San Sebastián de Ocú
Es un lugar privilegiado,
rodeado de cerros, ríos y quebradas. Posee una variada fauna y flora
Harry Castro Stanziola
revista@prensa.com
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Las fotos que hoy les presentamos
pertenecen a una pequeña carpeta de postales tomadas en la
década de los años de 1920, y pertenecen a Enrique Zarak Linares,
quien amablemente nos las facilitó. Para un futuro restan
unas 15 más.En la primera fotografía aparece la iglesia de
San Sebastián de Ocú, la que fue erigida en el año de 1910.Ya
se había construido otra, que fue la primera de todas entre
los años de 1873 a 1875.Por último, entre 1964 y 1965 se levantó
la iglesia actual que es un poco más grande y posee dos torres.
Lo que sí se ha conservado siempre es su magnífico altar elaborado
con mármol de Carrara.Su actual párroco, Pablo Velasco, ya
tiene más de 27 años de realizar su labor pastoral con entera
satisfacción. Construyó un salón parroquial, la casa cural
y un centro evangelizador que funciona a cargo de las madres
franciscanas. El parque que se ve al frente y que también
lleva el nombre de San Sebastián solo tiene una palmera, la
otra fue reemplazada por un enorme y famoso árbol de tamarindo,
lleno de historias y leyendas a las cuales los ocueños también
son muy dados. Una corrida de toros se desarrollaba en el
lugar. Damos las gracias al padre Velasco por los datos que
nos proporcionó. La foto siguiente muestra aspectos más primitivos
de las viviendas de la antigua población, cuando casi no existían
otros tipos de edificaciones. En las otras vemos las interesantes
vestimentas propias de la región, las cuales eran de uso diario.
Chingos o pantalones, cotonas o blusas, mantas, ruanas o hamacas
y adornos, se pueden apreciar. Muchas páginas se podría escribir
con referencia a todo lo anterior, pero como no somos expertos
en ello, lo vamos a omitir.
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Existen diversas versiones que tratan de explicar
de donde proviene el nombre de Ocú. Algunos aceptan que en cierto
lenguaje indígena, la palabra significa “barbas de maíz”.
Otros refieren que la población primitiva en
realidad se conocía como Ocuí, y que por razones fonéticas, la “i”
como era más debil en la pronunciación, fue eliminada, quedando pues
en Ocú.
Primitivamente su lugar estuvo habitado por
las tribus Chiracona y Usagaña, dependientes del Cacique Paris o
París. También se dice que al arribar Gonzalo Fernández de Córdoba
a Ocú, se enamoró de una hija del Cacique mencionado, por lo que
se quedó largo rato en este lugar. Nuestras tatarabuelas no eran
muy aceptadas por los españoles a no ser que fuera para entablar
cierta clase de agradable relación.
El historiador Ernesto Castillero Reyes,
que trató de dilucidar tanta duda pendiente, refiere que en los
Archivos de Indias en Sevilla, desde los años de 1524 hasta 1628,
no encontró nada escrito acerca de Ocú. Sin embargo, Castillero
Reyes encontró un plano de la antigua y extensa provincia de Veraguas
en donde figuraba un poblado bajo el nombre de Cú.
Más tarde el historiador halló otro mapa
de Veraguas, en donde aparece un río y una población con el actual
nombre de Ocú.
Por otra parte, el historiador Alfredo Castillero
Calvo nos hace saber que para 1775 se consagra la nueva parroquia
de San Sebastián de Ocú. En 1790 se consigna que el poblado tenía
(sic) 66 “blancos”, mil 16 “libres” y 7 esclavos para un total de
mil 89 habitantes.
El lugar quedó situado eso sí, en un sitio
más que privilegiado. Varios cerros lo circundan, tales como El
Largo, Tijeras que es el más alto, El Peñón, El Pelón, Los Señiles,
El Agudo, El Plan y Los Altos de la Peña. Abundan además los ríos
y las quebradas.
Su fauna y flora son muy variadas. Se cosechan
todos los productos vegetales y es abundante la ganadería y la avicultura.
La población celebra con bastante esplendor
sus fiestas tradicionales, las cuales son muy visitadas. San Sebastián,
San Juan, Santiago y Santa Rosa, son algunas de ellas, y los bailes
nunca faltan.
En un plano no religioso los lugareños transforman
en fiestas de amigos y colaboradores las piladeras, las juntas de
embarre, las moliendas, los velorios y las colocaciones de cercas.
Sobresale entre todas estas fiestas el famoso festival del Manito.
Por todo ello y por la amabilidad de sus gentes es un lugar que
no se puede dejar de conocer. El colorido y la originalidad de sus
fiestas seducen al visitante.
Para la elaboración de este trabajo nos hemos
valido en gran parte de la tesis de grado titulada: “Estudio geográfico
del distrito de Ocú”. A propósito, una de las más completas y mejor
presentadas que hemos encontrado. Fue escrita por Ana Dávila, Lisbeth
Herrera y Karolyn Vega, con el fin de obtener su grado en la Facultad
de Humanidades de la Universidad de Panamá.
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