Panamá, 2 de mayo de 2002
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Il Rigoletto

Aunque sus pastas son excelentes, el servicio no está a su altura

Aristóloga
Especial para La Prensa

revista@prensa.com

En junio de 1999 reseñé a Il Rigoletto, con resultados muy satisfactorios. Decidí volver en días pasados para comprobar si aún mantienen la excelencia que los caracterizó en el entonces, amén de que andaba con un antojo sietemesino: moría por unos ravioli hechos en casa.

Recordaba también una excelente mesa de antipasti, que la primera vez obvié a favor de otras ofertas elegidas directamente del menú. Me place informar que la mesa de antipasti sigue vivita y coleando. RDT1 optó por los antipasti y regresó con un plato con tres tipos de berenjena: unas a la vinagreta, de un verde pálido obtenido al pelar el fruto antes de comenzar a cocinarlo; otras en una simple preparación de aceite de oliva, ajo y hierbas; las terceras, entomatadas, que no tenían nada que pedirle a sus hermanas de huerto. Además, trajo varios tipos de aceitunas adobadas y unos excelentes pimientos morrones. La mesa, no obstante, trae muchas más ofertas –ensaladilla rusa, ensalada caprese, algunos mariscos, vegetales marinados y aliñados como brócoli, zucchini, peperonata, tomates secados al sol– pero esta fue la muestra elegida por RDT1. RDT 2 y 3 eligieron sendos platos de crema de champiñones, delicada y perfumada con el fruto de los bosques y de mejillones en una simple preparación de aceite de oliva, vino blanco y un leve toque de ajo y cebollas, que llegaron en su punto justo, porque un poquito más de cocción y hubieran quedado cauchudos.

La oferta de pastas de Rigoletto es extensa, y se caracteriza por las excelentes pastas hechas en casa. Ya anteriormente he probado sus pappardelle y sus fettucini, y como esta vez todas queríamos pastas rellenas, transamos por pedir unos tríos, siguiendo las sugerencias del chef, ya que no nos podíamos decidir. En lo que sí estuvimos de acuerdo fue en que todas queríamos probar las pastas rellenas, y en cada plato, nos incluyeron una ración de ravioli, una de tortelloni y una de agnolotti. Los agnolotti, que son unas hojas grandotas, generosas, redondas, rellenas de papas y perejil (¡oh, bucólico manjar!), vinieron en un caso recubiertos de una espesa salsa de crema, hongos y prosciutto di Parma y en el segundo, con una exquisita salsa de tomates frescos. La segunda oferta, los tortelloni rellenos de ricotta, trajeron en el primer caso una salsa de tomates frescos, pero esta vez complementada con chorizo italiano, dulzón, penetrante y con un toque de semillas de hinojo que diferenció totalmente a ésta de su contraparte más básica y los ravioli, unos rellenos también de ricotta que vinieron con el tradicional pesto genovés y los otros, gloriosos, rellenos de calabaza con un simple aliño de mantequilla, salvia fresca y queso parmesano ligeramente espolvoreado encima, casi me dejan sin habla.

La otra cosa que me tenía sin habla era el volumen de la música, ya que tenía justo encima de mi cabeza, como la espada de Dámocles, una bocina que soltaba unos aullidos que no me dejaban ni pensar –bueno, tal vez esté exagerando– pero cuando llegó la hora del postre, pedimos una mousse de chocolate y un “salami” de chocolate y almendras. La dosis de serotonina me devolvió el uso de mis facultades. La mousse de chocolates estaba muy sabrosa, pero ocupó segundo lugar tras el salami de chocolate, elaborada bajo el mismo principio de la mousse, pero con una mayor proporción de mantequilla. Se corta, fría, en lascas, y es puro deleite, no obstante el hecho de que el azúcar no se llegó a disolver del todo y se sentía granulosa al paladar. Añado, a tenor informativo, que en otra ocasión me comí una mousse de caramelo que más parecía helado: dos bolas melosas y decadentes (eso sonó feo) de crema dulce, con ese sabor inigualable del caramelo levemente quemado que me transportaron a la gloria. En aquella ocasión también comimos una pasta con una salsa de zanahorias que estaba excelente. Lo que no nos pareció excelente fue la lista de vinos, que estaba muy parca y desequilibrada y no le hace justicia al menú. Tampoco le hace justicia el servicio injustificadamente mediocre, ya que el restaurante no estaba ni un tercio lleno, por lo que le estoy bajando las tres estrellas y media otorgadas hace tres años. Dixit.

Calificación: * * *
Presupuesto: $ $ $
Dirección: Calle 48 y Avenida Uruguay
Teléfono: 214-9632
Acceso a discapacitados: Sí. Amplios estacionamientos
Aceptan: Efectivo y tarjetas de crédito
Recomendamos: ‘Mousse’ de caramelo, crema de hongos, ‘ravioli’ relleno de calabazas
Buena relación costo calidad: ‘Antipasti’ ($5), trío de pastas ($12)



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