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Se busca una salida
El programa de captación de
indigentes lleva dos años en ejecución
ANA TERESA BENJAMIN
abenjami@prensa.com
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| En los campamentos de REMAR la vida transcurre
entre rutinas estrictas y la evangelización. La idea
es que el orden y el conocimiento de la Biblia ayude a las personas
a superar sus problemas. |
Lo de Albertina comenzó con lágrimas. Vivía
en Colombia junto con su esposo, pero el matrimonio comenzó
a andar mal y sobrevino la separación. Entonces, encontró
refugio en la cocaína cuando contaba con 26 años de
edad.
Hoy, nueve años después, Albertina está en
uno de los campamentos de la Asociación Cristiana para la
Rehabilitación y Reinserción de Marginados en Panamá
(REMAR), en Villa Zaíta, y aunque solo tiene un par de días
de haber ingresado, Sandra e Irene las encargadas del campamento
la conocen de antemano. Y es que, como cuenta Albertina, esta es
la tercera vez que entra al campamento, como consecuencia de sus
problemas con los estupefacientes, aunque el período más
largo de estancia ha sido de tres meses.
Por buenos no ingresan, sino porque tienen muchos problemas,
cuenta Irene, quien tiene a su cargo a unas 20 mujeres que residen
en el campamento para indigentes que maneja la Asociación
junto con la Alcaldía de Panamá. Campamentos similares
existen en Chiriquí, Colón y Cerro Azul, este último
destinado para varones.
Aunque el lugar está ideado para albergar a los indigentes
que son recogidos en operativos que efectúa la Alcaldía
junto con REMAR y el Ejército de Dios otra de las asociaciones
cristianas vinculadas con el programa en el campamento de
Villa Zaíta hay historias de todo tipo.
Zaida, por ejemplo, fue encontrada en los huecos que el mar ha
formado debajo de la avenida Balboa. Con la mirada perdida y las
manos entrecruzadas, Zaida perdió la razón cuando
perdió a sus hijos. Todavía dice Irene
vive con el ansia de salir del campamento, porque está convencida
de que sus hijos la esperan en casa.
Verona tiene 53 años y habla con una velocidad casi insostenible
para el oído. Con una hija y tres nietos, llegó al
campamento forzada por sus familiares, que ya no encontraban manera
de hacerla dejar la piedra. Desde los 14 años consumo
droga, cuenta, y aunque lleva ya 10 meses en el campamento
(el tiempo mínimo es un año), Verona está convencida
de que la droga no la ha perjudicado mentalmente.
Lo mío es sinvergüenzura, agrega con la
mayor espontaneidad. Antes de entrar a REMAR, Verona conseguía
dinero planchando y lavando en la calle, y a través de la
venta de carne de cerdo y de pescado que hacía en su improvisado
puesto del Mercado Público.
Me gastaba de 10 a 15 dólares diarios en droga y pachas,
dice, y la necesidad de comida la suplía asistiendo a los
varios comedores sostenidos por diversas congregaciones religiosas
que existen en la ciudad. De esta manera, aunque formalmente vivía
en casa de su hija, en San Joaquín, Verona pasaba varios
meses sin parar en ella, y dormía en la de cualquier amistad
que, como ella, consumía droga.
Pero así como hay quienes cuentan su vida sin ninguna dificultad,
en el campamento hay varias mujeres que prefieren guardar silencio,
sostienen miradas perdidas, vierten comentarios incoherentes, adoptan
actitudes indiferentes o lanzan gestos un tanto agresivos.
Como dice Irene, personalidades hay de todo tipo, y
no siempre funciona la ayuda que brindan REMAR y el Municipio.
Indigencia en la ciudad
De acuerdo con las estadísticas de la Dirección de
Desarrollo Social del Municipio de Panamá, en el año
2001 se captó un total de mil 316 indigentes en la ciudad,
de los cuales mil 105 eran hombres y 211 eran mujeres.
El programa de la Alcaldía empezó hace dos años,
cuando se decidió solicitar ayuda a diversas organizaciones
tanto públicas como privadas para intentar mitigar
el problema de los indigentes en el distrito capital. Solo dos organizaciones
respondieron: REMAR y el Ejército de Dios.
Ambas organizaciones firmaron entonces un convenio con la Alcaldía
mediante el cual se comprometían a brindar atención
a los indigentes en diferentes instalaciones, y a cambio el Municipio
les otorgaría un subsidio mensual para la alimentación,
vestido y cuidado médico de estas personas.
Como explica el coordinador de actividades de Desarrollo Social
del Municipio, Agustín Hinestroza, el convenio establece
que, a cambio de la atención que ellos le brindan a estas
personas, se les da una asistencia económica mensual a cada
una. En el caso de REMAR estamos hablando de 25 mil dólares
mensuales, y en el caso del Ejército de Dios, de 7 mil 500
dólares mensuales.
La cantidad asignada a cada una de las organizaciones es proporcional
con la cantidad de personas que atiende cada cual, que en el caso
de REMAR son 200 personas, distribuidas en los varios campamentos
para indigentes que administra la organización.
Desde el 20 de marzo pasado, cuando se reiniciaron los operativos
de captación de indigentes, la Alcaldía ha recogido
ya a 213 personas, entre los corregimientos de Calidonia, Bella
Vista, San Felipe y Santa Ana.
Como explica Hinestroza, la entidad ya tiene identificados los
puntos en donde se congregan los indigentes, como son la antigua
Casa Müller, la Avenida Balboa y el área del restaurante
La Cascada, por citar algunos.
¿Quiénes son estas personas? Según el funcionario
municipal, la mayoría son enfermos ya sea por consumo
de droga y/o alcohol y otros pocos son pepenadores. El
piedrero se hace de pepenador, pero en realidad esa captación
de cosas que hace las vende para consumo de droga, y no para proveerse
de alimento o para apoyar a su familia, explica Hinestroza.
¿Funciona el programa?
Irene es realista. No puedo hablar de una mayoría
recuperada, dice.
Y es que, una vez que las personas entran en los campamentos, comienza
un proceso que pretende reinsertarlos en la sociedad, a través
de la desintoxicación, la elevación de la autoestima,
los tratamientos psiquiátricos -cuando se requieren-, el
aprendizaje de un oficio y la evangelización.
A través de la terapia espiritual intentamos que las
personas se encuentren a sí mismos, para que puedan recuperar
sus valores personales explica el director de REMAR Panamá,
Angel Chaparro. Con la terapia ocupacional, intentamos inculcarles
el trabajo y mantenerlos con la mente ocupada, agrega.
Sin embargo, la falta de seguimiento de los casos hace que, una
y otra vez, los campamentos se llenen con personas que ya han sido
atendidas. Cuando se van de aquí, por falta de personal,
es imposible darles seguimiento, explica el director de REMAR.
Una y otra vez se lamenta tenemos a la misma población
en los campamentos.
Hinestroza, por su parte, explica que en el Municipio se cuenta
con un equipo que le da seguimiento a los casos, con el fin de garantizar
que la asistencia económica que se brinda dé los resultados
esperados.
Y aunque Irene explica que, efectivamente, hay casos de personas
que han logrado dejar la droga y llevar una vida normal, hay muchos
otros que continúan en el círculo de siempre.
Como recalca Chaparro, entrar en la droga es fácil,
pero salir es casi imposible. Y Albertina, en su tercer intento,
bien lo sabe.
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| Análisis académico
sobre el Canal de Panamá es el seminario que dicta
la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) y el Departamento
de Relaciones Internacionales de la Facultad de Administración
Pública de la Universidad de Panamá.
El seminario continuará el 10 y 17 de mayo en el auditorio
de la citada facultad. Para mayor información llamar
al Departamento de Relaciones Internacionales al teléfono
264-8398.
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| Farmacias 24 horas en Panamá
y San Miguelito
Supermercados El Rey Milla 8, Calle 50, Calle 7, Chanis,
El Dorado, 12 de Octubre, Villa Lucre y Brisas del Golf y
Vía España.
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Hospitalaria, S.A. (Las Sabanas, Pueblo Nuevo).
Farmacia de la Policlínica Manuel Ma. Valdés.
Farmacia Policlínica J.J. Vallarino (Juan Díaz).
Farmacia del Hospital San Miguel Arcángel.
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Los alcaldes de los distintos municipios del país
son los facultados para velar por el fiel cumplimiento de
la Ley 16 del 10 de abril 2002, que regula el derecho de admisión
en los establecimientos públicos y dicta medidas para
evitar la discriminación.
De acuerdo con el artículo 11 de la citada norma:
el alcalde o alcadesa del respectivo distrito podrá
solicitar a la Policía Nacional o Policía Técnica
Judicial, así como decretar inspecciones a los establecimientos
comerciales, cuando lo considere para comprobar que no existe
discriminación.
Le ley en su artículo 7 establece que cualquier dueño
de local, persona natural o representante legal que infrinja
esta disposición por primera vez será sancionado
con multas de 250 a mil balboas. En caso de reincidencias
se duplicará la sanción de la primera.
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