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Dentro del clima de hostilidad
que reina en el Medio Oriente, resultan esperanzadoras las
últimas decisiones adoptadas por Sharon y Arafat a instancias
del presidente Bush. Por un lado, fueron trasladados a una
prisión de Jericó (Cisjordania) seis palestinos -cuatro de
ellos condenados- acusados de estar involucrados en el asesinato
del ministro israelí de Turismo. La custodia de esos presos
está a cargo de tropas estadounidenses y británicas. Por otro
lado, se ha levantado el confinamiento al que estuvo sometido
Arafat en las últimas semanas en torno a sus oficinas de Al
Mokata, y los tanques israelíes de momento han abandonado
la ciudad palestina de Ramala. Dentro de una situación complicadísima
y vulnerable, estamos ante pasos importantes que pueden conducir,
si bien no en el corto plazo, a abrir las puertas de un indispensable
diálogo sobre el futuro de esa peligrosa región del mundo.
Como en toda negociación, ambas partes han tenido que ceder.
Los acontecimientos de las últimas horas constituyen un alivio
para el presidente Bush, quien fortalece su posición frente
a israelíes y árabes, y también ante el resto de la comunidad
internacional, interesada en bajar la presión en el Medio
Oriente. Son muchas las situaciones pendientes en este conflicto
de grandes proporciones. Sin embargo, la avenencia que comentamos
es un rayo de luz plausible en medio de tanta hostilidad. |
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