El remedio, peor que la enfermedad
Si la fórmula para acabar
con la delincuencia fuera asunto de meter presos a los delincuentes,
habría que comenzar por arriba.
HERASTO REYES
hreyes@prensa.com
La violencia en Panamá es una enfermedad grave.
Buscarle remedio es tarea de todos. Pero hay malos médicos en este
terreno: quieren combatir la violencia con violencia.
Los alcaldes, los corregidores y los policías
consideran que coartando las libertades y persiguiendo a diestra
y siniestra a todos los ciudadanos pobres se va a acabar con la
delincuencia y con la violencia. Ellos consideran culpable a cualquiera,
hasta que no pruebe su inocencia.
En los últimos días han desatado una ola
de batidas masivas en las que se llevan preso a todo mundo para
“verificar” si el ciudadano es o no delincuente; con esa sinrazón,
el susodicho puede estar hasta 24 horas privado de la libertad.
Al final de lo cual (si es menor de edad) sus padres deberán pagar
de 25 a 50 balboas por la libertad de su pariente (¡tremendo negocio!)
No hay empleo, no hay centros educativos
suficientes, no hay establecimientos recreativos y deportivos; los
jóvenes se la pasan sin hacer nada todo el tiempo: una fuerza y
una inteligencia perdidas. Que el tiempo y los años gastan sin producir
nada.
No hay programas (o son insuficientes) de
rehabilitación y cura para los consumidores de drogas y los alcohólicos
jóvenes.
La justicia no es efectiva. Hace unos días,
por citar un ejemplo, se declaró inocentes a cinco jóvenes colonenses
después que estuvieron cinco años en detención preventiva, esperando
un juicio. Una vez que se determinó su inocencia fueron puestos
en libertad, pero nadie le paga a estos ciudadanos los años que
estuvieron pudriéndose moralmente en la cárcel.
Las condiciones sociales de vida (hacinamiento,
pobreza extrema) no dejan de estar entre los factores elementales
que causan violencia.
Los mensajes cotidianos y persistentes de
los medios de comunicación (tanto escritos como electrónicos) que
estimulan la violencia y que enseñan violencia están al alcance
de grandes y chicos.
En fin el rosario es largo. Pero lo importante
en este tema es que los alcaldes, corregidores y policías deben
comprender que si bien es cierto que los delincuentes están torcidos,
más torcidas están las batidas, los grandes ladrones impunes e inmunes,
las políticas gubernamentales en el terreno social... Más torcida
está la sociedad del poder que los jóvenes de San Joaquín o Barraza.
Hay que hacer algo contra la caza
de ballenas
21 de mayo del 2002
¡Ayuda, hay que hacer algo! En serio, nunca
se debió permitir que el voto de Panamá respaldara a Japón en el
tema de la caza de ballenas. Esta "gente" que nos representa en
el Gobierno no saben lo que apoyaron.
Por favor, que se forme una comisión, una
coalición, algo. Es nuestro deber ayudar a las ballenas y a los
delfines, y salvar el ambiente marino. Por favor, cualquiera idea
de donde podemos enviar una petición o donde se puede protestar
por esto, comuníquenmela. ¡Apoyo!
Esta tierra es nuestra y me rehúso a que
un poco de ejecutivos japoneses me roben sus bellezas y las pocas
cosas que quedan en ella que me roban la respiración para comprar
más sake.
Vicky Colorado
“A mi querida hijita Ani”
22 de mayo del 2002
Agradezco que consideren publicar esta carta
en la página "Defensor del lector". Dada la premura, debería ser
prontito.
Querida hijita Ani:
Te escribo esta carta a ti que solo tienes
cuatro años y aún no has aprendido a leer. La leerás más tarde,
cuando puedas entender un poco mejor las cosas. En estos días el
gobierno nacional, unas personas con nombre y apellido, votaron
a favor del restablecimiento de la caza comercial de ballenas. Fueron
dos representantes panameños a Shimonoseki, Japón, quienes emitieron
el voto a favor de la muerte de las ballenas.
Las razones del mercado valen hoy más que
las razones de la vida. Hacen tambalear el respeto mínimo que debemos
tener, grandes y chiquitos, hacia todo lo que está vivo. Mira no
más nuestras calles de la capital: letreros comerciales cuelgan
incluso bajo los letreros de señalización del tráfico vehicular.
Hasta eso toleramos, acostumbrándonos a la impunidad de un sistema
económico que donde no ve ganancias, no ve nada.
¿Has escuchado alguna vez el canto de las
ballenas? Creo que sí; tenemos una grabación en casa. Es la forma
como las ballenas se comunican. Tan hermosa forma es que le llamamos
“canto”. Creo que deberían escucharlo el señor canciller de la República,
el director de la Autoridad Marítima y los dos representantes nuestros
en la reunión de Shimonoseki. Ese canto puede, teóricamente, darle
la vuelta al mundo viajando en ondas a través del mar.
Es una lástima que el ruido de infinitos
motores ya moleste la comunicación normal entre las ballenas. Y
que el ruido del dinero nos esté impidiendo a nosotros ser dignos
y soberanos. Pero el ser humano a veces recapacita y rectifica.
Y aunque sea chiquito, asombra y gana el respeto de los demás. Desgraciadamente
no pasó así con nosotros en Shimonoseki.
Jorge Ventocilla
Sin sorpresas: Panamá apoya la
caza de ballenas
23 de mayo del 2002
No me sorprende en lo más mínimo que el señor
que tenemos como ministro de Relaciones Exteriores se haya puesto
del lado de los criminales asesinos japoneses en su afán por acabar
con las ballenas.
¿Acaso debería sorprenderme, cuando ese mismo
señor apoyó a Estados Unidos en momentos en que aquel país, aduciendo
razones de “defensa”, pidió apoyo a las naciones latinoamericanas
para acabar con la vida de cientos de mujeres y niños afganos? Si
no le importa un comino la vida humana, ¿qué tanto podemos esperar
que le importe la de los cetáceos?
Iker Lorente A.
Un truco político infame
24 de mayo de 2002.
En estos tiempos de dura crisis económica,
parece mentira que el Gobierno haya entrado en contubernios con
empresas transnacionales para firmar acuerdos millonarios aprovechándose
de que el pueblo se encuentra distraído con sus serios problemas,
con su desempleo y subempleo, y con la ola de violencia y sangre
que está azotando al país.
Todo indica que los contratos con la Chevron
Texaco (Refinería) y con Panama Ports (Hutchinson) fueron negociados
a escondidas, porque los millones que en ellos se manejan son demasiados
como para permitir la transparencia que el Gobierno se había comprometido
a cumplir.
En el caso de lo que el Gobierno llama “equiparación”
de contratos con Panama Ports, eso no es otra cosa que un vulgar
intento de conseguir ventajas políticas con una (supuesta) inversión
millonaria de la empresa a corto plazo. Mientras que de un plumazo
le perdonan el pago de más de mil millones de dólares en anualidades,
el ministro de Comercio e Industrias prefiere que el Estado (o sea
nosotros) salgamos perjudicados a mediano y largo plazo por todos
esos millones que Panama Ports va a dejar de pagarnos, a cambio
de que esta empresa invierta en mejoras de los puertos de Balboa
y Cristóbal (inversión que Panama Ports solamente desea realizar
porque le conviene a su negocio, no porque piense en el bienestar
del país) en los próximos dos años, o sea, justo en el período preelectoral
que termina en el año 2004.
En otras palabras, la supuesta inversión
de Panama Ports está encaminada a tapar con unos cuantos millones
la crisis económica que por incapacidad gubernamental hemos estado
sufriendo, y hacer campaña electoral con una “reactivación” económica
meramente artificial, a costa de los cientos de millones en anualidades
que, gracias a este infame truco político, no iremos ya a recibir
en el futuro.
Mario R. López P.
Una vez más: “el Estado concede...”
17 de mayo del 2002
Encuentro interesantes las opiniones de lectores
de La Prensa preocupados por el asunto del Contrato ley de la Refinería
Panamá. Por mi parte, ya estoy comprendiendo el por qué de sus desvelos.
Mediante la resolución del Consejo de Gabinete No. 39 de 13 de mayo
de 2002, publicada el jueves 16 de mayo en la Gaceta Oficial, el
Estado concede a Refinería Panamá, a la que injustificadamente exime
del requisito de licitación pública, derechos y usos sobre aquellos
bienes de propiedad del Estado y sobre las instalaciones construidas
por la empresa en dichos bienes amparados bajo el Contrato Ley vigente,
autorizándose al ministro de Comercio e Industrias para firmar un
“Convenio de Transacción y Terminación de Contrato” con la Refinería.
Pero esa Resolución de Gabinete no incluyó
el texto del mencionado “Convenio”, lo cual a todas luces es irregular.
Mientras tanto, en su comparecencia del mismo
jueves 16 ante la Comisión de Comercio de la Asamblea Legislativa,
el ministro de Comercio e Industrias, Joaquín Jácome, expresó que
“una vez se firme el acuerdo se dará a conocer el texto logrado”
y que esa firma se realizará el lunes 20.
Amén de las sospechas que resultan del hecho
que el ministro no quiso suministrarle una copia del Convenio ni
siquiera a lo legisladores, mucho menos a los periodistas allí presentes,
me llama la atención que la noticia de primera plana de La Prensa
del 17 de mayo, “Nuevo contrato permitirá liberalizar el mercado”,
no comente ninguna de estas irregularidades.
Otros medios sí tomaron nota en sus reportajes
de la ausencia de copias del Convenio, no así La Prensa. Sería conveniente
que el diario aclarara si ya ha recibido alguna copia y, si no,
que usted u otro periodista opine acerca de qué tan transparente
se puede ser al retener información como la del texto del Convenio,
la que solo se dará a conocer “una vez se firme” por el ministro
y la Refinería. No quiero creer que el periodismo investigativo
de La Prensa terminó con la partida de Gustavo Gorriti.
Olga Aparicio.
Sobre el concepto de “asesino”
aplicado a Manjarrez
25 de mayo del 2002
Me gustaría aclarar, referente a la nota
“Marcos Manjarrez denuncia vejamen”, del 23 de mayo del 2002, que
se está actuando de manera irrespetuosa cuando se califica de asesino
a Manjarrez, que si bien es cierto que confesó su crimen, todavía
no ha sido declarado culpable de aquel asesinato, así que limítense
en cuanto al lenguaje que utilizan.
Y me gustaría aclarar que el sujeto en cuestión,
goza aún del derecho a que se presuma su inocencia, por lo que puede
el periódico dejar de llamarle asesino. Si duda al respecto de esta
nota puede pasar por la facultad de Derecho, de la que soy miembro,
y preguntar si lo que he dicho en este correo electrónico es mentira.
Agradeciendo que considere esto no como una
ofensa sino como un comentario que revierta en un mejor periodismo,
y felicitándolos por tener uno de los mejores periódicos de Panamá,
el cual no se ha caracterizado por ser amarillista.
Byron Espinosa
Critica artículo de Carmen Cabello
22 de mayo del 2002
Leo La Prensa por preferencia ya que pienso
que es un periódico serio y responsable en cuanto a las cosas que
publica, me parece que el escrito del día martes, 21 de mayo del
presente año, plasmado en la columna de opinión y el cual lleva
por título “El dolor del viudo”, deja ver una total falta de ética
por parte de su periodista, la señora María del Carmen Cabello,
quien con una intención bien marcada y en tono burlesco hace saber
sus inclinaciones políticas de manera muy directa, cosa que no debe
ser, ya que un buen periodista no debe jamás, por profesionalismo,
demostrar su aceptación o rechazo en cuanto a preferencias partidistas.
Por otro lado, me asombra la falta de sensibilidad
por parte de su periodista María Cabello, en donde, no conforme
con su idea fija de criticar por criticar, se aprovecha de una situación
tan lamentable como lo es el asesinato del padre Altafulla para
lograr su cometido, cosa que me parece una falta de profesionalismo
total.
Vielka Sánchez
[La correctora Carmen Cabello escribió en
el artículo de opinión citado: “No habíamos acabado de recuperarnos
de la impresión que nos produjo el vestido que llevaba la presidenta
de la República, Mireya Moscoso, en la cena que los reyes de España
ofrecieron a los dignatarios reunidos en la cumbre de Madrid, cuando
la trágica muerte del sacerdote Jorge Altafulla nos removió los
cimientos. Nada que ver una cosa con la otra; ya lo sé. Ni en importancia
ni en gravedad. Si traigo a colación hechos tan disimiles es porque
en Panamá se vive tan intensamente y los acontecimientos se suceden
unos a otros con tal rapidez, que no es extraño que los asimilemos
con la ligereza y la superficialidad con que solemos hacerlo”].
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