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Il Rigoletto
Aunque sus pastas son excelentes, el servicio
no está a su altura
Aristóloga
Especial para La Prensa
revista@prensa.com
En junio de 1999 reseñé a Il Rigoletto, con
resultados muy satisfactorios. Decidí volver en días pasados para
comprobar si aún mantienen la excelencia que los caracterizó en
el entonces, amén de que andaba con un antojo sietemesino: moría
por unos ravioli hechos en casa.
Recordaba también una excelente mesa de antipasti,
que la primera vez obvié a favor de otras ofertas elegidas directamente
del menú. Me place informar que la mesa de antipasti sigue vivita
y coleando. RDT1 optó por los antipasti y regresó con un plato con
tres tipos de berenjena: unas a la vinagreta, de un verde pálido
obtenido al pelar el fruto antes de comenzar a cocinarlo; otras
en una simple preparación de aceite de oliva, ajo y hierbas; las
terceras, entomatadas, que no tenían nada que pedirle a sus hermanas
de huerto. Además, trajo varios tipos de aceitunas adobadas y unos
excelentes pimientos morrones. La mesa, no obstante, trae muchas
más ofertas –ensaladilla rusa, ensalada caprese, algunos mariscos,
vegetales marinados y aliñados como brócoli, zucchini, peperonata,
tomates secados al sol– pero esta fue la muestra elegida por RDT1.
RDT 2 y 3 eligieron sendos platos de crema de champiñones, delicada
y perfumada con el fruto de los bosques y de mejillones en una simple
preparación de aceite de oliva, vino blanco y un leve toque de ajo
y cebollas, que llegaron en su punto justo, porque un poquito más
de cocción y hubieran quedado cauchudos.
La oferta de pastas de Rigoletto es extensa,
y se caracteriza por las excelentes pastas hechas en casa. Ya anteriormente
he probado sus pappardelle y sus fettucini, y como esta vez todas
queríamos pastas rellenas, transamos por pedir unos tríos, siguiendo
las sugerencias del chef, ya que no nos podíamos decidir. En lo
que sí estuvimos de acuerdo fue en que todas queríamos probar las
pastas rellenas, y en cada plato, nos incluyeron una ración de ravioli,
una de tortelloni y una de agnolotti. Los agnolotti, que son unas
hojas grandotas, generosas, redondas, rellenas de papas y perejil
(¡oh, bucólico manjar!), vinieron en un caso recubiertos de una
espesa salsa de crema, hongos y prosciutto di Parma y en el segundo,
con una exquisita salsa de tomates frescos. La segunda oferta, los
tortelloni rellenos de ricotta, trajeron en el primer caso una salsa
de tomates frescos, pero esta vez complementada con chorizo italiano,
dulzón, penetrante y con un toque de semillas de hinojo que diferenció
totalmente a ésta de su contraparte más básica y los ravioli, unos
rellenos también de ricotta que vinieron con el tradicional pesto
genovés y los otros, gloriosos, rellenos de calabaza con un simple
aliño de mantequilla, salvia fresca y queso parmesano ligeramente
espolvoreado encima, casi me dejan sin habla.
La otra cosa que me tenía sin habla era el
volumen de la música, ya que tenía justo encima de mi cabeza, como
la espada de Dámocles, una bocina que soltaba unos aullidos que
no me dejaban ni pensar –bueno, tal vez esté exagerando– pero cuando
llegó la hora del postre, pedimos una mousse de chocolate y un “salami”
de chocolate y almendras. La dosis de serotonina me devolvió el
uso de mis facultades. La mousse de chocolates estaba muy sabrosa,
pero ocupó segundo lugar tras el salami de chocolate, elaborada
bajo el mismo principio de la mousse, pero con una mayor proporción
de mantequilla. Se corta, fría, en lascas, y es puro deleite, no
obstante el hecho de que el azúcar no se llegó a disolver del todo
y se sentía granulosa al paladar. Añado, a tenor informativo, que
en otra ocasión me comí una mousse de caramelo que más parecía helado:
dos bolas melosas y decadentes (eso sonó feo) de crema dulce, con
ese sabor inigualable del caramelo levemente quemado que me transportaron
a la gloria. En aquella ocasión también comimos una pasta con una
salsa de zanahorias que estaba excelente. Lo que no nos pareció
excelente fue la lista de vinos, que estaba muy parca y desequilibrada
y no le hace justicia al menú. Tampoco le hace justicia el servicio
injustificadamente mediocre, ya que el restaurante no estaba ni
un tercio lleno, por lo que le estoy bajando las tres estrellas
y media otorgadas hace tres años. Dixit.
Calificación:
* * *
Presupuesto: $ $ $
Dirección: Calle 48 y
Avenida Uruguay
Teléfono: 214-9632
Acceso a discapacitados: Sí.
Amplios estacionamientos
Aceptan: Efectivo y tarjetas
de crédito
Recomendamos: Mousse
de caramelo, crema de hongos, ravioli relleno de
calabazas
Buena relación costo calidad:
Antipasti ($5), trío de pastas ($12) |
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