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A través de los años, la administración
de justicia ha sido víctima de tráfico de influencias, imposiciones
–sobre todo durante la dictadura–, aberraciones legislativas,
conflicto de intereses y muchos otros males. A ello se añade
la complejidad del sistema, lo que significa un verdadero
enigma kafkiano para la persona común que es víctima de una
demanda, denuncia, querella o acusación. Esa persona no entiende
la diferencia entre un corregidor, un juzgado nocturno, un
personero, un fiscal de circuito o uno superior. Tampoco entiende
cuáles son los ámbitos de competencia de la Procuraduría General
de la Nación, la Procuraduría de la Administración, y mucho
menos los asuntos que competen a cada sala de la Corte Suprema
de Justicia. Esa es una de las causas por las cuales se ha
perdido la fe en la administración de justicia. Para restaurarla,
es necesario simplificarla y explicarla de modo que las personas
a quienes se les aplica, puedan entenderla. No es nada fácil,
porque en Panamá hay una especie de inflación legislativa
que multiplica las normas a una velocidad impresionante, y
con ello produce conflictos de leyes en el tiempo y el espacio,
complicando aún más el panorama. Cuando ello se haga, se dará
un paso indispensable para restaurar la credibilidad en la
administración de justicia. Después habrá que atender otros
muchos asuntos. |
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