La salud de la mujer: ¿un problema de género?
Unos 450 millones de mujeres en el mundo son raquíticas como resultado de una nutrición deficiente
Xóchitl Mckay
Especial para La Prensa
Las probabilidades de enfermar y de morir prematuramente son más altas en determinados estratos socioeconómicos como consecuencia de problemas de alimentación, medio ambiente deplorable y problemas emocionales, así como también la falta de educación adecuada para comprender las ventajas del cuidado de la propia salud y el acceso a centros de atención médica.
En el caso de las mujeres, las construcciones sociales de género ejercen una influencia indiscutible sobre la división del trabajo en la producción de salud, tanto en el sistema formal de atención como en las redes informales del cuidado de la salud en la familia y en la comunidad.
La Organización Mundial de la Salud (hoy 28 de mayo es el Día Internacional de Acción de la Salud de la Mujer) ha reconocido a las mujeres como las principales proveedoras de atención primaria: preparan comidas, alimentan, cuidan, enseñan los principios básicos de higiene y limpieza, recogen agua y cuidan la tierra.
Pero este mismo impulso protector las lleva, en la mayoría de los casos, a olvidar el cuidado de su propia salud, priorizando el rol reproductor. Es imprescindible que la mujeres tomen conciencia de la importancia que tiene la salud integral de su cuerpo y su mente.
En materia de nutrición, cuando los recursos son escasos las niñas y las madres suelen ser las últimas en alimentarse, lo que hace que su dieta sea baja en calorías y proteínas. Se estima que unos 450 millones de mujeres en los países en desarrollo son raquíticas como resultado de una nutrición deficiente.
Las cánceres cérvico uterino y de mamas, la osteoporosis, el VIH/SIDA y otras infecciones de transmisión sexual, son enfermedades que inciden directamente en la mujer. Algunas son fácilmente prevenibles o tratables, dependiendo de las políticas de salud y de los recursos de cada país.
La violencia debe ser considerada como un asunto de interés público, por cuanto sus alcances sobrepasan con creces el reducido ámbito familiar. Cuando hay violencia en los hogares, hay también en la escuela, en el lugar de trabajo o en la calle.
Las mujeres suelen ser consideradas inferiores a los hombres, tanto en el seno del hogar como en la sociedad en su conjunto. Se les enseña a ponerse siempre en el último lugar, con lo que menoscaba su confianza en sí mismas y su capacidad para alcanzar el pleno desarrollo de sus posibilidades como seres humanos.
Si se analiza la agenda de una mujer promedio, se observará que, dentro de su rutina diaria, sus prioridades en materia de salud son: la visitas al pediatra, dentista, oftalmólogo u otra especialidad requerida por sus hijas o hijos. Luego, vienen las necesidades médicas del esposo y de las demás personas del núcleo familiar (madre, padre, abuelos, etc.) que así lo requieran y no hay que olvidar las citas con el veterinario, en el caso de tener una mascota. Y si el presupuesto lo permite, se toma en el último lugar la opción de buscar asistencia médica para sí misma. ¿Por qué razón?...porque así se les ha enseñado.
De no cambiar los paradigmas actuales, los estereotipos, las actitudes, las ideas establecidas de género, la situación de salud de las mujeres seguirá igual. Algo se ha logrado, pero todavía falta mucho por hacer.
Es de vital importancia que tanto las mujeres como los hombres tomen conciencia de esta problemática y se realicen las transformaciones necesarias en las relaciones de género para establecer una mayor equidad física y mental.
(La autora es psicóloga, Mgtra. en género y directora del Teatro Infantil Tía Dora)
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