Panamá, 21 de abril de 2002
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Raíces sociales y religiosas

Hoy les traemos fotografías de dos sencillos actos, pero que son un ejemplo de lo que hemos querido decir

Harry Castro Stanziola
revista@prensa.com

Haga clic sobre la imágen para apreciarla mejor

La casa que aquí aparece podrá ser de madera, pero está en un alto, al borde de un vacío todo lo cual la dota de cierto frescor y de mayor intimidad. Lo primero que hay que establecer es si estaba situada en las afueras de la capital o en el interior del país. Ocho damas, trece caballeros más (mal aguero), más una niña conforman el grupo que les presentamos aquí. Son de distintas edades, pero sus vestimentas están de acuerdo con la época en la que las tuvieron que lucir. Dos de las mujeres portan una guitarra y un violín. De acuerdo con esto la fiesta estaba más que asegurada. ¿Estarían inaugurando, la nueva construcción? Algunos parecen extranjeros o poco mezclados aún. A ver si aparecen familiares o conocidos que los reconozcan y nos puedan ayudar. Abajo: Se trata del matrimonio de la pareja que vestida de blanco ocupa en la fotografía la parte central. Lo anterior lo decimos porque se ve en la parte delantera y superior de la casa, que aquí vemos, algo que es similar a una figura religiosa empotrada a la pared. Otra pregunta. ¿Sería todo aquello un pequeño y sencillo templo de vaya a saber qué religión? Tal como ya lo han podido notar hoy estamos mas despistados que lo usual. En todo caso, las escenas que les hemos señalado poseen cierto encanto, cierta originalidad que nos ha hecho imposible el no irlas a escoger. De todas maneras son raíces costumbristas que no se pueden olvidar.

Los seres humanos han sido en su mayoría amantes de vivir en comunidad. A medida que el hombre empezó a sembrar y a recoger lo conseguido, fue sintiendo la necesidad de asentarse en una sola área, para así poder trabajar mejor. El producir le impuso a la vez la necesidad de comerciar, de compartir ideas y ganancias a través de su agrupación.

De esa manera los núcleos formados iban creciendo más y más. A los hombres les iba mejor estando asentados en un solo sitio que el tener que vagar sin rumbo para subsistir. Las experiencias se compartían. La familia encontraba una nueva y más segura manera de consolidarse y persistir.

La vida social también se incrementó. Abundaron las celebraciones. Se sentía mas seguridad. Nuevas formas de gobierno aseguraron la mayoría de las veces la tranquilidad.

Es casi seguro que los primeros pobladores del Istmo recorrieron grandes distancias para llegar acá. Encontraron magníficas condiciones para poderse asentar. El clima presentaba más ventajas que inconvenientes. La abundancia de los productos naturales, producía admiración.

Por muchos años siempre reinó la paz. La tierra, el aire, los ríos y la mar se encargaban de facilitar los medios de mantenerse y vivir. ¿Para qué seguir siendo nómadas cuando el ser gregario resultaba mejor?

Pronto se organizaron las ciudades. Los lazos familiares, comerciales, sociales, religiosos y económicos se fueron apretando cada vez más. Aparecían más acontecimientos para celebrar. Nacimientos, bautizos, matrimonios, defunciones y entierros fueron aumentando en cantidad. La política impuso más reuniones a las que se tenía que asistir.

En las ciudades se fueron creando los parques habituales y sabrosos lugares de reunión. Los grupos de amigos, las retretas, las procesiones y las manifestaciones desde ellos se podían organizar mejor.

Por otro lado, los clubes y las variadas asociaciones aglutinaban grupos de cada vez mayor población. Los lugares de trabajo, las ferias y las calles se llenaban más y más.

Hoy existe una gran contradicción. Las comunicaciones se han facilitado, pero a la vez nos han aislado un poco más. Las habitaciones u oficinas con sus ordenadores, correos electrónicos, mensajes instantáneos y a distancia se reciben y se despachan desde las cuevas de cemento del mundo actual.

Hoy les traemos fotografías de dos sencillos actos, pero que son un ejemplo de lo que hemos querido decir.

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