En busca del Garzón panameño
El juez Baltasar Garzón se sabe grande y lo disfruta sin engreimiento…su sencillez impacta
Maribel Cuervo de Paredes
La cita fue el martes 30 de abril a las 12:00 de mediodía. Alto, vestido de azul oscuro, nítido. Cabello platinado hacia atrás. Invitó a pasar y con suavidad se sentó en su aterciopelada poltrona verde oliva. Sin estrés, a pesar de la batería de periodistas que rodeaba la audiencia nacional para entrevistarlo por la investigación secreta que desde mayo del 2000 instruye sobre el BBV Privanza en relación con un presunto pago de comisiones de la Expo-92 y desvío de fondos de pensiones hacia cuentas secretas en paraísos fiscales. Sin guardaespaldas, secretarias o gente nerviosa a su alrededor. En su despacho se respira actividad…hay papeles por doquier, dos computadoras, una credenza repleta de fotos con todos los personajes más importantes del mundo. Dos millonarias adornan su oficina. Mira de frente, sin pestañear, clava sus ojos como buscando conocer la historia de logros, fracasos, alegrías, pesares e ilusiones de quien en ese momento tiene enfrente. “Vengo desde Panamá para que me diga qué tengo que hacer para que tengamos el honor de escucharle”, le dije después del saludo protocolar. Le hablé de CELAP. Algo me impactaba, ¿qué era? Planeamos su posible visita a Panamá, exploramos fecha, forma de organizarnos, tema y requisitos. Al salir del despacho le comenté a Darío, coordinador de seminarios: ¡este hombre transmite una serenidad arrolladora! El juez Baltasar Garzón se sabe grande y lo disfruta sin engreimiento…su sencillez impacta.
En el libro de Pilar Urbano El hombre que veía amanecer, una descubre la valentía y firmeza de Garzón quien quiso estudiar derecho para ser juez, sólo juez, pues quería ser un ciudadano independiente que sirviera a los demás haciendo justicia, defendiendo a los débiles, luchando contra el delito, sin armas ni más herramientas que la ley.
Las páginas de Urbano confirman que tanto allá como acá, los políticos son lo mismo. Cuando Felipe González era jefe del Gobierno español en 1993, buscaba sumar a sus filas gente de alto perfil, reconocida por su trayectoria, con credibilidad, respetada, de seriedad comprobada, que pudiese fortalecer su partido. Por eso, diseñó, con copartidarios, una cita con Garzón para capitalizar su prestigio al sumarlo como independiente en la lista electoral del PSOE. En esa cita, cuando González invitó a Garzón a que diera su opinión sobre su gobierno, le costó disimular el impacto que le produjo la radiografía desfavorable que el juez le espetara –sin vacilación y sin contemplaciones– de su liderazgo: “yo opino que la clase política tiene muy poca credibilidad. En especial, los que gobernáis. La gente está harta de la corrupción, harta de que la engañen, harta de la falsedad del político, que en campaña promete el oro y el moro a sabiendas de que no lo va a hacer…(igualito que en Panamá) …la percepción desde fuera es que el gobierno no hace ¡nada de nada! contra la corrupción. Y eso la gente no lo perdona. La gente aguanta mucho tiempo, hasta que un día se le hinchan las narices y deja de aguantar…”. Felipe González para defenderse responde “tú eres juez, Baltasar, y sabes que el Gobierno no puede tomarse la justicia por la mano y condenar antes que condenen los tribunales” (excusa igualita que en Panamá). Garzón lo emplaza “soy juez, y sé que una cosa es la sanción penal y otra cosa es la sanción política...Hay casos…en los que no se ve reacción política. Los que lo han hecho, o lo han consentido, siguen ahí tan campantes. Y el Gobierno no puede ser ajeno a eso. Yo echo de menos que, en la lucha contra la corrupción, tome la iniciativa el Gobierno…echo de menos el bisturí para amputar lo que está podrido, o lo que está bajo sospecha”. (¡Corrupción igualito que en Panamá! Ej. el caso sin resolver de los Rodin/CEMIS para comprar a legisladores y lograr ratificación de los magistrados Spadafora y Cigarruista).
Garzón le plantea a González que los ciudadanos ya están pasados de vuelta y convencidos de que los partidos no son lo que debieran ser: los cauces de su participación en la política… porque se les engaña con promesas que no se realizan;…porque no se sienten representados ni defendidos en sus intereses por ciertos dirigentes corruptos;…porque se les estafa creando unas carísimas maquinarias artificiales, llamadas partidos, que sólo sirven para que de ahí chupen unos cientos de apparatchiks (¡dígame si no es igualito que aquí!). Garzón acepta participar en el PSOE, gana un escaño y luego de aguantar un año, dimite pues entiende que si no lo hacía se convertía en cómplice de la corrupción que tanto había combatido. Decepcionado, al descubrir la diferencia entre el discurso del candidato y el actuar del gobernante, en su renuncia le recuerda a González que el tiempo de las palabras se había agotado y era tiempo “de hechos y de realidades”...cuando hablamos de la regeneración de las instituciones, me entusiasmé… “La administración que tenemos es obsoleta, inefectiva, ruinosa, plagada de corruptelas…Es insufrible la vergüenza de tener que enterarnos por lo que la prensa saca con cuentagotas día a día…” (igualito, igualito que aquí).
Conocer sobre la vida del juez que ha enorgullecido a los españoles, me llevó a preguntarme, ¿en el corazón de cuál funcionario late el Garzón panameño? ¿Quién es el juez que tiene el mismo tipo de sangre de justicia que Garzón? ¿Quién es el funcionario que no tiene conflictos íntimos con distinguir entre el país y el partido al cual pertenece, y rechaza la celestinidad del silencio por el chantaje de un nombramiento? ¿Por qué demora tanto que se escuche, como una esperanza, la voz independiente del Garzón panameño que revienta y no resiste ser cómplice de quienes hunden con su desgobierno y corrupción nuestro país? Ansío encontrar a ese patriótico administrador de justicia quien, desde adentro, sabe, sufre y olfatea las presiones que ejercen los poderes del Estado y conoce las rutas, grietas y actores de la corrupción. Confío en que aparezca ese Garzón panameño que rompa con el secuestro del miedo y emplace a quienes nos gobiernan, por la complicidad que mantienen con aquellos que diseñan, fomentan, nutren y costean la corrupción en nuestro país. Estoy segura de que en Panamá, como en España, merecemos un Garzón. Estoy en su búsqueda.
La autora es comunicadora social
Además en opinión
• Economía y política…
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panameño: Maribel Cuervo de Paredes
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otra corrida: Ernesto Pérez Balladares
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