Puertos y cornadas
Mireya, como en su momento Noriega, exige pruebas sobre cada caso de corrupción
Guillermo Sánchez Borbón
No podemos darnos el lujo de que Panama Ports y sus patrocinadores en el gobierno se salgan con la suya. La última parte de la frase no es tan críptica como suena. Los patrocinadores pretenden conceder a la empresa más de lo que ésta ha pedido. La información proviene de fuentes de cuya confiabilidad no puedo dudar. Los culpables: un personaje político y un ministro de Estado, dos redomados sinvergüenzas, a quienes la suerte del país les importa un comino. Lo único que les interesa es llenarse los bolsillos de dinero malhabido. No menciono sus nombres, porque naturalmente no estoy en condiciones de probar los cargos y podrían demandarme (como a Vic) y sumergirme en lo más espeso y caliente del sancocho. Además, Mireya, como en su momento Noriega, exige pruebas sobre cada caso de corrupción. Me imagino que se refieren a pruebas escritas, pruebas documentales, casi imposibles de obtener.
Se calcula que el querido Al Capone mató personalmente, o mandó a matar, a unas 100 personas. Sin embargo, tuvieron que enjuiciarlo por evasión de impuestos. Porque ningún pistolero que se respete deja un rastro de papel de sus fechorías (entradas en su ledger, por ejemplo): “A Vittorio Capellini, quinientos dólares por asesinar a Sandro Tortellini y a Sean O’Connor”. O “a los autores materiales de la masacre de San Valentín: veinte mil rúcanos”. Las cosas no funcionan así. De parecida manera, ninguna autoridad deja constancia escrita de sus venalidades. Hay que reconstruirlas trabajosa y pacientemente.
Arturo Vallarino, partidario a muerte de la equiparación, no se detuvo ante ninguna mentira, a tal punto le interesa que se consuma este nuevo atentado a la nación. Dijo a los reporteros que Mario Galindo estaba de acuerdo con la fea palabra y con la horrenda cosa que designa. Mario lo puso en su lugar ese mismo día. El segundo vicepresidente de la República, Kaiser Bazán, también se pronunció en contra de la monstruosidad que defienden el primer vicepresidente y el ministro de comercio con un entusiasmo muy sospechoso.
Existe el peligro de que un día de estos se rompa el muro de contención y el río de ierda nos ahogue, o nos deje a todos tan sucios que ni nuestra propias madres podrán reconocernos.
¡Hasta cuándo? Por otra parte, nadie ignora que la Hutchison se metió a la licitación para impedir que otra empresa construyera un puerto en la costa atlántica que le haría competencia al que esa empresa tiene en Las Bahamas. Todos lo sabíamos, salvo las autoridades del gobierno pasado, que trataron de contagiarnos al resto de los panameños su pasión por la Hutchison. Para colmo, en una demostración de incapacidad difícil de concebir, les dieron unas tierras valiosísimas simultáneamente a la Hutchison y a la empresa que había de construir el ferrocarril. Consecuencia: hubo que pagarle a la primera unos 40 millones de dólares de indemnización. Digo yo: ¿por qué no ponen al frente de estos asuntos a personas con la inteligencia, los conocimientos y la honradez indispensables para no venderse ni hacer estupideces?
****La comitiva que lleva Mireya a Italia es tan enigmática, que supera con creces mi menguante capacidad intelectual. Sin ir más lejos, ¿por qué incluyó al talentoso y elocuente Harmodio Arias? ¿Para que la ayude a no entender lo que se diga en la reunión?
****Panamá es el único país donde los políticos toman tan en serio a los caricaturistas, que los demandan (no los matan, porque todavía no hemos llegado a eso, pero vamos por buen camino) por tomarlos a chacota. El que cortó la cinta, por así decirlo, fue Endara, pero tuvo el buen sentido de rectificar a tiempo: retiró la demanda e hizo las paces con el caricaturista (Joaquín Carrasquilla). El segundo fue Ricardo Arias Calderón: Rac había dibujado al político dándole la mano a la ensangrentada del PRD (en aquellos días a cada rato exhumaban los cadáveres sepultados por los mentores del PRD cuando ejercían el poder absoluto). La historia de la demanda la publicó The New York Times, junto con un comentario sarcástico del periodista, ilustrado por la caricatura que motivó la demanda.
Y last but not least, Sitting Bull acaba de ponerle una demanda a Vic, por haber resumido, con gráfica fidelidad, el vulgar inventario de sus bienes que hizo aquél en la famosa entrevista.
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