De Schuman al euro
Es necesario resaltar
que uno de los pasos clave en este proceso integracionista europeo
ha sido la transformación de las fronteras
Andrew Standley
El 9 de mayo de 1950 el ministro francés
de Asuntos Exteriores, Robert Schuman, con el firme propósito de
evitar la guerra y mantener las relaciones pacíficas en Europa,
presentó una propuesta que se conoce como la “Declaración Schuman”.
Hoy, 52 años después, el 9 de mayo no sólo
se ha convertido en un símbolo europeo, que junto con el emblema
y el himno identifican la entidad política de la Unión Europea;
también representa el éxito de un gran proyecto comunitario de unión
de voluntades. Es una fecha para conmemorar la sabia decisión de
los promotores de esta idea integracionista, que comprometieron
a los países europeos a concertar un diálogo de cooperación y solidaridad
en busca de un continente donde los antagonismos nacionales fueran
superados.
Desde su constitución, la Unión Europea ha
sabido conjugar la convivencia de los poderes nacionales y del poder
europeo basado en instituciones democráticas y supranacionales.
Este último ha facilitado el manejo de tareas, que difícilmente
se podrían hacer de manera individual: política agrícola, política
comercial, integración económica y monetaria, política exterior
y medio ambiente, entre otras.
Es necesario resaltar que uno de los pasos
clave en este proceso integracionista europeo ha sido la transformación
de las fronteras. Hoy, esas zonas han dejado de ser barreras y se
han convertido en puentes que integran economías y culturas; logrando
la libre circulación de personas, bienes, capitales y servicios.
Dentro de este marco integracionista, el
pasado 1 de enero el mundo entero vio con atención una de las manifestaciones
más concretas de este proceso: la adopción del euro como moneda
única. Trescientos millones de ciudadanos europeos confirmaron que
se puede realizar la integración sin perder la identidad.
En cuanto a sus relaciones con el resto del
mundo, y particularmente con América Latina, la Unión Europea ha
sido clara en su deseo de mantener estrechos vínculos de cooperación
y amistad. Es así como a pocos días de iniciar la segunda Cumbre
de jefes de Estado y de Gobierno de los países de América Latina,
el Caribe y la Unión Europea, en Madrid, estamos seguros del éxito
de la misma. Sin duda alguna este será un momento oportuno para
sentar las directrices de las relaciones futuras entre ambas regiones;
relaciones que históricamente han conducido a nuestros pueblos por
caminos de progreso y respeto mutuo.
La Unión Europea, en esta fecha tan especial
y de cara al futuro, quiere hacer eco de las palabras de Robert
Schuman y reiterarle al mundo entero su decisión de luchar por el
desarrollo, la paz, la justicia y la libertad: “La paz mundial no
puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a
los peligros que la amenazan”.
Encargado de Negocios, a.i. Delegación de
la Comisión Europea, San José, Costa Rica
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