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Un efecto propio de las crisis es la desatención de problemas
que hoy no parecen prioritarios, pero que al cabo de un tiempo
producen daños irreversibles. Un ejemplo es la contaminación
del ambiente y los múltiples daños que se concretan sobre
el entorno natural. El veto al proyecto de ley que crea el
parque nacional de Coiba es una bofetada al sentido común
de los panameños, cuando mundialmente se celebra en junio
el mes de la protección del medio ambiente. Ante la insensibilidad
del Gobierno, las organizaciones de la sociedad civil y la
comunidad tendrán que hacer suyas estas causas y tratar de
lograr una respuesta que garantice la preservación de la biodiversidad
en nuestro territorio. Desde la contaminación de los ríos
y playas en el interior del país, hasta el ruido ensordecedor
producido por la circulación de vehículos en las avenidas
de la ciudad capital, los afectados deberán llamar la atención
de las autoridades para que se respete el derecho constitucional
al ambiente sano. La generación y el manejo de los desechos
y residuos tóxicos, al igual que el desarrollo de proyectos
que afectan el ecosistema, conforman una fuente legítima de
preocupación. Y ante esta historia de negligencias, es oportuno
reiterar que es imprescindible preservar nuestro patrimonio
natural, ya que, de otra forma, a los problemas coyunturales
se les agregará el derivado de un entorno infértil e insalubre.
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