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Es poco lo que mueve a la
economía panameña. El crecimiento registrado
este año no llega al 1%. Y no es halagador el pronóstico
para el cierre de 2002: se calcula que estará en 1.5%.
Este bajón se refleja en la recaudación de ingresos,
que ha mermado significativamente. El plan de construcción
del tren ligero, uno de los proyectos insignia del gobierno
Moscoso, acaba de ser sacrificado por falta de fondos. En
medio de este clima, se ha desempolvado en la mesa del diálogo
económico el proyecto oficial de reforma tributaria.
Si prospera, esa reforma implicará la captación
de mayores ingresos para el Estado, a través de la
implantación de nuevas tasas impositivas. Los más
optimistas -que no son los más realistas- hablan hasta
de 150 millones de dólares anuales. Con la modificación,
además, pueden corregirse distintas fallas que contiene
el sistema tributario. Si bien insisten en llevar adelante
la reforma, los regentes de la política económica
dan señales encontradas. Mientras se profundiza la
desaceleración y como si le sobraran recursos, el Gobierno,
en una extraña y dadivosa transacción, le exoneró
las millonarias tasas que se había comprometido a pagar
Panama Ports Company, parte de uno de los pocos sectores que
registran un crecimiento sostenido. ¿Con qué
moral pretende el gobierno Moscoso que se apruebe la reforma
tributaria? |
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