Uribe, línea dura para poner orden
en Colombia
“Facilito no soy. Me
gusta oír a la gente inteligente y soy deliberante. Soy perseverante
en mis tesis y respetuosocon la crítica”
Javier Mozzo Peña
Muchos lo ven como la “salvación” de Colombia.
Pero para otros, Alvaro Uribe, electo presidente en los comicios
celebrados el pasado domingo, es un ultraderechista que podría llevar
al país a una guerra total.
Aunque no hizo el servicio militar, una de
las principales propuestas del mandatario que asumirá el 7 de agosto
es duplicar el número de efectivos de las Fuerzas Armadas para combatir
a la guerrilla izquierdista y los paramilitares de ultraderecha.
Considerado como un hombre de temperamento
fuerte, directo y autoritario, Uribe, un disidente del Partido Liberal,
sucederá al conservador Andrés Pastrana para abarcar el periodo
2002-2006.
Con el lema “Mano firme, corazón grande”,
Uribe obtuvo más del 50% de la votación y así se convirtió en el
primer candidato que no se ve obligado a ir a una segunda vuelta
electoral desde que fue promulgada la Constitución de 1991.
Abogado de 49 años, casado y padre de dos
hijos adolescentes, Uribe logró impacto en los colombianos con su
discurso de línea dura contra la guerrilla en este país de más de
40 millones de habitantes y agobiado por una guerra interna de 38
años que dejó 40 mil muertos en el último decenio.
Por sus propuestas, que incluyen la formación
de una red de un millón de civiles que apoyen con información a
las Fuerzas Militares y de policía para combatir a la guerrilla,
los paramilitares y el crimen organizado, es calificado por críticos
como un hombre autoritario.
El candidato, quien nació en Medellín, capital
del noroccidental departamento de Antioquia, estudió derecho y con
el paso de los años cursó especializaciones en las universidades
de Harvard y Oxford.
Uribe, quien proyecta una imagen de intelectual
con su rostro bien afeitado, sus lentes finos y delgados y su estilo
pausado de hablar, fue acusado recientemente de tener nexos con
el narcotráfico y los paramilitares.
Pero el político, de mediana estatura y contextura
delgada, negó las acusaciones y hasta ahora nadie ha logrado probar
nada en su contra.
Uribe, cuyo padre fue asesinado por las izquierdistas
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) hace 19 años,
se opuso a los diálogos de paz entre el Gobierno y esa guerrilla,
que Pastrana canceló el pasado 20 de febrero.
“Un demócrata con autoridad”
Sus críticos lo consideran como “un guerrerista”
que busca empujar a este país exportador de petróleo, café, carbón,
flores y banano al abismo de la guerra sin retorno.
“Yo soy un demócrata con autoridad. Colombia
no ha tenido autoridad y no ha contenido a los grupos irregulares.
Esos poderosos e ilegales grupos han herido y lesionado a la población
y nuestro Estado no la ha defendido”, respondió el candidato, amante
de los caballos y de la vida campestre.
Pese a su posición radical contra la violencia,
dice que está dispuesto a negociar con la guerrilla y los paramilitares
si suspenden los ataques y las masacres.
Uribe fue gobernador del departamento de
Antioquia entre 1995 y 1997, donde conformó grupos de civiles que
apoyaban con información a las Fuerzas Militares, algunos de los
cuales fueron acusados de tener nexos con los ilegales paramilitares
que combaten a la guerrilla.
Este hombre, quien también fue congresista
y alcalde de Medellín, la tercera ciudad más poblada de Colombia,
es uno de los personajes más custodiados del país ante el riesgo
de que las FARC, que lo declararon objetivo militar, lo asesinen.
En abril escapó ileso a un ataque con explosivos
en la caribeña ciudad de Barranquilla, en el que murieron cuatro
personas y en su cuenta personal contabiliza 15 atentados durante
su carrera política.
“Hay que procurar no tener temor y no ser
temerario”, afirmó el candidato, quien siempre está acompañado por
más de 100 escoltas, entre los que se cuentan policías fuertemente
armados y con chalecos antibalas.
Pese al asesinato de su padre a manos de
la guerrilla y de los atentados de que ha sido víctima, dice que
no tiene rencores ni odios en su alma y que ante los ataques de
sus críticos mantiene la tranquilidad con la práctica diaria del
yoga.
Aunque trabaja hasta 20 horas al día, hace
ejercicio en una bicicleta estática y lamenta no poder salir a trotar
ni a montar en bicicleta por los paisajes colombianos debido a los
problemas de inseguridad.
Católico, amante de la buena comida colombiana,
de la música autóctona y profundamente respetuoso de la familia,
Uribe prometió que trabajará con entusiasmo y sin descanso.
“Yo soy un demócrata con autoridad, un capitalista
con conciencia social. Facilito no soy. Me gusta oír a la gente
inteligente y soy deliberante. Soy perseverante en mis tesis y respetuoso
con la crítica”, concluyó.
El autor es periodista de la agencia Reuters
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