último número de Talingo.
Agradecemos a todos nuestros lectores su interés en este producto
a través de los años”. Es así como me enteré del cierre definitivo
del suplemento cultural que vengo dirigiendo durante casi una década.
Sirva, pues, este breve texto como el último
número simbólico del suplemento Talingo, el 442. En nombre mío y
del extraordinario equipo de Talingo –Alberto Gualde, subdirector,
Margot López, diseñadora y asistente de dirección, y Carmen Cabello,
asistente editorial– doy las gracias a nuestros lectores (unos 90
mil, según todas las encuestas, cifra notable para cualquier país),
que mantuvieron vivo este espacio durante más de nueve años consecutivos,
a pesar de su enfoque decididamente no comercial. Y gracias a nuestros
colaboradores por su admirable creatividad, rigor y entereza. A
ellos, lectores y colaboradores, debe Talingo todo lo que es.
Se cierra un ciclo que empezó a fines de
1992, cuando recibí una invitación de Roberto Eisenmann, entonces
presidente de La Prensa, para dirigir el primer suplemento cultural
del periódico. Luego de que se nos garantizara la autonomía completa
de la publicación, Alberto Gualde y yo delineamos sus parámetros
editoriales, y el primer número salió a la luz el 30 de mayo de
1993. Desde sus inicios, los miembros de la junta directiva de La
Prensa vieron a Talingo no como un medio para obtener ganancias
directas, sino como un regalo cultural para la comunidad panameña.
En una sociedad mercantil como Panamá, donde
el imprescindible ejercicio de la crítica es casi inexistente, Talingo,
a través de un grupo de especialistas en distintas áreas de la creación,
siempre buscó orientar a la comunidad y acrecentar la calidad de
las artes, sustentando perspectivas no complacientes y alejadas
del “amiguismo” tan común en el medio. Con la excelencia como único
norte, Talingo contribuyó de manera significativa a divulgar las
mejores expresiones culturales de Panamá y del mundo, convirtiéndose
así en una especie de minibiblioteca para estudiantes y profesionales
de todas las edades y rincones del país.
Estas fueron las razones por las que se le
otorgó el prestigioso premio Príncipe Claus 2002, es decir, por
representar un auténtico espacio de libertad. El jurado también
recalcó que Talingo –así como los demás galardonados– ha tratado
continuamente de establecer puentes: entre la tradición y la contemporaneidad,
entre lo popular y lo culto, entre lo personal y lo colectivo, y
sobre todo entre culturas muy distantes y distintas entre sí.
La noticia de la desaparición del suplemento
ha causado un fuerte impacto dentro y fuera de Panamá, a juzgar
por la lluvia de cartas y llamadas recibidas, así como por conmovedores
homenajes públicos. Ello ha reforzado nuestra convicción de que,
si bien se cierra este ciclo, debe abrirse otro: Talingo, la revista
impresa y www.talingo.com,
la revista digital. Ambas quedarán bajo la tutela de Arpa (Fundación
Arte>Panamá), entidad sin fines de lucro creada recientemente
para enriquecer el panorama cultural en Panamá. Bienvenidos sean
los comentarios, preguntas o sugerencias, que pueden enviarse a:
arpa@artepanama.org arpa@artepanama.org
La autora es ex directora de Talingo
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