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Leyes electorales de 1999 permiten una "ley de punto final"

Londres, 28 de Mayo (EFE) — Los cambios de las leyes electorales en 1999 acordados en Nicaragua garantizaron a algunos políticos la impunidad al terminar sus mandatos, según el informe anual de Amnistía Internacional (AI) hecho público hoy.
Las elecciones de noviembre de 2001 dieron el triunfo a Enrique Bolaños, del gobernante Partido Liberal Constitucionalista, que pactó con el opositor Frente Sandinista de Liberación Nacional el cambio legislativo de 1999.

El cambio legislativo consiguió, por un lado eliminar del escenario político a pequeños partidos opositores, y, por otro, garantizar a personajes políticos como el ex presidente Arnoldo Alemán, la impunidad contra cualquier acusación de corrupción o violaciones de derechos humanos.
Esta misma impunidad la obtuvo el candidato que quedó en segundo lugar en las elecciones del pasado noviembre, Daniel Ortega, dirigente del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Las amenazas y actos de acoso contra los defensores de los derechos humanos continuaron, según el informe de AI.
Dorothy Granada, enfermera estadounidense de más de 70 años, se vio obligada a abandonar el país, después que las autoridades le acusaron de practicar abortos en su clínica y de haber atendido a miembros de un grupo armado de ex-soldados, el Frente Unido Andrés Castro.
Las acusaciones del Gobierno contra Granada fracasaron varias veces ante los tribunales y el procurador de Derechos Humanos, que hizo pública una resolución de apoyo a Dorothy Granada, y en febrero de 2001 el Gobierno levantó la orden de expulsión.

No obstante, en septiembre pasado, cuando venció su permiso de residencia, continuaba pendiente una apelación presentado por el Gobierno ante la Corte Suprema contra una decisión judicial de diciembre de 2000 que la declaraba residente ilegal, lo que llevó a Dorothy Granada a tener que abandonar el país.

Los informes recogidos por AI sobre la actuación policial destacan que en las manifestaciones la acción de la policía es innecesariamente violenta, con algunos detenidos, como Carlos García Berríos, golpeados cuando se encontraban esposados.

 

 


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