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La aprobación en tercer debate
del proyecto de ley que permite la utilización del Fondo Fiduciario
para el Desarrollo es un paso en la dirección correcta, aunque
bastante tardío. Sin duda, será un estímulo para la economía,
generará empleos y se reflejará en importantes obras que el
país reclama. Pero no hay que olvidar las perspectivas a largo
plazo. Panamá necesita más inversión nacional y extranjera,
que está reducida a un mínimo debido a un problema que nos
afecta gravemente. Se trata de la corrupción que lo envuelve
todo en una bruma de sospechas. Algunos dirán que es más apariencia
que realidad, pero lo cierto es que las investigaciones sobre
las denuncias de corrupción no prosperan, los casos no se
resuelven y eso en nada conviene al país ni a sus instituciones.
Se requiere celeridad en las investigaciones, transparencia
en toda la administración pública y eficacia en los tres órganos
del Estado para restaurar la confianza en el país. Excusas
siempre habrá, pero nadie las creerá a menos que los casos
se resuelvan y las interrogantes se contesten de modo creíble
y verificable. Ese sería el mejor estímulo a la inversión
nacional y extranjera y, además, puede hacerse sin costo alguno.
Lo único que se necesita es voluntad. |
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