Panamá, 11 de mayo de 2002
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Después de ti, ¿qué?

Rocío Grimaldo
rgrimaldo@prensa.com

“El dolor es tan fuerte que es como si te quitaran una parte de ti misma, como si te quitaran el aire y las energías de vivir”, expresó una amiga a la que se le murió su sobrina de dos años de edad.

Un día se tiene al ser querido al lado y al día siguiente no. Esto causa un dolor continuo, agudo, abarcador. Vivir ese período doloroso no es fácil y mucho menos solo. ¿Qué hacer? ¿Cómo recogerse luego de sentirse desgarrado por la muerte de un ser amado?

La ayuda proviene de sicólogos clínicos como el español Mariano Navarro Serer y aquellos profesionales de la Fundación Piero Rafael Martínez de la Hoz (227-7498), cuyo objetivo es apoyar y acompañar a toda persona que esté viviendo (o vivirá) un duelo o cualquier circunstancia dolorosa debido a una situación de crisis personal.

Recientemente, Navarro Serer dictó un seminario sobre este tema y La Prensa aprovechó para responder algunas de las interrogantes más comunes sobre el duelo.

-Pregunta. ¿Qué se puede hacer para recuperar un poco de lo que se ha perdido?

-R. La muerte te quita una parte de ti mismo. Ya nada volverá a ser igual. Algo cambia. Hemos sido separados de un ser querido. Solo si atravesamos las distintas fases del duelo: aceptación de la realidad de la pérdida, y luego la expresión emocional del dolor, superamos el camino del sufrimiento y del dolor. Hay que dejarse envolver por el sufrimiento desde el principio. Si no lo hacemos y tomamos el camino de suponer que no hubiera pasado nada, es como si nos pusiéramos una venda en los ojos y no quisiéramos ver la realidad. Lamentablemente ese es el camino equivocado. Es como si poco a poco nos metiéramos en un pozo sin fondo.

-¿Cómo prepararse para la muerte de uno y de un ser querido?

-R. Generar una mirada introspectiva, es decir, hacia el interior de un mismo. Hacer contacto con nuestros límites y capacidades, y con los miedos y temores que tenemos hacia la muerte. Solo a partir de esa reflexión personal y ese enfrentamiento al temor de la propia muerte la podremos vencer, y desde ese descubrimiento de capacidades podemos intentar hacer ver a los demás que la muerte es natural. Hasta que no llegue el momento no sabremos cómo vamos a reaccionar pero sí es cierto que la preparación previa en cuanto a integrar la muerte como una parte natural de la vida, nos va a ayudar.

-¿Hay que temerle a la muerte?

-R. ¿Temes nacer? No, por eso tampoco hay que temer morir. Realmente el nacimiento es la primera pérdida, la primera muerte. Abandonamos un lugar seguro, que es el seno materno donde estamos felices, tranquilos y sin problemas. Con el nacimiento entramos a un mundo diferente y se nos termina la tranquilidad y la paz que teníamos. La vida es un proceso de continuas pérdidas. La muerte hay que entenderla como un paso a otra vida.

-¿Qué puede hacer una persona que no le hizo caso a un ser querido mientras vivía y luego que este muere visita su tumba a cada rato?

-R. Es la aparición de la “emoción reina”, la culpa. Esta persona siente un remordimiento o dolor por no haber tenido una buena relación con el ser fallecido, o por no haber solucionado asuntos pendientes con el difunto, entonces queda atrapado en este dolor. Ha caído en un duelo patológico por lo que recomiendo la atención sicológica, ya sea en forma individual o con un grupo de personas que han vivido lo mismo.

-¿Hay que buscar una explicación o solo aceptar la muerte del ser querido?

R. “¿Por qué a mí? ¿Por qué a mi hijo?”, son preguntas que no tienen respuesta y que solo aumentan el dolor. Estas preguntas se resuelven posteriormente con el tiempo y no es fácil llegar a la aceptación de una pérdida. Previo a la aceptación, hay que pasar por la negación (“esto no me puede estar pasando a mí”), la rabia, la negociación o el pacto con Dios, la depresión y finalmente, la aceptación. Si una persona queda estancada en una de estas etapas, por ejemplo, en la rabia (“¿por qué no detectaron la enfermedad a tiempo? ¿Por qué no se hizo esto o aquello?”) va a sufrir muchísimo. Pero el buscar ayuda sicológica debe nacer de la persona, poco podemos hacer si la persona no quiere recibir ayuda.

-¿Es mejor hacer el entierro al día siguiente o varios días después?

-R. No es necesario que el fallecido esté expuesto tres días o una semana. En España se suele enterrar a las 24 horas. Creo que con un día es suficiente. En el caso de un enfermo terminal, se puede hacer un “duelo anticipatorio” (antes de la muerte) que facilita la despedida. Son más complicados los duelos de familiares que no han podido despedirse (por muerte súbita) porque han quedado asuntos pendientes que resolver.

-¿Cuán diferente es el duelo por un niño al duelo por una persona adulta o vieja?

-R. La muerte de un niño es considerada “antinatural”. Primero se debe morir el abuelo, luego el padre y finalmente el nieto. Pero la realidad no es así. La muerte se presenta a veces injustamente y es el nieto el que primero muere. Entonces la regla natural de la vida se ve alterada, y el dolor aumenta, y el sufrimiento se extiende por el resto de la familia. Hay que ser conscientes de que la muerte viene sin avisar y no mueren siempre los ancianos.

-¿Es necesario —sicológicamente hablando— vestirse de luto (negro) y si es así, por cuánto tiempo?

-R. Pienso que no es necesario el luto puesto que este se lleva en el propio corazón de quien queda. Muchas veces el vestir de luto se convierte en una pesada carga para el familiar por tener que dar una imagen ante la sociedad. La pena, la tristeza, el dolor por una pérdida, se lleva en el interior de la persona, en lo más profundo de su corazón, no en una forma de vestir o en un color determinado. Otras sociedades utilizan el blanco en las ceremonias fúnebres, y esto no deja de seguir siendo otra imposición cultural.

-¿Cuándo hay que botar la ropa y recuerdos de la persona fallecida? ¿O es mejor conservarlos?

-R. Yo, al igual que otros autores, recomendamos no hacer cambios drásticos inmediatamente a la perdida o fallecimiento, es decir, no podemos venir del cementerio después de enterrar a nuestro ser querido y vaciar el armario. Ni cambiar de casa, ni cambiar de trabajo, ni deshacerse de recuerdos y fotografías, ni dejar de pasear o visitar los lugares donde se paseaba o visitaba con el ser querido. Hacer cambios es un signo de evitación o negación a la realidad. En el polo contrario encontramos a personas que se aferran a los objetos de los seres queridos. Por ejemplo, conservar el cuarto del hijo fallecido de la misma manera que lo dejó el día que murió y no permitir que nadie entre o cambie nada, o lavar la ropa de cama del hijo. Eso es un signo de un duelo patológico.

-¿En cuánto tiempo tarda uno en superar una pérdida?

-R. Eso no tiene una clara respuesta. Algunos autores dicen que entre 18 y 24 meses ya debe haber pasado el duelo. Yo opino diferente porque cada persona es diferente y cada pérdida es diferente. Depende del vínculo afectivo que se tenía con la persona, depende del tipo de muerte, depende de si se dejaron asuntos pendientes o no con el fallecido, depende de las capacidades de afrontamiento del doliente, depende de las experiencias previas de muerte del doliente, depende del sistema de creencias y de valores del doliente, del apoyo sicosocial de que disponga el doliente.


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