Panamá, 9 de junio de 2002
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Talingo

Sirva, pues, este breve texto como el último número simbólico del suplemento, el 442

Adrienne Samos

Leyendo La Prensa el domingo pasado, me topé con un cintillo que decía: “Hoy se publica el último número de Talingo. Agradecemos a todos nuestros lectores su interés en este producto a través de los años”. Es así como me enteré del cierre definitivo del suplemento cultural que vengo dirigiendo durante casi una década.

Sirva, pues, este breve texto como el último número simbólico del suplemento Talingo, el 442. En nombre mío y del extraordinario equipo de Talingo –Alberto Gualde, subdirector, Margot López, diseñadora y asistente de dirección, y Carmen Cabello, asistente editorial– doy las gracias a nuestros lectores (unos 90 mil, según todas las encuestas, cifra notable para cualquier país), que mantuvieron vivo este espacio durante más de nueve años consecutivos, a pesar de su enfoque decididamente no comercial. Y gracias a nuestros colaboradores por su admirable creatividad, rigor y entereza. A ellos, lectores y colaboradores, debe Talingo todo lo que es.

Se cierra un ciclo que empezó a fines de 1992, cuando recibí una invitación de Roberto Eisenmann, entonces presidente de La Prensa, para dirigir el primer suplemento cultural del periódico. Luego de que se nos garantizara la autonomía completa de la publicación, Alberto Gualde y yo delineamos sus parámetros editoriales, y el primer número salió a la luz el 30 de mayo de 1993. Desde sus inicios, los miembros de la junta directiva de La Prensa vieron a Talingo no como un medio para obtener ganancias directas, sino como un regalo cultural para la comunidad panameña.

En una sociedad mercantil como Panamá, donde el imprescindible ejercicio de la crítica es casi inexistente, Talingo, a través de un grupo de especialistas en distintas áreas de la creación, siempre buscó orientar a la comunidad y acrecentar la calidad de las artes, sustentando perspectivas no complacientes y alejadas del “amiguismo” tan común en el medio. Con la excelencia como único norte, Talingo contribuyó de manera significativa a divulgar las mejores expresiones culturales de Panamá y del mundo, convirtiéndose así en una especie de minibiblioteca para estudiantes y profesionales de todas las edades y rincones del país.

Estas fueron las razones por las que se le otorgó el prestigioso premio Príncipe Claus 2002, es decir, por representar un auténtico espacio de libertad. El jurado también recalcó que Talingo –así como los demás galardonados– ha tratado continuamente de establecer puentes: entre la tradición y la contemporaneidad, entre lo popular y lo culto, entre lo personal y lo colectivo, y sobre todo entre culturas muy distantes y distintas entre sí.

La noticia de la desaparición del suplemento ha causado un fuerte impacto dentro y fuera de Panamá, a juzgar por la lluvia de cartas y llamadas recibidas, así como por conmovedores homenajes públicos. Ello ha reforzado nuestra convicción de que, si bien se cierra este ciclo, debe abrirse otro: Talingo, la revista impresa y www.talingo.com, la revista digital. Ambas quedarán bajo la tutela de Arpa (Fundación Arte>Panamá), entidad sin fines de lucro creada recientemente para enriquecer el panorama cultural en Panamá. Bienvenidos sean los comentarios, preguntas o sugerencias, que pueden enviarse a: arpa@artepanama.org arpa@artepanama.org

La autora es ex directora de Talingo


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