Panamá, 10 de mayo de 2002
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Rubén Blades sin garra

Ninguno malicia que la canción de Blades, ahora en etapa madura, parece haber cedido aquella garra que la mantuvo prendida al gusto popular

Jaime A. Porcell Alemán
japorcell@yahoo.com.mx

El trío de conciertos del fin de semana, donde el cantautor presenta su trabajo ante 15 mil fanáticos, genera noticias entusiastas, entrevistas y suplementos, hasta tres especiales de televisión. La luminosidad de la estrella deslumbró a periodistas, quienes continúan aplaudiendo en las crónicas. Ninguno malicia que la canción de Blades, ahora en etapa madura, parece haber cedido aquella garra que la mantuvo prendida al gusto popular. Tan es así que en algunos fanáticos queda la impresión, como afirma una azuerense, que Rubén está viviendo de su fama, o como dice otro, ahora canta pero no encanta.

Cada vez que reitera aquellas canciones antológicas, léase Pedro Navaja, Ligia Elena, Decisiones, El padre Antonio y Patria, el público corea a voz en cuello. Sus fanáticos insaciables piden más de esa crónica urbana que lo hace famoso. Pero un cantautor negado a la reiteración, expresa ir hacia una canción ahora más abstracta y reflexiva, aunque de magnífica calidad.

Los conciertos impactan en un público que no comprende el trabajo de “Tiempos”, tampoco el de “Mundo” (cuyos números apenas estrena). Sucede que lo nuevo de Rubén no prende como antes.

Exitos de Blades han estado teñidos de la exquisitez brasileña. Las sonoridades bossa y samba muy evidentes en El cazanguero, Pablo Pueblo y Paula C, nunca obstaculizan aquella virtud de agradar. Pero en “Mundo”, además del color carioca, incluye influencias afrocubanas, flamencas e incluso celtas, pero que sintonizan mal con la gran audiencia. Igual ya sucedió con “Tiempos”. Ambas producciones, aunque desbordan belleza, carecen de gancho para generar amor a primera vista.

En eso de arrobar al primer sonido, Rubén ha sido antológico, desde Juan González, Pablo Pueblo, Cipriano Armenteros, Las esquinas son (ambas cantadas por Ismael Miranda), Juan Pachanga. No sin lástima, admito que la sonoridad de Editus, entre grupo de cámara y jazz, no convoca ese algo arrebatador que llaman garra.

La popularidad que logra el autor desde los 70, con letras para pensar, demuestra que la salsa podía ir más allá que el mero baile, y ser eficaz vehículo de promoción de ideas. Pero en estas dos últimas producciones, el famoso panameño insiste en sonar para halagar a conocedores. Y el público ya entendió el mensaje e inició migración.

Un sincero Blades confiesa que “en términos de ventas, la acogida (de ‘Tiempos’) no ha sido buena” (revista Agenda). Luego adosa su tesis de “Ahora estoy haciendo un trabajo de fusión... que tiene tremenda audiencia a nivel mundial”. Confía así en que, por cada fanático de San Miguelito que lo abandone, lleguen dos de Europa, cosa que nunca sucede con “Tiempos”.

Como si no fuese suficiente la tibia acogida de los números de “Tiempos” y “Mundo”, Blades insiste en congelar el espectáculo presentado. Monta en el escenario al exquisito cuarteto vocal brasileño, Boca Livre. Boca cantó en Panamá traído por Fundación Violeta, donde genera sensaciones armónicas avasalladoras. Ya entonces, impresiona como estático en escena aunque excelso hasta el dolor. Su trabajo resulta etéreo para una audiencia salsera que evalúa el producto final como gélido.

Blades emprende esta gira, con Editus, Boca y el gaitero Rigler, con evidente finalidad didáctica. Mas el espectáculo calca demasiado aquella impresión de trabajos bellos, pero elitistas y sin garra, que dejara “Tiempos” y ahora “Mundo”. El público tendría derecho de juzgarlo frío y poco ameno, cosa que no hace porque, más que cariño, el cantautor despierta veneración.

Su asociación con Boca abre infinitas posibilidades, siempre que busquen el lenguaje que habla nuestro caribe y que Rubén bien conoce. El genial cuarteto necesita incursionar en otro género afro, hermano de la samba: la salsa. La dirección de Blades para encontrarse otra vez con una garra que sigue allí, no parece ser que su música sea más brasileña y elitista. Al contrario, que la música de Boca camine hacia Rubén haciéndose más caribeña y popular.

El autor es investigador de mercado


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