Panamá, 1 de junio de 2002
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Cuando Castro no esté

Muchas personas se van a quedar con los crespos hechos

Pastor E. Durán E.

Según Ricardo Santa María, ex embajador de Colombia en Cuba, con la posible sucesión del poder de Fidel Castro van a suceder cuatro cosas: 1) Muchas personas se van a quedar con los crespos hechos; 2) cuando esto ocurra, todos se van a dar cuenta que este escenario está siendo preparado por la dirigencia cubana desde hace más de una década; 3) las reformas económicas actualmente en curso se acelerarán; y, 4) se iniciará una transformación política en la isla capaz de acompañar el proceso de cambio económico.

En el entretanto –según Santa María– y a nivel de los medios de comunicación, se va a repetir la historia de finales de los años 80 cuando, luego de la caída de la Unión Soviética y del bloque socialista, se publicaron cientos de artículos y libros hablando de la era post-Castro. En la mayoría de ellos, con la precisión de un relojero, se anunciaba el día y la hora exactas en que se desplomaría la Revolución Cubana. En la mayoría de los casos los análisis sobre Cuba se hacen pensando con el deseo, basados en las concepciones de amor u odio que se tienen sobre ese país y su Gobierno.

Empecemos –según la tesis de Santa María– con los que se van a quedar con los crespos hechos. Lo que va a pasar con la sucesión de Fidel –según nuestro citado ex embajador– es que el segundo al mando en Cuba, Raúl Castro, que ostenta los tres cargos más importantes después de su hermano Fidel (segundo secretario del Partido Comunista cubano y primer vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros), va a pasar a ocupar los cargos inmediatamente superiores. Así pues, en caso de que Fidel se retire, Raúl pasará a ser primer secretario del partido y presidente de los Consejos de Ministros y de Estado. Este último ejerce funciones delegadas de la Asamblea Legislativa cuando ésta no está reunida. Con un ingrediente adicional no menos importante: Raúl es, además, el ministro de las Fuerzas Armadas. Eso quiere decir que después de Fidel es el hombre más poderoso dentro de un régimen socialista como el cubano, en el cual los dos factores de poder real más importantes, además del Gobierno, son el partido y los militares, ya que no existen ni grupos económicos privados ni medios de comunicación independientes. Y en el que la Asamblea del Poder Popular, el Organo Legislativo de elección popular, también está dominado por los comunistas. Las más importantes organizaciones sociales, llámense sindicatos, grupos de mujeres, jóvenes, asociaciones recreativas, o de cualquier tipo, dependen del partido.

De ahí para abajo, tampoco se vislumbran cambios: Ricardo Alarcón de Quesada, el diplomático más experimentado del país y quien está a cargo de las negociaciones con Estados Unidos, quedará al frente de la Asamblea Nacional del Poder Popular; Carlos Lage continuará en la coordinación del gobierno y las reformas a nivel interno en su cargo de secretario del comité ejecutivo del Consejo de Ministros, y Felipe Pérez Roque, antiguo secretario privado del comandante, seguirá al frente de la diplomacia de la isla. Como quien dice, “todos quietos”.

Por el lado del equipo económico del Gobierno y los pesos pesados del partido, las cosas tampoco van a sufrir modificaciones de fondo. José Luis Rodríguez seguirá de ministro de Economía y Finanzas; José Soberón, en el Banco Nacional; Marcos Portales, en Industria Básica; el general Ulises Rosales del Toro, en el Ministerio del Azúcar y Oswaldo Martínez como presidente de la Comisión Económica de la Asamblea Legislativa.

¿Por qué seguirán ahí todos ellos, al igual que José Machado Ventura, José Ramón Balaguer, Yadira García y José Arbezú, en los cargos clave del partido? Por una verdad tan sencilla como trascendental: porque éste ya es el equipo de recambio de la revolución, porque el relevo del poder ya se hizo en Cuba. Fidel Castro viene preparando su sucesión hace más de una década. Todo se inició a comienzos de los 90 con la llegada a los principales cargos del partido y del Gobierno de jóvenes de menos de 35 años. Prácticamente todos los primeros secretarios del partido en las distintas provincias, lo que en Panamá equivale a los gobernadores, fueron reemplazados por cuadros jóvenes salidos de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). A nivel nacional eso coincidió con la llegada al poder de Roberto Robaina, flamante canciller cubano a la edad de 37 años; Carlos Lage, que entonces contaba con 40 años, y Felipe Pérez, un fogoso dirigente estudiantil que se convirtió en la sombra de Fidel dentro y fuera de Cuba.

Y, al lado de ellos, Raúl, Alarcón, Balaguer, Rodríguez como los más veteranos. Fue una revolución dentro de la revolución. Silenciosa a los ojos del mundo, pero clarísima para los cubanos.

¿Qué fue lo que hizo Fidel en realidad? Le entregó el poder a una nueva generación de cubanos, 30 ó 40 años más jóvenes que él en muchos casos, todos nacidos bajo la revolución, con los cuales trabaja hombro a hombro desde hace 10 años y quienes le sobrevivirán para continuar defendiendo los principios de la revolución. Fácil de pensar, pero difícil de hacer.

Habrá sin duda quienes digan que en este equipo hay fisuras, que el uno representa el ala dura y el otro la moderada. La mitad será chismes. Lo que no hay que perder es el foco. La verdad es que el cuento de la sucesión en Cuba es viejo y allá todo el mundo lo sabe. Y el tema fundamental es este: ¿que pasará en la Cuba de Raúl Castro, asumiendo que él tomará el mando? ¿Seguirán o se detendrán los cambios económicos en curso? ¿Se podrá esperar algún tipo de transformación en lo político?

El autor es sociólogo

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