¿Por qué debemos estar orgullosos de la ACP?
Nuestros líderes tienen visión de futuro y nuestros profesionales son tan competentes y motivados como sus contrapartes internacionales
Mónica C. Lee
Como empleada de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), he seguido con interés y preocupación durante estos últimos meses las noticias nacionales e internacionales sobre la ACP y el Canal de Panamá.
Con interés, porque constato que hay un reconocimiento justo a la labor de los profesionales panameños en la administración de esta magna obra: el Canal de Panamá. Es un secreto a voces que la capacidad de Panamá para manejar el Canal estaba en entredicho a nivel mundial en el momento de la transición en 1999. Hoy tras dos años de esa fecha memorable, es un hecho reconocido internacionalmente que lo estamos realizando, orgullosamente, con clase mundial. Nuestros líderes tienen visión de futuro y nuestros profesionales son tan competentes y motivados como sus contrapartes internacionales. Además, seguimos luchando por ser los mejores y dar lo mejor a Panamá y a los panameños.
Con preocupación, porque la curiosidad natural del panameño y su carácter extrovertido lo llevan a efectuar públicamente afirmaciones subjetivas no avaladas por hechos, o a exhibir hechos que supuestamente constituyen fraude o acto ilícito sin seguir los procedimientos estipulados por ley, perjudicando a priori el buen nombre de las instituciones y las personas involucradas. Es sano que, como ciudadanos, manifestemos nuestro sentir con respecto a las instituciones y a los funcionarios del país. Esta inquietud, sin embargo, debe canalizarse de forma que se respete la integridad de la imagen y el buen nombre de nuestras organizaciones y de nuestros conciudadanos.
No hemos de olvidar que como panameños y como ciudadanos del mundo, estamos viviendo un momento histórico para la república de Panamá. Hemos de responder a los panameños de hoy, y a los panameños del mañana, por la responsabilidad singular depositada en la ACP. La ACP es, con mucha honra, el escaparate de Panamá y los panameños para el mundo. Seamos, pues, consecuentes con nuestro cometido y superemos nuestras diferencias y limitaciones con altura, procurando “lavar los platos sucios en casa”, pero con dignidad.
Personalmente, estoy sumamente orgullosa de ser parte de la familia ACP. Opino que, como panameños, tenemos razones sobradas para enorgullecernos con mayúsculas de este baluarte de Panamá: La ACP está dejando en alto el nombre de Panamá y los panameños. Arriba la ACP, arriba Panamá y arriba los panameños.
La autora es supervisora en la ACP y licenciada en administración de empresas
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