Otros habitantes
Sobre geckos y limpiacasas
Jorge Ventocilla
Instituto Smithsonian
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La limpiacasa cabecirroja fue desplazada
de las casas panameñas por el gecko cantador.
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El gecko cantador (Hemidactylus frenatus),
es ese pequeño reptil de color pálido que trepa por paredes, techos
y ventanas de nuestra casa, principalmente de noche, y de tanto
en tanto produce un sonido: toc, toc, toc, toc . Es originario de
tierras al sur de Asia y llegó a Panamá hace unos 20 años, en barcos,
aviones y otros medios de transporte humano. No se sabe a ciencia
cierta por qué, pero ha desplazado a la lagartija cabecirroja, que
sí es nativa; hoy en día es la “limpiacasa” más común de Panamá.
El gecko cantador come insectos pero solo
si están vivos, es decir, deben moverse para que el gecko los detecte.
Merodea por lámparas, focos y otras fuentes de luz para acechar
insectos. También le gusta comer fruta madura y con gran placer
lamerá y lamerá aquel dulce guineo maduro olvidado sobre la mesa
de la cocina.
Se reproduce por huevos, tal como lo hacen
buena parte de los reptiles. No tiene párpados y por eso tiene la
mirada siempre fija. Sin problema puede caminar por las paredes
e incluso por los techos, con el dorso hacia abajo, gracias a las
laminillas que tiene bajo sus dedos y que funcionan como ventosas.
César Jaramillo, biólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad
de Panamá, me explicó que en realidad son dos geckos de fuera los
que ahora viven en nuestras casas. Por lo visto ambos vienen originalmente
del Asia, pero antes que el Hemidactylus, llegó uno más pequeño,
el Lepidodactylus lugubris, que también “canta”. Este convivía con
la lagartija cabecirroja, pero cuando llegó el Hemidactylus, la
“correlación de fuerzas” cambió y la cabecirroja fue desplazada
de nuestras casas. Ahora se pueden ver las dos especies de geckos,
pero siempre Hemidactylus, el más grande, es el más común.
Por lo general los seres humanos miramos
con mayor condescendencia a aves y mamíferos, pero ante “bichos”
como los reptiles o los insectos nuestra actitud es distinta. En
defensa de los geckos cantores que vinieron de lejos para quedarse
a vivir entre nosotros, debo decir que es completamente falso que
sean venenosos o que causen cáncer y gangrena. Al contrario, son
beneficiosos porque comen insectos dañinos como las cucarachas.
Si no se les molesta, hasta aprenden a tener confianza en la gente
que comparte con ellos la misma vivienda.
A la inversa del gecko cantador, la limpiacasa
cabecirroja (Gonatodes albogularis) es diurna. Como todo reptil,
tiene la piel cubierta con numerosas y pequeñas escamas que le dan
un aspecto suave y delicado. El macho presenta una coloración muy
vistosa: tiene la cabeza de color rojo y el cuerpo negro. La hembra
es de colores menos llamativos, con matices de chocolate, negro
y gris sobre el cuerpo y la cabeza. Habita en troncos de árboles,
vivos o secos, en jardines y terrenos baldíos; también entre hendiduras
de paredes. Como hemos mencionado, antes se le encontraba más frecuentemente
en las casas y se supone que ha sido desplazada por el gecko cantador.
Comen pequeños insectos, ponen sus huevos
en cavidades de troncos y grietas y al igual que sucede con los
geckos, su cola fácilmente se desprende pudiendo luego ser regenerada.
Este es un mecanismo de defensa ante el ataque de un depredador:
es mejor dejarle la cola y salvar el resto.
Como los geckos cantadores, la lagartija
cabecirroja es un animal inofensivo y beneficioso que se alimenta
de insectos molestos para la gente. Por eso, la próxima vez que
se cruce con uno de ellos, - sea un gecko o una limpiacasa cabecirroja
-, déjelo en paz que daño no hace.
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