Panamá, 2 de junio de 2002
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Negocios
kaleidoskopio
Reseña
Tecnología
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
Notas importantes
El tiempo
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Agenda
Cine
De noche
Restaurantes
Recetas
SUPLEMENTOS
Mundial 2002
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
Talingo
SEPARATAS
Pulso de la Nación
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

El ex socio mexicano de los Rodin

Esta es una historia de pleitos, demandas, traiciones y supuestas amenazas de muerte entre socios venidos a menos

Mónica Palm
mpalm@prensa.com

Pedro Sarabia

n la década de 1980, mencionar el apellido Rodin equivalía a hablar del imperio automovilístico Lada; en la del 90, era hablar de una potencia portuaria. Pero en este principio de milenio, es sinónimo de escándalos. He aquí el último de la lista.

El coprotagonista de esta historia es un empresario mexicano llamado Pedro Javier Sarabia, antiguo socio de los Rodin, que sale a la palestra para denunciar lo que califica de “hechos delictivos”, supuestamente realizados por los fundadores del puerto de Manzanillo.

Sarabia asegura que los Rodin lo despojaron ilegalmente de su participación en las empresas compartidas; de haber intervenido su teléfono y de haberlo amenazado de muerte, cuando le advirtieron que si volvía a poner un pie en sus oficinas, en el piso 26 de Plaza Credicorp, “me desaparecerían”.

Pero, de acuerdo con el propio Sarabia, hubo más que amenazas. “En la ciudad de Panamá sufrí un par de atentados, ya que en dos ocasiones intentaron atropellarme vehículos que correspondían a personal de seguridad de los señores Rodin —asegura—. Por ese motivo me vi obligado a cambiar mi domicilio”.

Sarabia, que se fue a vivir a su tierra natal, se queja de que desde que se fue, los Rodin han aprovechado su ausencia “para manejar a su libre albedrío” empresas en las que son socios.

De hecho, Sarabia mantiene varias disputas con los Rodin, que, incluso, han traspasado las fronteras, ya que hubo litigios relacionados al tema en Miami, México, Londres, Hamburgo y Bombai. En esta última ciudad, una nave operada por los Rodin fue “arrestada” a petición de Sarabia. Pese a ello, “todos esos casos fueron fallados a favor nuestro”, asegura Jorge Hernán Rubio, de la firma Rubio, Alvarez, Solís & Abrego, abogados de los Rodin.

Sarabia responde a ello asegurando que los Rodin gozan de “impunidad” para realizar actos de “dudosa reputación”; que la justicia se la pasan “por donde les parece” y que la influyente familia se “ufanaba” de tener “recursos y contactos políticos”, que no precisó.

Detrás de PCC

Sarabia conoció bien a los Rodin: juntos crearon en 1991 la conocida naviera Panamanian Carriers Corporation (PCC), así como más de una docena de empresas afiliadas, entre ellas, Panamanian Brokers Corporation, Gorse Down Ltd., International Carriers Corporation, PCC de México, Walnut Business Enterprises, Kimco Panama International, Akena International Trading y Star Ship Holding.

Sarabia poseía el 50% de las acciones de este conglomerado y el resto estaba en poder de Lew Rodin y de sus hijos, Martin y Peter.

Como administrador, Sarabia era el responsable de todas las actividades operativas, comerciales, financieras y tributarias del grupo. El cargo lo desempeñó desde septiembre de 1991 hasta mayo de 1998, cuando los Rodin lo separaron de la gerencia de PCC, alegando malos manejos.

“La administración de Sarabia generó en PCC pérdidas de 20 millones de dólares, según los Rodin”, alega Rubio.

No se ha podido comprobar ningún desfase financiero, se defiende Sarabia, a la vez que afirma que, tras su partida, los Rodin quebraron la naviera.

Los activos de PCC —entre ellos, ocho buques— supuestamente fueron traspasados a otra empresa, propiedad de los Rodin, aunque Rubio sostiene que los barcos fueron rematados para reducir la deuda que el grupo tiene con Banco Disa. “Patrimonialmente —asegura el abogado— no hay nada que recuperar”.

De hecho, el Disa acaba de interponer un proceso de quiebra contra varias empresas de la familia Rodin, entre las que se encuentra PCC y algunas de sus afiliadas (como Gorse Down e International Carrier Corporation). La naviera adeuda unos 195 mil dólares al banco.

Estos hechos fueron denunciados por Sarabia en quejas presentadas ante las autoridades. Pero, ¿cuál fue la reacción de los Rodin?

El contra-ataque

Martin y Peter Rodin podrán estar ahora comercialmente separados y recriminándose mutuamente, pero para el 9 de junio de 1998, los hermanos mantenían una relación lo suficientemente cordial como para unir fuerzas contra Sarabia.

En su condición de propietarios del 50% de las acciones de PCC, Martin y Peter presentaron una demanda contra su socio mexicano, al que acusaron de haberles causado daños materiales y económicos calculados en tres millones de dólares.

En su demanda, los Rodin señalan que en abril de 1998 encontraron un desfase financiero de más de 350 mil dólares. La demanda señala que, como consecuencia de ese hallazgo, Martin Rodin y Pedro Sarabia negociaron un “acuerdo general”, el 28 de abril de 1998, en el que Sarabia aceptó que bajo su administración adquirió obligaciones personales hasta por 350 mil dólares.

También reconoce —aunque después lo negó— que se hicieron préstamos a terceros y a personal subalterno bajo su responsabilidad con dineros de la empresa.

En lo que respecta a los 350 mil dólares desembolsados (de los que dice haber recibido solo 250 mil dólares), Sarabia alega que ese préstamo se dio con el consentimiento de Martin Rodin. Como prueba de ello, presentó una nota, del 6 de febrero de 1997, dirigida al contralor del grupo, Arcesio Ho, en la que se autoriza el préstamo, a cuenta de dividendos a ser distribuidos en el transcurso de 1997.

La carta, con membrete de Gorse Down Ltd., lleva la firma tanto de Martin Rodin como de Pedro Sarabia.

En el acuerdo pactado en abril también se establece contratar los servicios de auditoría de KPMG para determinar el estado de las finanzas del grupo.

También se pactó que la empresa se manejaría a través de un “comité ejecutivo” del cual Sarabia supuestamente formaría parte. No obstante, el mexicano endosó sus acciones de PCC a favor de Anthorp Business, S.A., cuyo presidente es Osvaldo Zamorano, un empleado de los Rodin. Zamorano también figura actualmente como presidente de PCC.

Sarabia hizo frente a la demanda de Martin y Peter Rodin con una contraquerella. El 16 de junio de 1998, Genarino Rosas, apoderado de Sarabia, presentó una demanda de reintegro por despido injustificado ante la Junta de Conciliación y Decisión del Ministerio de Trabajo. La demanda reclama el pago de las prestaciones laborales y salarios caídos, dado que por seis años y medio Sarabia fue gerente general de la naviera, con un salario de poco más de 10 mil dólares mensuales y un bono anual de 36 mil dólares.

Y mientras esa demanda tomaba curso, Sarabia ingresaba al Hospital San Fernando, a punto de sufrir un infarto, debido, según dice, al “cúmulo de presiones ejercidas por los socios de PCC”. Mientras estuvo hospitalizado, dice Sarabia que se tomaron decisiones que afectaron su “estatus laboral”. Por ejemplo, aseguró que el “comité ejecutivo” de PCC —liderado por Rubén Wolcovinsky— sustituyó “de facto” todas las funciones que hasta entonces estuvieron a su cargo como gerente general. “Tal acción constituye un acto de despido”, se queja.

Pero la Junta de Conciliación y Decisión no lo creyó así. Esta determinó que no existió relación laboral entre las partes porque Sarabia no era un empleado más, sino un accionista-administrador de PCC. Por lo tanto, la demanda fracasó, aunque luego Sarabia presentó una apelación ante el Primer Tribunal Superior de Trabajo.

Sarabia asegura que desde abril de 1998, Wolcovinsky y un ex ejecutivo del Canal de Panamá, Richard Wainio —también miembro del comité ejecutivo de PCC— le impidieron el acceso a las oficinas de la empresa, que, de hecho, fueron trasladadas de Plaza Obarrio al piso 27 del edificio Plaza Panamá.

Como resultado de ello, el 19 de agosto de 1998 Sarabia presentó una denuncia criminal contra Martin Rodin y Rubén Wolcovinsky por supuestos delitos de extorsión, estafa y asociación ilícita para delinquir.

¿El tercer socio?

El financista Rubén Wolcovinsky es una figura conocida en el entorno de los Rodin. Intervino, por ejemplo, en la venta del 50% de las acciones que Motores Internacionales (MOINSA) tenía en puerto de Manzanillo, a su entonces socio Stevedoring Services of America.

En el caso de Sarabia, La Prensa tuvo acceso a un contrato de consultoría —fechado el 1 de abril de 1998— firmado por Rubén Wolcovinsky como presidente de RW/Money Management & Consulting Corporation. Como contraparte, aparece Pedro Javier Sarabia, gerente de PCC, pero sin su firma.

En dicho contrato, Wolcovinsky se comprometió a brindar una evaluación financiera y hacer recomendaciones de índole legal que afectara a PCC. También brindaría asesoría relacionada con posibles financiamientos y refinanciamientos, mediante la colocación de deuda “a niveles aceptables dentro de la capacidad financiera de PCC”. El costo de estos servicios se fijó en 5 mil dólares mensuales.

Lucila de Guabeca fue designada asesora legal del comité y Richard Wainio, como coordinador.

En la denuncia presentada contra Rodin y Wolcovinsky, Sarabia alegó haber sido “engañado, intimidado y sorprendido en su buena fe”, ya que fue conminado por Rodin y Wolcovinsky a firmar un acuerdo general que para él conlleva responsabilidades civiles y penales, al estipular obligaciones por el orden de 350 mil dólares. También dice que en todas las reuniones sostenidas con Rodin ha estado presente Wolcovinsky “ejerciendo presión e intimidación”.

Igualmente, Sarabia dice que Rodin y Wolcovinsy “se han apoderado de las compañías..., haciendo uso de ellas como dueños absolutos, evitando cualquier posible reunión de junta directiva y de accionistas, lo cual constituye un delito”.

Otra preocupación de Sarabia fue que los Rodin se beneficiarán de su muerte, dado que en marzo de 1998 suscribió una póliza de seguro de vida de 15 millones de dólares —que estuvo vigente, al menos, hasta un año después de su salida de la empresa— cuyos beneficiarios son PCC y varias otras sociedades. Sarabia ignora si ha sido renovada en su ausencia.

Ya lo dice el viejo adagio: “hombre precavido vale por dos”... o, en este caso, 15 millones de dólares.

 


Además en portada

Al borde
Soldados de EU regresan a prestar ayuda
¡Qué bueno!, un viaje más...
Sin barreras
Segunda entre las bellas
Domingo 26
Aclaración
Acuerdos aduaneros entre ticos y panameños
Regresan los estadounidenses
Bucho Pinzón está en su casa
Administraciones viajeras
Una condena más llevadera
Bajo control
Brunch dominical
Ballenas, el informe final
OEA habla sobre terrorismo
Policías mexicanos entrenan a panameños






¦
Portada¦ Hoy por hoy¦ Trasfondo¦ Nacionales¦ Deportes¦ Opinión¦
¦
Mundo¦ Negocios¦ Revista¦ Reseña¦ Última hora ¦ UH Mundo¦
¦
UH Negocios ¦ UH Deportes ¦ UH Farandula ¦ UH Ciencia y Salud¦ UH Tecnología ¦ UH Cultura ¦ UH Curiosidades ¦
Derechos reservados, Corporación La Prensa.internet@prensa.com

Corporación La Prensa TEL (507)222-1222
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá