Después de ti, ¿qué?
Rocío Grimaldo
rgrimaldo@prensa.com
“El
dolor es tan fuerte que es como si te quitaran una parte de ti misma,
como si te quitaran el aire y las energías de vivir”, expresó una
amiga a la que se le murió su sobrina de dos años de edad.
Un día se tiene al ser querido al lado y
al día siguiente no. Esto causa un dolor continuo, agudo, abarcador.
Vivir ese período doloroso no es fácil y mucho menos solo. ¿Qué
hacer? ¿Cómo recogerse luego de sentirse desgarrado por la muerte
de un ser amado?
La ayuda proviene de sicólogos clínicos como
el español Mariano Navarro Serer y aquellos profesionales de la
Fundación Piero Rafael Martínez de la Hoz (227-7498), cuyo objetivo
es apoyar y acompañar a toda persona que esté viviendo (o vivirá)
un duelo o cualquier circunstancia dolorosa debido a una situación
de crisis personal.
Recientemente, Navarro Serer dictó un seminario
sobre este tema y La Prensa aprovechó para responder algunas de
las interrogantes más comunes sobre el duelo.
-Pregunta. ¿Qué se puede hacer para recuperar
un poco de lo que se ha perdido?
-R. La muerte te quita una parte de ti mismo.
Ya nada volverá a ser igual. Algo cambia. Hemos sido separados de
un ser querido. Solo si atravesamos las distintas fases del duelo:
aceptación de la realidad de la pérdida, y luego la expresión emocional
del dolor, superamos el camino del sufrimiento y del dolor. Hay
que dejarse envolver por el sufrimiento desde el principio. Si no
lo hacemos y tomamos el camino de suponer que no hubiera pasado
nada, es como si nos pusiéramos una venda en los ojos y no quisiéramos
ver la realidad. Lamentablemente ese es el camino equivocado. Es
como si poco a poco nos metiéramos en un pozo sin fondo.
-¿Cómo prepararse para la muerte de uno y
de un ser querido?
-R. Generar una mirada introspectiva, es
decir, hacia el interior de un mismo. Hacer contacto con nuestros
límites y capacidades, y con los miedos y temores que tenemos hacia
la muerte. Solo a partir de esa reflexión personal y ese enfrentamiento
al temor de la propia muerte la podremos vencer, y desde ese descubrimiento
de capacidades podemos intentar hacer ver a los demás que la muerte
es natural. Hasta que no llegue el momento no sabremos cómo vamos
a reaccionar pero sí es cierto que la preparación previa en cuanto
a integrar la muerte como una parte natural de la vida, nos va a
ayudar.
-¿Hay que temerle a la muerte?
-R. ¿Temes nacer? No, por eso tampoco hay
que temer morir. Realmente el nacimiento es la primera pérdida,
la primera muerte. Abandonamos un lugar seguro, que es el seno materno
donde estamos felices, tranquilos y sin problemas. Con el nacimiento
entramos a un mundo diferente y se nos termina la tranquilidad y
la paz que teníamos. La vida es un proceso de continuas pérdidas.
La muerte hay que entenderla como un paso a otra vida.
-¿Qué puede hacer una persona que no le hizo
caso a un ser querido mientras vivía y luego que este muere visita
su tumba a cada rato?
-R. Es la aparición de la “emoción reina”,
la culpa. Esta persona siente un remordimiento o dolor por no haber
tenido una buena relación con el ser fallecido, o por no haber solucionado
asuntos pendientes con el difunto, entonces queda atrapado en este
dolor. Ha caído en un duelo patológico por lo que recomiendo la
atención sicológica, ya sea en forma individual o con un grupo de
personas que han vivido lo mismo.
-¿Hay que buscar una explicación o solo aceptar
la muerte del ser querido?
R. “¿Por qué a mí? ¿Por qué a mi hijo?”,
son preguntas que no tienen respuesta y que solo aumentan el dolor.
Estas preguntas se resuelven posteriormente con el tiempo y no es
fácil llegar a la aceptación de una pérdida. Previo a la aceptación,
hay que pasar por la negación (“esto no me puede estar pasando a
mí”), la rabia, la negociación o el pacto con Dios, la depresión
y finalmente, la aceptación. Si una persona queda estancada en una
de estas etapas, por ejemplo, en la rabia (“¿por qué no detectaron
la enfermedad a tiempo? ¿Por qué no se hizo esto o aquello?”) va
a sufrir muchísimo. Pero el buscar ayuda sicológica debe nacer de
la persona, poco podemos hacer si la persona no quiere recibir ayuda.
-¿Es mejor hacer el entierro al día siguiente
o varios días después?
-R. No es necesario que el fallecido esté
expuesto tres días o una semana. En España se suele enterrar a las
24 horas. Creo que con un día es suficiente. En el caso de un enfermo
terminal, se puede hacer un “duelo anticipatorio” (antes de la muerte)
que facilita la despedida. Son más complicados los duelos de familiares
que no han podido despedirse (por muerte súbita) porque han quedado
asuntos pendientes que resolver.
-¿Cuán diferente es el duelo por un niño
al duelo por una persona adulta o vieja?
-R. La muerte de un niño es considerada “antinatural”.
Primero se debe morir el abuelo, luego el padre y finalmente el
nieto. Pero la realidad no es así. La muerte se presenta a veces
injustamente y es el nieto el que primero muere. Entonces la regla
natural de la vida se ve alterada, y el dolor aumenta, y el sufrimiento
se extiende por el resto de la familia. Hay que ser conscientes
de que la muerte viene sin avisar y no mueren siempre los ancianos.
-¿Es necesario —sicológicamente hablando—
vestirse de luto (negro) y si es así, por cuánto tiempo?
-R. Pienso que no es necesario el luto puesto
que este se lleva en el propio corazón de quien queda. Muchas veces
el vestir de luto se convierte en una pesada carga para el familiar
por tener que dar una imagen ante la sociedad. La pena, la tristeza,
el dolor por una pérdida, se lleva en el interior de la persona,
en lo más profundo de su corazón, no en una forma de vestir o en
un color determinado. Otras sociedades utilizan el blanco en las
ceremonias fúnebres, y esto no deja de seguir siendo otra imposición
cultural.
-¿Cuándo hay que botar la ropa y recuerdos
de la persona fallecida? ¿O es mejor conservarlos?
-R. Yo, al igual que otros autores, recomendamos
no hacer cambios drásticos inmediatamente a la perdida o fallecimiento,
es decir, no podemos venir del cementerio después de enterrar a
nuestro ser querido y vaciar el armario. Ni cambiar de casa, ni
cambiar de trabajo, ni deshacerse de recuerdos y fotografías, ni
dejar de pasear o visitar los lugares donde se paseaba o visitaba
con el ser querido. Hacer cambios es un signo de evitación o negación
a la realidad. En el polo contrario encontramos a personas que se
aferran a los objetos de los seres queridos. Por ejemplo, conservar
el cuarto del hijo fallecido de la misma manera que lo dejó el día
que murió y no permitir que nadie entre o cambie nada, o lavar la
ropa de cama del hijo. Eso es un signo de un duelo patológico.
-¿En cuánto tiempo tarda uno en superar una
pérdida?
-R. Eso no tiene una clara respuesta. Algunos
autores dicen que entre 18 y 24 meses ya debe haber pasado el duelo.
Yo opino diferente porque cada persona es diferente y cada pérdida
es diferente. Depende del vínculo afectivo que se tenía con la persona,
depende del tipo de muerte, depende de si se dejaron asuntos pendientes
o no con el fallecido, depende de las capacidades de afrontamiento
del doliente, depende de las experiencias previas de muerte del
doliente, depende del sistema de creencias y de valores del doliente,
del apoyo sicosocial de que disponga el doliente.
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