Panamá, 10 de mayo de 2002
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Peligran centros ecoturísticos en México

Elizabeth Fullerton
De REUTERS

SAN IGNACIO, México. -En el centro de ecoturismo Kuyima, en el estado mexicano de Baja California, las pequeñas cabañas alimentadas por energía solar están a un paso de una espectacular laguna donde ballenas grises se reproducen cuatro meses al año.

Los visitantes de la laguna de San Ignacio, rodeada de un desierto con mesetas y volcanes y con desembocadura en el mar, miran a las ballenas retozar, emergiendo del agua con agilidad y zambulliéndose bajo botes repletos de emocionados turistas.

Las criaturas son muy amigables, sobre todo si se tiene en cuenta que dos veces casi se extinguen por la caza indiscriminada en los dos últimos siglos. Incluso los ballenatos recién nacidos se acercan a los botes para que los turistas toquen su gomosa y dura piel.

Pero el idilio es precario. El resentimiento de la gente del pueblo de San Ignacio, a dos horas en auto de la laguna, y los intentos del Gobierno de gravar con impuestos el avistamiento de ballenas como actividad de lujo pondría en juego el futuro de centros como Kuyima.

De acuerdo con la gente del centro, el pueblo está resentido con el éxito moderado del centro ecoturista, que recibe alrededor de mil 200 visitantes por año y la mayoría paga 150 dólares por noche, una pequeña fortuna para una pobre región de pescadores.

Un controvertido proyecto de hace dos años que proponía construir una planta de sal en la laguna ha dividido aún más las opiniones en la zona.

Mientras los pobladores ven la planta como una potencial fuente de trabajos, los centros como Kuyima se unieron a una protesta masiva advirtiendo sobre los riesgos que eso traería para las ballenas grises que migran al sur para reproducirse entre enero y abril en la templada bahía.

El proyecto se congeló, exacerbando la impopularidad de los centros ecoturistas de la laguna entre los pobladores.

Y ahora el Gsobierno federal amenaza con imponer una serie de impuestos en los botes para aumentar sus ingresos, lo que podría matar a la recién nacida industria del ecoturismo.


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