Panamá, 30 de abril de 2002
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Caudillismo, liderazgo, ¿han quedado atrás?

Lo triste es que las personas que elegimos para gobernantes, carecen de esa cualidad

Carlos Baquero

Hace tiempo quería escribir sobre lo que considero liderazgo. Hoy día se habla mucho de liderazgo. Sin embargo, he notado que en la mayoría de los casos es simplemente una palabra de moda. Hoy vemos cómo en Venezuela esa palabra está tratando de prevalecer en su ambiente socio-político. Leíamos hace unos días que cuando Pedro Carmona fue nombrado de una manera interina como presidente de Venezuela, a raíz de los acontecimientos que todos conocemos, iniciaba sus difíciles tareas proclamando que “el caudillismo había quedado atrás” con la caída del presidente Hugo Chávez y que las “actitudes mesiánicas” habían sido repudiadas por el pueblo. Si bien es cierto que las decisiones tomadas por Chávez no resultaron las mejores, mucho más cierto es que fue electo presidente de Venezuela, precisamente por su calidad de caudillo.

Hoy vemos cómo el pueblo de Venezuela se revuelve ante la necesidad de soluciones. Resulta que, a nuestro parecer, el señor Carmona pecó de soberbia. Creyó que podría gobernar una nación en crisis, sin el apoyo incondicional de la misma. Le faltó la calidad de caudillo. Esa calidad que no tienen todos los seres humanos, es la que debiera primar a la hora de elegir a los líderes que nos han de gobernar. Podrían decirme que con ser caudillo únicamente no se manejan los destinos de una nación. Pero sucede que aquellos que logran esa calidad son precisamente los que logran el seguimiento incondicional de las personas y entre esas personas estamos seguros de que habrá profesionales capacitados en todas las áreas. Y el caudillo, por su condición natural, sabrá hacer converger, movilizar y energizar el intelecto y los recursos creativos de todas esas personas de la manera más adecuada para el desarrollo de la nación.

Nuestras naciones están en la búsqueda constante del caudillo. El caudillismo es una cualidad natural. Lo vemos incluso entre los animales. Si recordamos nuestros estudios, veremos cuán importante es el líder para el desarrollo de las sociedades. En todas las sociedades animales existe el rol de caudillo, tan marcado, que sin esa figura la sociedad no funciona. Nuestra sociedad humana no escapa de esa necesidad.

Comencé diciendo que hacía tiempo quería escribir sobre este tema. La idea me nació por la muerte del músico panameño Victorio Vergara. Allí, al lado de su féretro, pudimos notar una congruencia de miles de personas que fueron a darle el último adiós. Vimos a personas que, sin conocerlo personalmente, sentían la presencia de un líder natural que se iba, y vimos lágrimas en sus rostros. Oímos a sus compañeros de trabajo expresar con orgullo que Victorio había sido un líder. Escuchamos a Nenito Vargas contar cómo Victorio le enseñaba a dirigir para que cuando él faltase, Nenito tomase las riendas del grupo. Victorio era un líder natural. El sabía que sin el apoyo y seguimiento incondicional de su grupo, no habría logrado el éxito que logró. Y a la hora de su muerte se comprobó que había hecho lo correcto.

Su grupo pudo seguir con éxito gracias a que él así lo había promovido.

Lo triste es que las personas que elegimos para gobernantes, carecen de esa cualidad. Arnulfo Arias, aún cuando yo no haya creído nunca en él, era un caudillo. Era un líder natural. Omar Torrijos era otro líder natural.

¿Cuántos de nuestros actuales o pasados gobernantes pueden considerarse de esa manera? Nuestra opinión es que así como no se puede gobernar una nación con solamente ser caudillo, tampoco se puede lograr sin la presencia del caudillo. Es doloroso entonces pensar que el caudillismo haya desaparecido.

Ojalá no sea así, ojalá ese pensamiento de Pedro Carmona no sea el pensamiento mayoritario de las naciones.

El autor es profesor universitario

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