No a la caza de ballenas con fines seudo-científicos
En la actualidad hay unas 40 especies de ballenas y, de ellas, la mitad es considerada como rara, es decir, que no es muy numerosa
Ricardo D. Leal
Las noticias que han aparecido en diferentes medios de comunicación social, que tratan sobre la bochornosa posición que parece tomar el Gobierno de Panamá ante la Comisión Ballenera Internacional –CBI– de apoyo a Japón para que reanude la caza comercial de las ballenas, son verdaderamente preocupantes.
El cambio de actitud de Panamá ante la CBI toma importancia cuando después de 16 años de haberse establecido una moratoria sobre la caza comercial de las ballenas, Japón y Noruega han hecho caso omiso al compromiso adquirido por el resto de las naciones. Dichos países, bajo el supuesto de cazar con fines cinéticos, han continuado depredando por lo menos unas 400 ballenas anuales, las cuales son procesadas para la venta de su carne, que puede estar cotizada en 200 dólares la libra en estos países.
En la actualidad hay unas 40 especies de ballenas y, de ellas, la mitad es considerada como rara, es decir, que no es muy numerosa. La mayoría de dichas especies, con valor comercial alto, está considerada como especie amenazada; entre estas se cuentan el rorcual o ballena azul, el rorcual norteño, el rorcual franco, la ballena vasca, la ballena franca o de Groenlandia y muchas poblaciones de cachalotes. La causa principal de la disminución de estas especies es la caza excesiva, lo que conlleva a que el número de capturas sea mayor que el número de nacimientos. Si la pesca de ballenas no se detiene, muchas de estas especies desaparecerán. En algunos casos, las poblaciones son tan reducidas que quizás nunca se recuperen. Dada la situación de descenso del número poblacional de estas especies, cualquier razón que se quiera esgrimir a favor de su caza es inaceptable, incluyendo la delicada y comprometedora posición asumida por los japoneses.
Someterse al chantaje, a la subordinación de los intereses mezquinos de terceros países por dádivas económicas en apoyo a acciones en contra de las ballenas, son acciones que no deben tolerarse, sobre todo en pleno siglo XXI, período de la vida del ser humano sobre el planeta tierra tan crítico ambientalmente como el presente y especialmente cuando se trata de problemas relacionados con los océanos, ya que Panamá es signataria de muchos convenios internacionales, dentro de los cuales se encuentra la Convención del Derecho del Mar; y el Convenio CITES, sobre el tráfico de especies protegidas.
Recientemente Panamá empezó la administración de una de las vías interoceánicas de considerable importancia; ello debe servir de marco de desarrollo económico a través de lo que se denomina la “Estrategia marítima nacional”. Esto nos debe colocar en un sitial particular, con capacidad de entender que todo lo que concierne a los océanos está interrelacionado y deberá ser manejado integral y de forma armónica, adoptando con ello una actitud pro-activa en defensa del medio ambiente, con la capacidad de dilucidar cuáles son los comportamientos correctos y la toma de decisiones que afecten lo menos posible los sistemas oceánicos.
La actitud manifiesta del Gobierno panameño de apoyar la posición de Japón (y con ello a Noruega) de continuar con el sistemático y persistente exterminio de las ballenas –basado en dádivas para un supuesto “desarrollo económico”– deja mucho que pensar, precisamente cuando han salido a flote grandes manifestaciones de corrupción gubernamental.
En un supuesto sistema democrático, y en un país que es identificado como “rico” en recursos naturales, resulta contradictorio la adopción de posiciones en contra de especies ya identificadas como altamente vulnerables. Esto es totalmente inaceptable, a lo cual se le suma que se vea involucrada la dignidad de la Nación panameña, ya que vender el voto libre y soberano, que representa la política exterior del país, por las dádivas de otros países, supone perder todo decoro de dignidad.
¿No sería mejor para Panamá mantener una actitud decorosa, y para no ofender a nadie basar su posición política en fundamentos científicos?
Con todo el respecto que se merecen los funcionarios de la Autoridad Marítima y de la Cancillería de la República, de los cuales no dudamos de su responsabilidad y honestidad, quisiera aconsejarles que recapaciten, mediten y razonen sobre la posición con que se presentarán en la reunión de la Comisión Ballenera Internacional, en Shimonosseki, Japón, a la cual debieran presentarse con una posición que represente a un Estado digno y soberano, al cual aspiramos todos los panameños.
¡No a la caza controlada de ballenas!
¡Basta de sobornos y de la compra de conciencias de los países pobres para obtener votos en la CBI con el fin de exterminar a las ballenas!
¡Sí a la creación del santuario ballenero del Pacífico sur!
El autor es ingeniero oceanólogo
Además en opinión
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Iván Zúñiga Guardia
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