Panamá, 5 de junio de 2002
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La religión en las escuelas

Decir que en las escuelas no debe existir un “atiborramiento” o un “adoctrinamiento dogmático” católico es correcto, pero afirmar que eso se da en Panamá, no

Néstor Jaén S.J.

Recientemente han salido en este diario dos artículos sobre la enseñanza de la religión en los centros educativos. Algunas de las cosas que se dicen son ciertas, pero sólo en teoría, porque no corresponden a la realidad panameña ni pasada ni presente, y otras son contradictorias. Trataré solamente de aclarar o comentar algunos puntos.

1. Decir que en las escuelas no debe existir un “atiborramiento” o un “adoctrinamiento dogmático” católico es correcto, pero afirmar que eso se da en Panamá, no. Puede haber algún caso por allí, pero no es la regla ni muchísimo menos. Ya desde que yo estaba en la escuela primaria en Penonomé, durante la década del cuarenta, no recuerdo haber tenido nunca clases de religión y no porque no las hubiera en el programa, sino porque una hora a la semana, sólo una hora, se nos ponía a elegir entre clase de religión o práctica de deportes y obviamente los muchachos, por mayoría, elegíamos los deportes. De adoctrinamiento, cero. En la escuela secundaria en La Salle, obviamente, sí teníamos clases de religión, pero, a mi juicio, una buena parte de ellas muy interesantes y algunas que despertaban la polémica entre alumnos y profesores. Sería el colmo que en una institución católica no hubiera clases de religión. En cuanto a los tiempos actuales, les recomiendo a mis amigos articulistas que echen una mirada a los programas de religión del Ministerio de Educación para ver si se da un atiborramiento dogmático como ellos afirman. Obviamente que una persona ya sea atea o agnóstica (y estoy de acuerdo en que no son la misma cosa) no compartirá todo lo que se dice en esos programas, pero eso es harina de otro costal. Si esto no fuera así todos seríamos no sólo creyentes, sino cristianos y católicos.

2. A propósito de las polémicas actuales sobre el uso del inglés en Panamá como lengua comercial, nos dice uno de los artículos que comentamos, es bueno aprender este idioma, el más difundido en el mundo, pero que el propio de nuestra cultura es el castellano, al que tenemos que defender por razones de identidad y autoestima. Estamos totalmente de acuerdo. Pero de una manera semejante, por más que en el mundo haya religiones más numerosas que el cristianismo (y esto en la actualidad no es tan claro), eso no significa que lo sean en nuestro país en el que oficialmente los cristianos, católicos y no católicos, somos cerca del 97% de la población. ¿Se va acaso a enseñar, por ejemplo, el taoísmo al mismo nivel que la religión cristiana? ¡Por favor! Sin embargo, si no lo sabemos, sepámoslo: en los programas educativos religiosos panameños se habla con mucho respeto de los grandes valores de las religiones no cristianas, del budismo, del hinduismo, del islamismo o del judaísmo. Y aún más, aunque el ejemplo no sea relativo a las escuelas, en el calendario oficial de la Iglesia católica del 2002 se incluyen las principales fiestas no cristianas y con el paso del tiempo –y cuando tengamos más datos– se incluirán todavía más.

3. En las clases de religión, obviamente, se toca la moral, incluida la moral sexual. También aquí algunas de las críticas que se hacen a la educación católica de poco científica en esta materia, obedecen a falta de conocimiento. En el colegio Javier, que es la comunidad educativa en la que vivo, más bien algunos padres de familia se han quejado de que en nuestra educación sexual se le da demasiada importancia a lo biológico y no tanto a la parte afectiva y espiritual, lo cual también es una crítica equivocada. Lo que se trata en el Javier es de mirar el sexo integralmente. Tan falsa es la posición exclusivamente biológica como la exclusivamente moral. Pero a veces los padres de familia son muy exagerados en un sentido o en el otro, no el colegio. El sexo hay que mirarlo en su conjunto si no deseamos que sólo sea una fuerza instintiva irracional y dañina, o por el contrario un tabú que traumatiza. De esto último no hay mucho peligro hoy, pero también se dan los casos.

4. Acabo de conversar con una educadora a nivel nacional sobre cómo se maneja aquí el pluralismo religioso. Ella me ha dicho lo siguiente: la religión que se enseña oficialmente es el cristianismo católico, pero si alguno o algunos alumnos no están de acuerdo con ciertos puntos concretos, pueden ausentarse de algunas clases y presentar en un trabajo escrito sus puntos de vista o los de su familia sobre el tema en cuestión y esto tiene valor académico. Hay, pues, dentro de una visión cristiana de la vida, a nuestro juicio suficientemente amplia (persona, familia, comunidad, naturaleza, Dios), una respetuosa apertura al pluralismo e incluso a reflexiones a veces muy cuestionantes.

5.- Por último, las cosas mencionadas y otras no se dan igualmente en todos los centros educativos. En gran parte dependen del personal humano de las escuelas, al igual que en los hospitales hay médicos y médicos o en el derecho abogados y abogados. Los ideales son una cosa y las realidades otras.

Ojalá se enseñara más religión y de la mejor manera en nuestras escuelas. Sin duda, esto frenaría en varios aspectos la decadencia actual panameña.

El autor es sacerdote jesuita


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