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Cerrar la carretera Panamericana
es el arma que blanden los moradores de distintas comunidades
del país para hacer oír su voz ante las autoridades
sobre la carencia de agua potable y el deterioro y escasez
de servicios educativos y sanitarios. Ante la negligencia
de los responsables oficiales de atender esos asuntos, se
recurre a impedir el paso por un periodo de horas de la principal
ruta continental, con todo el perjuicio que ello implica para
la economía nacional y regional. Las acciones se registran
en tramos diversos de la Panamericana, principalmente en las
provincias de Coclé y Panamá. Darién
se unió a la moda la semana pasada, cuando pobladores
de Santa Fe, Zapallal y Arimai emplearon la fórmula
como protesta por el incumplimiento gubernamental -de 13 meses-
de suministro de agua potable. Dos camiones cisterna enviados
por el IDAAN se dirigieron de inmediato hacia las remotas
comunidades para abastecerlas de agua. La protesta tuvo su
recompensa. Ayer estudiantes y padres de familia de una escuela
de La Chorrera interrumpieron el tránsito. Llamaban
la atención sobre la inseguridad y las malas condiciones
que presenta el plantel. A nadie se le reprimió. El
Gobierno debe pensar seriamente en una solución que
impida que la Panamericana sea un arma de presión. |
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