| Guatemala
mostró desinterés en aplicar acuerdos de paz Londres,
28 de Mayo (EFE) El incumplimiento de la promesa de aplicar los acuerdos
de paz de 1996 hecha por el presidente de Guatemala, Alfonso Portillo, al tomar
posesión en enero de 2000, es destacado hoy por el informe anual de Amnistía
Internacional (AI). El gobernante prometió entonces también desmantelar
la estructura "paralela" de poder que obstaculizaba la protección
de los derechos humanos, el procesamiento de los responsables de abusos y abolir
el tristemente célebre Estado Mayor Presidencial.
Según AI,
los incumplimientos de esas promesas parecían reflejar la pérdida
de poder de Portillo dentro de su propio partido, frente al avance del general
retirado Efraín Ríos Montt, presidente del Congreso y ex jefe del
Estado de facto. El informe recuerda que a comienzos de la década de
1980 Ríos Montt dirigió campañas de contrainsurgencia en
las que decenas de miles de indígenas no combatientes -hombres, mujeres
y niños- fueron masacrados, a menudo tras sufrir violaciones y otras torturas.
Indica
que Ríos Montt y otros militares siguieron manteniendo una estructura de
poder paralela, obstaculizando los esfuerzos para procesar a los autores de violaciones
de derechos humanos y garantizando puestos de influencia a ex oficiales del Ejército
con dudosos historiales en esta materia. Amnistía dice que cayeron prácticamente
en el olvido las recomendaciones de la Iglesia católica guatemalteca y
la Comisión para el Esclarecimiento Histórico promovida por la ONU
para abordar los abusos masivos perpetrados durante la guerra civil (1960-1996)
por el Ejército, las patrullas civiles y los comisionados militares.
No
obstante, constata que en junio de 2001 tres oficiales de las fuerzas armadas
recibieron largas penas de prisión -que apelaron inmediatamente- por el
asesinato del obispo Juan Gerardi en 1998, tras una prolongada presión
internacional. AI denuncia que los intentos para que se hiciera justicia en
este caso tuvieron un alto precio: el homicidio de tres testigos y de otros seis
potenciales, además de amenazas y acoso contra decenas de personas, entre
ellas empleados de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado, abogados, fiscales
y jueces.
Agrega que la corrupción generalizada agudizó la
falta de confianza de los guatemaltecos en el sistema judicial, que, a su vez,
contribuyó a que aumentara el número de linchamientos. En este
sentido, la Misión de Verificación de la ONU para Guatemala informó
de que entre 1996 y mediados de 2001 se habían cometido 347 linchamientos,
y que nadie había sido procesado en más del 97 por ciento de los
casos, muchos obra de ciudadanos que se habían tomado la justicia por su
mano contra supuestos malhechores. El juez Alvaro Hugo Martínez fue
linchado en Alta Verapaz, según los informes recabados por AI a causa de
sus investigaciones sobre la corrupción local y sus medidas contra las
redes de ladrones de automóviles a las órdenes de poderosos personajes.
|