Panamá, 2 de junio de 2002
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Entre el agua y el petróleo

A pesar de las protestas de los pacoreños, la termoeléctrica sigue adelante

Lina Vega Abad
lvega@prensa.com

Vista actual del avance de la termoeléctrica.

Dalys Concepción, una residente de Nueva Esperanza, corregimiento de Pacora, no desmaya en su lucha por detener lo que considera un atentado contra la salud de los pacoreños: la construcción de la planta térmica de generación de energía.

Por ello, Concepción organiza reuniones para informar y sumar adeptos a la causa.

Mientras esto ocurre, la empresa El Paso Energy International obtuvo el año pasado autorización del Ente Regulador y de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) para construir y operar una planta de generación térmica de energía, que utiliza bunker c, el último subproducto del refinamiento del petróleo y, por eso mismo, con la mayor concentración de contaminantes.

El Convenio de Kyoto sobre el cambio climático –ratificado por Panamá en 1998– ha recomendado limitar el uso de estas plantas y “la promoción, desarrollo y aumento del uso de formas nuevas y renovables de energía”.

Sin embargo, el nuevo director del Ente Regulador encargado del sector eléctrico, Carlos Rodríguez, dice que si bien los sistemas que utilizan las plantas térmicas son altamente contaminantes, su uso no ha sido descartado, siempre y cuando se utilicen las medidas de mitigación.

Si la ANAM “aprueba los estudios de impacto ambiental del proyecto, el Ente Regulador no puede impedir la instalación de plantas térmicas”, explicó.

Un pugilato histórico

La lucha de los pacoreños ha sacado a la luz pública una vieja controversia entre los técnicos del desaparecido Instituto de Recursos Hidráulicos y Electrificación (IRHE). Se trata del enfrentamiento entre los que apoyaban la generación de energía a través de recursos hídricos y los que preferían la generación térmica.

No es una disputa retórica. Para los llamados “hídricos”, la utilización del agua permite al país ser más independiente de los vaivenes del precio del petróleo y, lo que es aún más importante, se trata de una tecnología limpia, es decir, sin contaminación.

En cambio, los “térmicos” dicen que estas plantas son baratas y rápidas de instalar y que existen medidas que mitigan la contaminación.

También alegan que problemas como las sequías aconsejan no depender únicamente de las hidroeléctricas.

Esta vieja batalla fue ganada por los “hídricos” en tiempos del general Omar Torrijos. Fue la época de la construcción de las grandes hidroeléctricas (Bayano, Fortuna, Estrella-Los Valles).

Cuando se privatizó el IRHE, según cuenta Carlos Rodríguez, la proporción entre producción hídrica y térmica era de 70-30. Hoy, esa proporción se está invirtiendo a favor de la generación térmica, pese a la supuesta existencia de una mayor concienciación ecológica.

Rodríguez explicó que lo sucedido es consecuencia directa de los altos costos que debe pagar cualquier nueva hidroeléctrica a la Empresa de Transmisión Eléctrica (ETESA) en concepto de peaje, ya que el criterio para su cobro es la distancia.

Por ello, Rodríguez está tratando de convencer a la junta directiva de ETESA –en manos del Estado– de variar este criterio a fin de incentivar la producción hídrica, para lo cual tiene tres años, ya que el actual régimen tarifario estará vigente hasta el 2005.

Impactos y mitigación

El administrador general de la ANAM, Ricardo Anguizola, asegura que fueron muy “rigurosos y exigentes” con El Paso Energy International y que en la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) se aplicaron las normas del Banco Mundial.

Según el EIA, la planta de Pacora tendría impactos que van desde la erosión y sedimentación hasta la contaminación de suelos, aguas, aire y la que produce el ruido.

Es decir, el impacto negativo es un hecho, por lo que el acento de todo el proceso radica en las medidas para reducirlo.

En relación con las emisiones al aire, se trata de óxido de nitrógeno y de azufre, lo que puede causar graves problemas respiratorios.

Jorge Lechin, representante de la empresa, aseguró que se está utilizando la más moderna tecnología para mantener las emisiones en los niveles permitidos, lo que incluye chimeneas y filtros. Lechin alega que “más contaminación producen los vehículos que circulan por las calles, y a nadie se le ocurre impedir su tránsito”.

Sobre el río Pacora –ya visiblemente afectado por las extracciones indiscriminadas de piedra– la empresa asegura que no empeorará la actual situación.

El agua que utilizará la planta para el proceso de enfriamiento procederá de pozos, por lo que no estará utilizando agua del río, salvo para casos de emergencia, como incendios.

Gabriel Despaigne, quien trabajó para el IRHE por 22 años y uno de los más fuertes opositores a la instalación de la planta de Pacora, no está de acuerdo. Considera que en el verano, la alta demanda de agua que exigirá la planta afectará el nivel del río –conectado en el subsuelo con los pozos– lo que agravará los problemas de abastecimiento.

A Despaigne también le preocupa la norma aplicada por el Ministerio de Salud para permitir las descargas de aguas residuales, y que no toma en cuenta que se trata de un lugar de uso recreativo, donde el agua entra en contacto directo con las personas.

Respecto al ruido, Jorge Lechin asegura que se han tomado todas las medidas para mitigarlo, lo que incluye la instalación de silenciadores y la compra de los terrenos aledaños a la planta a fin de evitar la construcción de viviendas.

¿Un futuro más limpio?

A pesar de los compromisos internacionales que tiene Panamá para evitar mayores niveles de contaminación y el calentamiento global del planeta, el Gobierno no ha sido muy beligerante en evitar el establecimiento de industrias consideradas altamente contaminantes, como en este caso.

Dentro de dos semanas se discutirá en la Comisión de Comercio de la Asamblea un proyecto que pretende incentivar la instalación de pequeñas hidroeléctricas, lo que no es suficiente para desincentivar la construcción de plantas térmicas, de acuerdo con Despaigne.

Por otro lado, la Ley 6 de 1997, que dicta el marco regulatorio para la prestación del servicio de electricidad, no desincentiva el uso de plantas contaminantes. Por ejemplo, el artículo 68 señala que “las empresas de generación tendrán derecho a toda exoneración... Por lo tanto, podrán introducirse, libres de impuesto, tasas y cualquier gravamen, los combustibles necesarios para la generación de energía eléctrica...”.

Por ello, Despaigne espera que la controversia sobre la instalación de la planta de Pacora hará que las autoridades analicen con detenimiento el problema y que el tema de la generación eléctrica se vincule a una visión más amplia del desarrollo nacional.

Michael Milhalitsianos, director de la Comisión Nacional de Política Energética del Ministerio de Economía y Finanzas, expresó que “Panamá necesita tener un balance hidrotérmico, ya que cuando se produce escasez de agua, por fenómenos como El Niño, la economía sale muy afectada”. Milhalitsianos citó los apagones que han sufrido en años recientes Chile, Brasil y California, por depender solo de la energía hidráulica.

Justo la semana pasada, se llevó a cabo el taller “Panamá hacia la Cumbre de Desarrollo Sostenible”, organizado por el Programa de Naciones Unidas (PNUD) con miras a la próxima cumbre a celebrarse en Sudáfrica, en agosto. Despaigne, quien actuó como moderador, aprovechó el foro para lograr que los participantes aprobaran –en una votación de 14 contra 4– la posición que supuestamente debía llevar la delegación panameña a la cumbre: “Panamá limitará la instalación de nuevas plantas térmicas”.

Sin embargo, esta resolución no formará necesariamente parte de la posición oficial de Panamá. Solo será recogida por el PNUD, como parte del sentimiento de los participantes en el taller y presentada a la Cancillería, que deberá elaborar el documento oficial.

Por ello, la demostración de democracia facilitada por el PNUD podría convertirse en un ejercicio retórico.

A pesar de esa realidad, Despaigne no se rinde. Su activismo le ha costado muchos sinsabores y acusaciones, entre ellas la de ser “político”. Y él, con una sonrisa, contesta “sí soy político [pero] mi intención es cambiar la política ambiental de mi país”.


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