Panamá, 11 de mayo de 2002
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Argentina se sacude, y Uruguay tiembla

Cuando el Gobierno argentino limitó severamente los retiros de las cuentas bancarias argentinas, los depositantes recurrieron a sacar efectivo de sus cuentas uruguayas, lo que provocó una salida de cientos de millones de dólares

Jennifer L. Rich

No hace mucho tiempo, las playas de Uruguay estaban repletas de turistas argentinos, y las arcas de sus bancos estaban atestadas con la riqueza acumulada en el extranjero por los argentinos.

Ahora, Argentina está sumida en la peor crisis económica de su historia, y Uruguay parece ser la única nación de América del Sur que está siendo arrastrada por los problemas de su vecino.

A medida que muchos de los vínculos que antes reforzaban la economía uruguaya se han visto afectados, el Gobierno de Montevideo ha realizado grandes esfuerzos por adaptarse a la nueva situación.

Su tarea, sin embargo, se tornó todavía más difícil. El viernes, el Moody’s Investors Service redujo la valiosa clasificación crediticia de grado de inversión que tenía Uruguay, señalando que “el país está cada vez más vulnerable a los impactos macroeconómicos que emanan de Argentina”. Esta reducción en la clasificación de Moody’s sigue a medidas similares de otras dos grandes agencias de clasificación de crédito, Standard & Poor’s y Fitch Ratings.

Los problemas financieros de Uruguay son anteriores a la actual crisis argentina. Hace varios años, diversas crisis en los mercados emergentes globales causaron la reducción de los precios mundiales de las materias primas de exportación, obligando a Brasil, y después a Argentina, a caer en una espiral descendente. Uruguay, atrapada entre dos naciones muchos más grandes, Argentina y Brasil, es una nación del tamaño del estado de Washington y con una población de sólo 3.3 millones que es altamente dependiente de sus vecinos. En consecuencia, no tardó en seguirlos por el camino de la recesión.

El año pasado, Uruguay tuvo su tercera contracción económica, con una caída de 2% en su producto interno bruto. Y se prevé que el PIB vuelva a declinar este año en un porcentaje similar.

Cuando los argentinos se vieron obligados a devaluar su divisa en enero, el Gobierno uruguayo reaccionó con una duplicación, a 12%. De la banda de flotación permitida para su peso. La semana pasada, el Gobierno pronosticó que su peso se depreciará en 2.4% cada mes hasta el fin del año, mientras flota dentro de esa banda.

Como consecuencia de esta devaluación, la deuda externa de Uruguay, en su mayor parte denominada en dólares, ahora representa más de 60% de su producto interno bruto.

Como parte de un esfuerzo para reducir el déficit fiscal de 779 millones de dólares registrado en diciembre, de 4% del PIB al 2.5%, el Gobierno ha formulado un plan para recortar el gasto público en 270 millones de dólares e incrementar los ingresos por concepto de recaudaciones fiscales. Al elogiar la “enérgica” respuesta del Gobierno ante la crisis, el Fondo Monetario Internacional otorgó a Uruguay en marzo un préstamo contingente de 743 millones de dólares que serán entregados a lo largo de tres años al país. Este mes, el ministro de Economía, Alberto Bension, anunció que Uruguay recibirá más o menos mil millones de dólares en ayuda del Banco Mundial y el Banco Internacional de Desarrollo (BID), desde ahora hasta finales del 2003.

Pero muchos analistas y economistas aseguran que los recortes en el gasto no llegaron al núcleo de los problemas estructurales del gasto público de Uruguay, y que el aumento en los impuestos resulta contraproducente después de cuatro años de recesión, precisamente cuando las recaudaciones nacionales están descendiendo cada año.

El país, que tiene una de las economías más fuertemente centralizadas que quedan en América Latina, necesita privatizar su sector energético, de telecomunicaciones y activos de infraestructura para amortizar la deuda, dicen. Tales medidas, sin embargo, son bastantes difíciles en el aspecto político.

“Uruguay es un país en el que uno de cada seis de sus habitantes trabaja para el Gobierno”, dice Morgan Harting, analista de deuda soberana de Fitch Ratings. “La opinión pública es conservadora y muy opuesta a los cambios rápidos”.

Aunque una divisa en proceso de depreciación aumentará la competitividad de las exportaciones uruguayas, hasta ahora el grueso de tales bienes ha estado destinado a Argentina y Brasil, sus mayores socios en el bloque comercial Mercosur, que también incluye a Paraguay.

Para ayudar a incrementar su base de exportación, Uruguay firmó un pacto comercial con México. También estableció una Comisión Conjunta sobre Comercio e Inversión con Estados Unidos, para explorar formas de incrementar el comercio y resolver asuntos comerciales bilaterales.

Los financieros están observando estrechamente a la banca uruguaya. Muchos argentinos acaudalados, temerosos de una devaluación (o con el fin de evitar impuestos) en su patria tienen depósitos bancarios sustanciales en Uruguay; cuando el Gobierno argentino limitó severamente los retiros de las cuentas bancarias argentinas, los depositantes recurrieron a sacar efectivo de sus cuentas uruguayas, lo que provocó una salida de cientos de millones de dólares. El banco central tuvo que intervenir las operaciones uruguayas del Banco Galicia, el mayor banco privado de Argentina, debido a la corrida sobre los depósitos.

A medida que la crisis continúa en el país vecino, la preocupación de muchos es que los uruguayos puedan decidir también que ya es hora de colocar sus ahorros bajo el colchón.

La autora es periodista de The New York Times News Service

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