|
Reflexiones sobre el béisbol
El Nacional de Béisbol que acaba de finalizar con la coronación
por décima ocasión de la representación de Chiriquí, ha demostrado
dos cosas: primero, que el regionalismo es la base principal en
la que se apoya el éxito económico de los campeonatos; y segundo,
de que es hora de que haya un cambio en los conceptos con los que
se viene manejando la administración de este deporte.
Una vez más quedó comprobado que el béisbol
es el deporte que más apasiona a los panameños y que
su éxito siempre ha dependido de la pugna regionalista de
las provincias participantes. No hay otra disciplina deportiva que
reúna durante sus campeonatos nacionales a tantas personas
tantas veces seguidas como lo hace el deporte del bate y la manilla.
Pero hay algo más. La efervescencia lograda en el pasado
con partidos entre las novenas de Panamá y Colón o
de Los Santos y Herrera, conocidas con el nombre de clásicos,
hoy pareciera estar casada con un solo nombre, el de Chiriquí.
No puede hablarse de clásicos con propiedad y de todo lo
que esto conlleva si no está involucrado el equipo de Chiriquí,
la provincia que ha dominado los torneos nacionales en los últimos
años.
Ya sea porque es la provincia que tiene un equipo que pareciera
un Todos Estrellas o porque es la más malquerida
de todas, Chiriquí es hoy día la novena que reúne
los requisitos ideales para mantener viva la expresión más
genuina de lo que es el regionalismo.
Es cierto, su favorable condición económica le permite
darse ciertos lujos, que otros no se dan ni siquiera soñando.
Hubo ocasiones en esta temporada, después de la escogencia
de los refuerzos, que el Candelilla Rodolfo Aparicio era el único
representante idóneo de la provincia en la alineación.
No hablamos de ese regionalismo que señala que a lo
tuyo sin razón o con ella, sino a ese que hace ir a
los fanáticos a los estadios a respaldar a su novena, a ese
que hace olas y que se mete en el partido, convirtiéndose
en el jugador número 10.
¿Esto se puede lograr en otras provincias? Estoy seguro
que sí. El detalle está en eliminar el sistema arcaico
de administración que lleva a cabo la FEDEBEIS, y que hace
dependiente a todas las ligas provinciales hasta para comprar un
maní.
El béisbol es un negocio y hay que manejarlo como tal. No
me explico, por ejemplo, cómo es posible que una Liga pueda
cerrar trato con distintos patrocinadores, pero al mismo tiempo
está extendiendo la mano para que la Federación le
cubra los viáticos diarios de sus jugadores.
¿El dinero de los patrocinadores no alcanza? Es posible
y por ello creo que es hora de cambiar de método de trabajo
y también de mentalidad. Si la Fedebeis es responsable de
toda la infraestructura que implica un nacional, creemos que también
debe tocarle algo del pastel provincial.
Sin embargo, si las Ligas desean seguir negociando sus propios
contratos, perfecto, pero que entonces no dependan de la Federación.
Es cierto, no es fácil, pero nada lo es. Aunado al trabajo
que se necesita realizar en toda la estructura del béisbol
panameño, también se necesita voluntad para aceptar
los cambios.
Es aquí donde algún lector podría pensar:
Claro, para provincias como Chiriquí y Herrera sería
muy fácil el manejar sus equipos de los fondos que obtienen,
pero, ¿qué de los otros, los más?
Es por ello que hablo de cambiar de método de trabajo, de
ver las cosas desde la perspectiva que lo haría un empresario,
y de que urge una reestructuración en el béisbol panameño.
El siglo XXI nos lleva hacia la eliminación de patrones
que han quedado obsoletos, pero que se siguen utilizando en perjuicio
de la evolución de nuestro béisbol.
Nicolás Espinosa S.
nespinos@prensa.com
|