Inglés como segundo idioma: ¿problema evolutivo?
La tendencia a cambiar, a movernos del mismo lugar, a trascender... sencillamente nos aterra
Milagros Santana
milagrossantana@kpmg.com
El ser humano es un ser de adaptación; está científicamente comprobado que el origen del hombre se basó principalmente en el proceso de adaptación de este a su medio ambiente y a las condiciones sociales que le rodeaban. Y poco a poco ha ido avanzando a través de los siglos hasta convertirse en el hombre racional de nuestros tiempos. Claro, el cambio trae consecuencias usualmente traumáticas, pero con un fin positivo. No es difícil entender entonces que el proceso evolutivo físico y mental del ser humano haya tomado varios miles de años; como tampoco es de extrañar que en sus inicios, dichos cambios hayan provocado conflictos sociales y psicológicos para el género humano.
No obstante, continuamos evolucionando. Seguimos nuestro camino, abriéndonos paso entre todas las especies y alejándonos cada vez más de ellas, para mantenernos como conquistadores del planeta Tierra. Esta evolución no es visible para nosotros físicamente; los cambios más sustanciales se han relacionado con el intelecto y la tecnología. La lógica nos hace triunfadores en nuestro universo, y es precisamente esa capacidad de adaptación racional que poseemos la que nos conduce a mantenernos como líderes en nuestro mundo.
Sin embargo, y muy a pesar nuestro, a veces olvidamos que podemos adaptarnos y evolucionar. Dejamos atrás nuestra naturaleza, y preferimos adoptar posiciones conformistas y cómodas. Las consecuencias son, obviamente, contraproducentes para nosotros mismos. La tendencia a cambiar, a movernos del mismo lugar, a trascender...sencillamente nos aterra.
Y eso parece estar ocurriendo en nuestro país, precisamente en el momento en que hay una posibilidad de evolución. Digo esto porque adoptar el idioma inglés como lenguaje comercial aceptado en nuestro país es en definitiva un gran cambio. Algunos visualizan que es denigrar nuestra lengua materna; otros dirían que significa aceptar otra vez la imposición imperialista de los estadounidenses. Muy pocos pensamos que es simplemente una consecuencia del mundo globalizado que ya no conoce de fronteras.
El español es, en definitiva, un lenguaje hermoso, romántico, que seduce por su fluidez y cadencia. Es nuestro idioma de nacimiento y debemos cuidar el uso que hacemos de él. Por ello, la adopción de un segundo idioma no es un atentado contra su belleza y sentido; es más bien un recurso que tenemos por la necesidad de adaptarnos al nuevo mundo que ha surgido frente a nuestros ojos. De nosotros queda el compromiso de utilizar ambos adecuadamente, y no de maltratarlos con fonemas grotescos o prosas pobres.
Si el Estado panameño establece el compromiso formal de llevar el inglés a cada rincón del territorio nacional, para que precisamente todos los panameños tengamos la posibilidad de progresar y adaptarnos exitosamente a las nuevas tendencias de nuestra era, considero que la medida debe ser aplaudida, sin que ello signifique descuidar la enseñanza del idioma español. La historia nos concedió una posición de tránsito, un lugar privilegiado en el intercambio de culturas. Asumamos ese compromiso con valentía y entusiasmo, y evolucionemos junto al mundo para consolidar ese futuro promisorio que tanto anhelamos.
La autora es auditora de KPMG-Panamá
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