El monseñor
El Monse no solo construye organizaciones reales de acción, sino que tiene el talento de saber comunicar su inspiración más allá de su círculo íntimo, motivando así a muchos más a actuar
I. Roberto Eisenmann Jr.
Nuestra nación tiene un colectivo de obispos de mi Iglesia. Nos referimos a cada uno de ellos con el título de “monseñor”. Sin embargo, en una conversación cualquiera entre católicos, si alguno de los participantes se refiere sin nombre propio a “el Monseñor”, todos sabemos sin duda alguna que hablamos de Rómulo Emiliani. ¿Por qué? Porque hay títulos formales que se dan por decreto o designación, y hay títulos de hecho que se ganan con la acción. Hay dirigentes formales por título decretado, y hay líderes naturales que nacen espontáneamente del alma de los seguidores.
Rómulo Emiliani, “el Monse” para su pueblo, es hoy por hoy el líder natural de la Iglesia católica de Panamá.
El exilio que sufrió por año y nueve meses, y el nuevo exilio que pasará en San Pedro Sula como obispo auxiliar (o sea, bajo otro obispo como jefe directo diario), no han logrado sino agigantar su figura como líder natural de la Iglesia panameña… título este que seguirá ostentando –no importa dónde esté radicado físicamente– por gracia del pueblo católico de nuestra nación.
¿Cuál es el secreto del Monse?… ¿por qué sobresale tanto? Hay muchos sacerdotes (aunque no suficientes) y obispos con buen verbo, con capacidad de inspirar con su palabra a sus feligreses. ¿Por qué, entonces, esa diferencia en el Monse? Es que hay homilías inspiradoras que nos motivan a vivir más intensamente nuestro cristianismo propio, pero el Monse nos motiva a la acción colectiva y lo hace con lo que sí es único en él, y dificilísimo de encontrar en el sacerdocio: el talento especial de inspirar con la Palabra del Clavado en la Cruz llevada a la acción; acción organizada, acción ejecutiva, acción vigorosa, acción efectiva y eficaz. No le basta con inspirar con la palabra, sino que lidera la acción y logra cosas importantes para así cumplir –en la praxis (en la práctica)– con su profunda vocación cristiana.
No hay obispo, no hay ejecutivo de empresa, no hay servidor público que haya creado y tenga funcionando eficazmente (y al mismo tiempo) tantas organizaciones de impacto social sostenible como tiene el apostolado de monseñor Emiliani en Panamá; por eso es un sacerdote único. Por eso su inspiradora palabra tiene tanto eco. No son homilías teóricas y santurronas. Son homilías basadas en lo posible e ilustradas con el ejemplo personal de compromiso y acción organizada. Por otra parte, lo que muchos resentirán y calificarán como “roba cámara”, es más bien un compromiso por comunicar con transparencia lo que hace. Por eso los medios también responden positivamente a su apostolado. No es lo mismo escribir que comunicar. El Monse no solo construye organizaciones reales de acción, sino que tiene el talento de saber comunicar su inspiración más allá de su círculo íntimo, motivando así a muchos más a actuar.
Durante su mes de despedida en Panamá, el Monse me privilegió con una visita. Venía a comunicarme su necesaria renuncia como director-fundador de MiBANCO. Lo hizo con los ojos preñados de lágrimas, sobre todo cuando le comuniqué que en reciente asamblea general de accionistas había sido reelecto por unanimidad como representante de los asociados (“empleados” en otras empresas).
Hablamos mucho de su año y nueve meses de exilio, su inspirador viaje por la India –país extraordinariamente espiritual–, de lo duro que es el exilio (algo que ambos hemos vivido), de tener las raíces fuera de nuestra tierra; hablamos mucho del impacto social de MiBANCO, de la corrupción… y de los problemas y oportunidades de nuestro Panamá.
Fue una conversación maravillosamente inspiradora con un sacerdote único.
Sobre su nueva asignación en Honduras, le repito lo que diría un bogotano “que le sea leve, querido monseñor”. Aquí lo estaremos siempre pensando, y esperando que la jerarquía reconozca más pronto que tarde que su puesto es aquí, con sus raíces profundamente sembradas en la tierra que lo vio nacer… donde se ha ganado un liderazgo natural y auténtico que nadie, jamás, le podrá quitar.
Hasta muy pronto, monseñor.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
Además en opinión
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Eisenmann Jr.
• Rubén Blades:
entre el poder y la gloria: Jaime A. Porcell Alemán
• Monseñor Emiliani:
Norberto Delgado Durán
• En el Día
Mundial de la Libertad de Expresión: José Miguel Alemán
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