Panamá, 2 de mayo de 2002
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Un mensaje al corazón

Son muchas las instituciones y organizaciones donde este enviado de Dios ha influido para conseguir mejores días

Víctor N. Juliao Gelonch

El ser humano necesita dos tipos de alimentos para poder desarrollarse plenamente; el primero fortalece lo que se ve y se siente; me refiero al aspecto físico, y el segundo engrandece lo invisible, pero se convierte en el nervio que impulsa lo visible; se trata del espíritu, el alma. Ambos son importantes en el desarrollo integral de las personas y creo, a no dudarlo, que si de grado de importancia hablamos, es el espiritual el que ocupa la primera posición.

La semana pasada nuestra presidenta de la República, Mireya Moscoso, con buen tino, condecoró a uno de los hombres de esta tierra que lleva muchos años dándonos esos alimentos espirituales; se trata de monseñor Rómulo Emiliani, hijo nativo de la provincia de Colón, quien tuvo el privilegio de ver la luz divina un 3 de mayo de 1948. El prelado ha rebasado las fronteras panameñas y su nombre resuena en muchas latitudes, precisamente por esa entrega, por esa vocación, por esas enseñanzas semanales que nos regala intituladas Un mensaje al corazón. A través de la radio se escucha su verbo conciliador y fraternal, en todos los países de Centro América, Colombia y Ecuador.

Su punto central es hacernos ver a los cristianos que en los peores momentos de nuestra vida si tenemos al Ser Supremo en nuestro corazón, “somos invencibles”. La presidenta Moscoso le impuso a monseñor Rómulo Emiliani la Orden Manuel Amador en el grado de Gran Oficial, en reconocimiento a su labor en beneficio del pueblo panameño y su consagración al servicio de Dios en la Congregación de los Hijos del Corazón de María, en la que ha dedicado su vida a llevar ayuda, luz, alivio y esperanza a las clases más necesitadas del país.

Estamos hablando de un hombre que de 1969 a 1976 estudia filosofía y teología en el Colmenar Viejo, de Madrid, España; que el 8 de julio de 1976 obtiene la licenciatura en teología sistemática en la Universidad Pontificia Marqués de Comillas, de Madrid, España. El 8 de agosto de ese mismo año recibe la orden sacerdotal por imposición de manos de monseñor Jesús Serrano, obispo del Vicariato de Darién; el 25 de enero es consagrado obispo del Vicariato de Darién, por imposición de monseñor José Sebastián Laboa, nuncio de Su Santidad el Papa, en Panamá, para aquella época y finalmente la Santa Sede lo designa como obispo auxiliar de San Pedro Sula, en la república de Honduras.

Hablar de Rómulo Emiliani es referirse a la Asociación Pro Hogar Transitorio de Desarrollo Juvenil, de la Juventud Católica Renovada, de la Asociación-Comunidad Católica Pescador de Hombres y un Mensaje al Corazón, todas en Costa Rica; de la Asociación Luz y Vida, Asociación Pro-Nutrición Infantil Nutre Hogar, del Equipo de Salud Cristo Sana, de la Fundación Pro Niños de Darién, de la emisora católica Voz Sin Fronteras, de la Fundación Ofrece un Hogar y un Mensaje al Corazón, todas en Panamá.

Son muchas las instituciones y organizaciones donde este enviado de Dios ha influido para conseguir mejores días, para orientar con sus conocimientos espirituales, para devolverle la fe perdida a muchos, y para salvar a otros que estaban a punto de cometer una locura con su vida.

El acto de la condecoración fue muy emotivo y allí la presidenta Moscoso indicó que la mejor manera de agradecerle todo lo que ha hecho por Panamá es comprometiéndose al mantenimiento y fortalecimiento de cada uno de sus proyectos. “Qué mejor tributo a su labor, que combatir con mayor determinación el flagelo de la desnutrición infantil, que fortalecer sus programas dedicados a los ancianos, enfermos, detenidos y a las madres adolescentes”, dijo la mandataria.

A su vez Rómulo Emiliani, visiblemente emocionado expresó: “Sus palabras me han conmovido demasiado y le doy las gracias a usted por lo que ha dicho; lo guardaré en mi corazón, palabra por palabra y para mí, esto me ha causado y me causa una gran emoción, porque sentí que cuando usted hablaba, hablaba el alma del pueblo panameño; lo he sentido así y usted representa la nación panameña y al pueblo panameño”.

Estimados lectores, monseñor Emiliani ingresa al Seminario Claretiano, en Santo Domingo de la Calzada, en Logroño, España. Esa decisión va precedida de grandes reflexiones y cavilaciones que lo llevan a tomar una decisión de gran trascendencia para su vida. “La Biblia nos habla de los muchos que son llamados y pocos los escogidos”; Rómulo Emiliani debe sentirse feliz porque él está en ese pequeño grupo sirviéndole a Dios y a los pueblos donde ha cumplido, cumple y cumplirá una labor evangelizadora. El domingo, los darienitas, en particular y la nación en general, le tributaron un hasta luego al hombre que no solo ha llevado el alimento espiritual, también ha permitido que miles de niños obtengan el otro a través de sus programas de nutrición. ¡Hasta pronto hermano!

El autor es ministro de Estado


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