Campo Elías Estrada
cestrada@prensa.com
Los panameños y extranjeros que residimos
en este país debemos sentirnos más que privilegiados por tener
la oportunidad de ver en directo los 64 partidos del Mundial
de Corea-Japón 2002. Una situación muy particular para un país
pequeño como el que habitamos, en el que el deporte rey es el
béisbol.
Hace días chateando se lo comentaba a
un colega colombiano que no lo podía creer. No era para menos,
si en otros países grandes y mil veces más futbolizados que
el nuestro van a ver solo parte de los 64 partidos en canales
abiertos y los que quieran ver todo el torneo tendrían que suscribirse
a un sistema de cable. Aquí, gracias a Dios, tenemos todas las
facilidades de ver los juegos del Mundial en directo a través
del Canal 4 y con repetición en las diferentes horas del día
e incluso de la noche.
En Sudamérica, por ejemplo, la transmisión
por televisión de los partidos del Mundial será abierta para
la mitad de los 10 países de esa región. De los cinco países
que estarán en la cita mundialista con sus selecciones, solo
en Uruguay las transmisiones no son gratuitas; en Argentina,
Brasil, Ecuador y Paraguay los partidos serán emitidos por canales
de aire.
En Argentina, los que podrán ver los
64 partidos serán los que estén abonados a la empresa DirecTV,
con repeticiones. Los que no estén suscritos verán una gran
cantidad a través de canales de aire.
Para Colombia se transmitirán 30 partidos
de la primera fase, cuatro de octavos, dos de cuartos de final,
los dos de semifinales, el partido por el tercer lugar y la
final.
El Mundial de Fútbol se ha apoderado
de los panameños, la difusión que le vienen dando los diferentes
medios de comunicación es diversa.
Por eso digo de que nos debemos sentir
afortunados por estar sintonizados ciento por ciento con el
fútbol mundial sin tener que hacer gastos extras. Una situación
parecida pasa también con el boxeo, con peleas que en los Estados
Unidos la dan en circuitos cerrados y aquí son abiertas.
En las pocas veces que he salido al extranjero
con las selecciones nacionales me he percatado de la situación.
Hace un año, por ejemplo, en Honduras, no pude ver partidos
de la Copa Libertadores en el hotel donde nos encontrábamos.
Es entonces cuando uno valora lo que se tiene en Panamá.
Hablar del Mundial de Fútbol en estos
tiempos no es nada nuevo, por la publicidad que se le ha dado
al torneo a través de los medios de comunicación, que no han
hecho sino tener sintonizado a todo un pueblo.
El fútbol en Panamá es la disciplina
deportiva que aglutina a más periodistas especializadas en comparación
con otros deportes. Y eso que contamos con un campeonato de
fútbol en pañales.
El gusto por el fútbol mundial en Panamá
ha dado pasos agigantados, a veces me cuesta creerlo, pero echando
atrás el casete, por el año de 1982, cuando llegué a Panamá,
me doy cuenta que en materia de difusión, este deporte se ha
ido metiendo en muchos hogares panameños, convirtiéndose hoy
día en su mejor amigo.
Lo del domingo fue de mal gusto. Ni una pizca de las emociones
que se vivieron, por ejemplo, en la final entre Panamá
Viejo y Tauro.
Pensé después del partido ¿cómo
los presidentes de equipos hicieron campaña para que
la final la pitaran árbitros extranjeros? Para un partido
de este tipo, no hay caso, se malgastaría la plata.
En lo personal me preocupa que las tres últimas finales
de estos torneos cortos llamados Apertura y Clausura no hayan
llenado las expectativas, sin demeritar lo que haya hecho el
equipo colonense Arabe Unido.
Son finales de partidos común y corrientes. Con un solo
gallo en la arena.
Esperemos que el Mundial de Corea-Japón le levante el
entusiasmo a nuestros jugadores.