Rubén Blades: entre el poder y la gloria
Para algunos, confesar respaldo a la candidatura de Martín resulta prematuro para un Rubén que bien podría estar entre los candidatos del 2004
Jaime A. Porcell Alemán
japorcell@yahoo.com.mx
En Rubén Blades Díaz coexisten roles en una sinfonía aún inconclusa: abogado de pleito virgen, respetable actor de teatro y de películas, bolerista inacabado, regular guitarrista pero excelente cantante y cada vez mejor sonero, compositor antológico, connotado analfabeto musical (no lee ni escribe) pero fino apreciador intuitivo, inventor de bandas, salsero iconoclasta, espadachín intelectual intolerante e intolerable, jodedor empedernido y supremo del vacilón, discutidor del dominó, matemático de la palabra exacta donde un sí es igual a la firmeza de una roca, filántropo agazapado, narrador de embeleso; fanático, crítico indolente e inventor de sí mismo, flaco por definición, gordo de sueños, brillante como enemigo, publicista de virtudes ajenas, caricaturista de voces y víctima irrecuperable de la picadura del bicho político. Además, único panameño más dispuesto a cabalgar que a conducir (por alguna sinrazón, cultiva la manía de no manejar).
El musicólogo colombiano César Pagano, en artículo de Talingo y cuyo título tomo prestado, afirma que Blades vive demasiado diferente a la preocupación social que cantan sus letras. Sugiere allí, concentrar su talento en la música y desechar devaneos con el poder. Admito que no pocos panameños veneran al Blades cantautor, como rechazan al político. Pero a sus 54, Rubén en una mano ya empuña la gloria artística, mientras con la otra, acaricia a un poder insinuante.
Asombra que con 35 años de arte a cuestas, tan conspicuo representante de la emergencia de lo latinoamericano, continúe arrasando. No sé como convencen al evasivo Blades, pero hace apenas dos meses, en Puerto Rico abandera el Día de la Salsa. En el Zócalo de México, convoca a 100 mil fanáticos. Pero en su último y exquisito álbum “Tiempos” como en la nueva producción que prepara, atraviesa etapa de apertura a sonoridades, alejadas de aquella salsera que le atraería gloria y fortuna. Las obras de la madurez tocan a iniciados, pero apenas rozan al gran público quien clama por verlo reiterarse dignificando la salsa.
Dudo que su activo político resulte irrecuperable. Luego de transitar por la dolorosa extinción del experimento Papa Egoró, hoy admite lo que Gloria Young siempre reclama: un partido no puede dirigirse por fax. Otra aventura electoral sólo queda posibilitada cuando fije residencia.
Para algunos, confesar respaldo a la candidatura de Martín resulta prematuro para un Rubén que bien podría estar entre los candidatos del 2004. Y aunque tan rotunda declaración eche por tierra la tesis de aquella aspiración, continúa marcando piano entre las preferencias populares.
Rubén nace luminaria. Ya en el Instituto Nacional, en donde escribe cuento y poesía, constituye el centro de la jarana. Apenas adolescente, canta en televisión con su mamá, la pianista Anoland Díaz, y con el grupo The Saints, de su hermano Chichito. Triunfa aquí con los Salvajes del Ritmo, en el ´73 en New York y Latinoamérica con Juan González. En el ´94, con su fama ya consolidada, los principales candidatos lo invitan a formar coalición.
El autor de Patria sostenía entonces que las alianzas no dejan gobernar. Camina amparado sólo por aquella propuesta Una sola casa, donde vuelca su visión de gobierno. Pero en el ´99, abraza coalición con el gobernante PRD, desandando 25 años de oposición a éste, por acatar decisión de un sector de su partido. Este termina extinto, para pervivir sólo en el cariño infinito de su famoso fundador, quien confiesa fidelidad al Papa Egoró hasta la muerte.
Blades nunca capitaliza la campaña ´94, donde alcanza honroso tercer lugar. De preservarse, Papa Egoró y Rubén abanderarían hoy seria opción, considerando el momento de incredulidad en políticos y partidos tradicionales.
Su premiada “La Rosa de los Vientos”, producida aquí, y la construcción de una residencia en San Carlos, insinúan que programa aterrizaje permanente para antes del 2004, para comprobar que vive lo que canta y que Pagano yerra. Y entonces sí, preparémonos, que Rubén llega, tira otros tres conciertos y forma el jaleo. Y cuidado que los sancarleños le enseñan a manejar.
El autor es investigador de mercado
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