Panamá, 21 de abril de 2002
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La vida que duele

El síndrome de distrofia refleja es una enfermedad desconocida que afecta más a las mujeres

Redacción del Dominical
dominical@prensa.com

Cuando ocurre alguna anormalidad en las vías nerviosas, las señales que deberían viajar de forma normal hasta el cerebro se distorsionan y este las interpreta de forma equivocada, produciendo como consecuencia un dolor agudo. Al enviar señales distorsionadas, los nervios dañados interfieren en la información normal de las sensaciones, la temperatura y el flujo sanguíneo. Este tipo de anomalías se conocen como dolores neuropáticos y también pueden provocar la sensación de quemazón o hipersensibilidad al tacto.

La distrofia simpática refleja es un tipo de dolor neuropático. Se considera una variante de la causalgia, dolor muy intenso en las articulaciones que se produce a partir de una herida producida por un impacto a velocidad (una bala, por ejemplo). El síndrome de distrofia simpática refleja no es, sin embargo, necesariamente consecuencia de un trauma inicial.

Los síntomas del síndrome son los siguientes: dolor candente y continuo que suele ser mayor que el provocado por la herida, espasmos musculares, hinchazón, sudoración, ablandamiento de los huesos, sensibilidad o rigidez de las articulaciones, problemas motores, y cambios en las uñas y en la piel. Un signo del síndrome de distrofia simpática refleja es sentir la piel caliente cerca del lugar de la herida y se observa enrojecida y brillante, y luego se torna fría y azulada.

Sin embargo, el síndrome es todavía una enfermedad desconocida, a la cual no se le conoce su procedencia. Lo poco que se sabe de ella hace difícil el diagnóstico y, por lo tanto, pone en peligro el éxito del tratamiento. Si bien, algunos pacientes mejoran sin medicamentos, otros solo lo hacen cuando el síndrome es descubierto en sus fases iniciales. Una observación apropiada de los síntomas es fundamental para lograrlo.

Aunque el síndrome de distrofia simpática refleja puede producirse a cualquier edad, es más común entre los 40 y los 60 años. Y si bien lo padecen hombres y mujeres, estas últimas lo sufren con mayor frecuencia.


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