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Es terrible que nos estemos
acostumbrando a que el principal establecimiento dedicado
al diagnóstico y tratamiento de enfermos, el Hospital Santo
Tomás, se convierta con frecuencia en campo de batalla de
bandas armadas. Quienes buscan atención de salud en el centro
hospitalario y quienes la ofrecen terminan exponiéndose a
la agresión física y psicológica de las pandillas que han
resuelto dirimir sus diferencias en el Cuarto de Urgencias
y en las áreas adyacentes del hospital. El más reciente hecho,
registrado en la madrugada del lunes, es demostrativo de que
a las bandas delictivas nada las arredra. Con fuego cruzado,
pusieron en peligro la vida de pacientes y galenos que atendían
a los heridos de un enfrentamiento entre bandas, que había
empezado en El Chorrillo y que prosiguió en el centro hospitalario.
En ocasiones anteriores, empleados sanitarios denunciaron
que fueron víctimas de amenazas por parte de miembros de pandillas,
justamente mientras llevaban a cabo intervenciones quirúrgicas
a infractores de la ley. Aparte de estos lamentables incidentes,
el Hospital Santo Tomás de por sí es un centro de recepción
de pacientes víctimas de hechos de violencia. Las autoridades
están obligadas a ofrecerle con urgencia una vigilancia especializada,
con la dotación de efectivos debidamente entrenados, a prohibir
el ingreso de armas al lugar y a establecer eficaces controles
de seguridad. |
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