Argentina se sacude, y Uruguay tiembla
Cuando el Gobierno argentino
limitó severamente los retiros de las cuentas bancarias argentinas,
los depositantes recurrieron a sacar efectivo de sus cuentas uruguayas,
lo que provocó una salida de cientos de millones de dólares
Jennifer L. Rich
No hace mucho tiempo, las playas de Uruguay
estaban repletas de turistas argentinos, y las arcas de sus bancos
estaban atestadas con la riqueza acumulada en el extranjero por
los argentinos.
Ahora, Argentina está sumida en la peor crisis
económica de su historia, y Uruguay parece ser la única nación de
América del Sur que está siendo arrastrada por los problemas de
su vecino.
A medida que muchos de los vínculos que antes
reforzaban la economía uruguaya se han visto afectados, el Gobierno
de Montevideo ha realizado grandes esfuerzos por adaptarse a la
nueva situación.
Su tarea, sin embargo, se tornó todavía más
difícil. El viernes, el Moody’s Investors Service redujo la valiosa
clasificación crediticia de grado de inversión que tenía Uruguay,
señalando que “el país está cada vez más vulnerable a los impactos
macroeconómicos que emanan de Argentina”. Esta reducción en la clasificación
de Moody’s sigue a medidas similares de otras dos grandes agencias
de clasificación de crédito, Standard & Poor’s y Fitch Ratings.
Los problemas financieros de Uruguay son
anteriores a la actual crisis argentina. Hace varios años, diversas
crisis en los mercados emergentes globales causaron la reducción
de los precios mundiales de las materias primas de exportación,
obligando a Brasil, y después a Argentina, a caer en una espiral
descendente. Uruguay, atrapada entre dos naciones muchos más grandes,
Argentina y Brasil, es una nación del tamaño del estado de Washington
y con una población de sólo 3.3 millones que es altamente dependiente
de sus vecinos. En consecuencia, no tardó en seguirlos por el camino
de la recesión.
El año pasado, Uruguay tuvo su tercera contracción
económica, con una caída de 2% en su producto interno bruto. Y se
prevé que el PIB vuelva a declinar este año en un porcentaje similar.
Cuando los argentinos se vieron obligados
a devaluar su divisa en enero, el Gobierno uruguayo reaccionó con
una duplicación, a 12%. De la banda de flotación permitida para
su peso. La semana pasada, el Gobierno pronosticó que su peso se
depreciará en 2.4% cada mes hasta el fin del año, mientras flota
dentro de esa banda.
Como consecuencia de esta devaluación, la
deuda externa de Uruguay, en su mayor parte denominada en dólares,
ahora representa más de 60% de su producto interno bruto.
Como parte de un esfuerzo para reducir el
déficit fiscal de 779 millones de dólares registrado en diciembre,
de 4% del PIB al 2.5%, el Gobierno ha formulado un plan para recortar
el gasto público en 270 millones de dólares e incrementar los ingresos
por concepto de recaudaciones fiscales. Al elogiar la “enérgica”
respuesta del Gobierno ante la crisis, el Fondo Monetario Internacional
otorgó a Uruguay en marzo un préstamo contingente de 743 millones
de dólares que serán entregados a lo largo de tres años al país.
Este mes, el ministro de Economía, Alberto Bension, anunció que
Uruguay recibirá más o menos mil millones de dólares en ayuda del
Banco Mundial y el Banco Internacional de Desarrollo (BID), desde
ahora hasta finales del 2003.
Pero muchos analistas y economistas aseguran
que los recortes en el gasto no llegaron al núcleo de los problemas
estructurales del gasto público de Uruguay, y que el aumento en
los impuestos resulta contraproducente después de cuatro años de
recesión, precisamente cuando las recaudaciones nacionales están
descendiendo cada año.
El país, que tiene una de las economías más
fuertemente centralizadas que quedan en América Latina, necesita
privatizar su sector energético, de telecomunicaciones y activos
de infraestructura para amortizar la deuda, dicen. Tales medidas,
sin embargo, son bastantes difíciles en el aspecto político.
“Uruguay es un país en el que uno de cada
seis de sus habitantes trabaja para el Gobierno”, dice Morgan Harting,
analista de deuda soberana de Fitch Ratings. “La opinión pública
es conservadora y muy opuesta a los cambios rápidos”.
Aunque una divisa en proceso de depreciación
aumentará la competitividad de las exportaciones uruguayas, hasta
ahora el grueso de tales bienes ha estado destinado a Argentina
y Brasil, sus mayores socios en el bloque comercial Mercosur, que
también incluye a Paraguay.
Para ayudar a incrementar su base de exportación,
Uruguay firmó un pacto comercial con México. También estableció
una Comisión Conjunta sobre Comercio e Inversión con Estados Unidos,
para explorar formas de incrementar el comercio y resolver asuntos
comerciales bilaterales.
Los financieros están observando estrechamente
a la banca uruguaya. Muchos argentinos acaudalados, temerosos de
una devaluación (o con el fin de evitar impuestos) en su patria
tienen depósitos bancarios sustanciales en Uruguay; cuando el Gobierno
argentino limitó severamente los retiros de las cuentas bancarias
argentinas, los depositantes recurrieron a sacar efectivo de sus
cuentas uruguayas, lo que provocó una salida de cientos de millones
de dólares. El banco central tuvo que intervenir las operaciones
uruguayas del Banco Galicia, el mayor banco privado de Argentina,
debido a la corrida sobre los depósitos.
A medida que la crisis continúa en el país
vecino, la preocupación de muchos es que los uruguayos puedan decidir
también que ya es hora de colocar sus ahorros bajo el colchón.
La autora es periodista de The New York Times
News Service
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