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El pueblo panameño
puede mostrar con orgullo su lucha contra la tiranía
militar. Gracias a esa lucha cívica se restablecieron
el imperio de la ley y la vigencia de los derechos humanos.
Panamá es signataria de la Declaración de Derechos
Humanos de las Naciones Unidas. En ella están contenidos
principios universales que son de obligante cumplimiento para
aquellas sociedades que aspiran a ser civilizadas. Nadie puede
ser sometido a tratos crueles o degradantes, ni detenido arbitrariamente;
el individuo debe ser amparado cuando se le violen sus derechos
fundamentales y, si es acusado de haber cometido un delito,
tiene el derecho a que se presuma su inocencia mientras no
se pruebe su culpabilidad. Son preceptos sencillos que la
Policía Nacional, por alguna oscura razón, ignora
olímpicamente. Así sucedió con la innecesaria
exhibición, atados con grilletes y esposas, de dos
comentaristas que se encuentran detenidos bajo la acusación
de haber cometido extorsión. Hasta un neófito
en materia policial sabe que no se trata de presos de alta
peligrosidad, y que por lo tanto eran innecesarios esos artilugios.
Sumemos la detención irregular de un grupo de comediantes
de televisión que vestían unas ropas parecidas
a uniformes policiales. La policía arrebató
a los comediantes el protagonismo. Es grave que la Policía
Nacional, en vez de garantizarlos, viole los derechos fundamentales
de los ciudadanos, y abuse de su poder. |
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