‘Contactos’ y amigos, S.A.
La historia de tres aprendices
de calbideros cuyo primer contrato fue de diez millones de dólares
Rolando Rodríguez B.
rrodriguez@prensa.com
P oseer un restaurante representa, en no
pocos casos, un negocio de muchos sacrificios: dispararse en medio
de la madrugada a buscar alimentos de primera; fajarse en las artes
del regateo o mantener una difícil clientela satisfecha. Pero, para
otros, es también una caja de resonancia —siempre y cuando se sepa
escuchar bien—, especialmente si es frecuentado por abogados, políticos
o empresarios de seguros.
Horacio Petroni —el propietario del restaurante
El Viejo Pipo— demostró tener un oído virtuoso, supremamente agudo
y una insospechada vocación por los negocios. Una conversación entre
dos de su comensales, Walter Mayers y el abogado Ramón Mendoza —que
trabajan para Lew Rodin—, sacudió su imaginación. Tras unas breves
operaciones aritméticas, concluyó que probablemente habría una tajada
para él si conseguía hacer negocios con Lew Rodin. El empresario
trataba de promover un proyecto para construir y vender casas de
bajo costo en las áreas revertidas, con una inversión máxima de
400 millones de dólares.
En la conversación, Petroni —de acuerdo con
una declaración jurada ante el Ministerio Público el pasado 22 de
febrero— se enteró del proyecto y de que Rodin llevaba 7 meses con
su proyecto paralizado.
Petroni —consciente de que su aporte a un
negocio de bienes raíces tenía poco que ver con aderezar ensaladas—
contactó a otro de sus comensales, Fabio Alvarado Barés, con quien
planeó conseguir una “platita extra”. No era una elección al azar.
Petroni sabía “que el señor Fabio tenía contactos en el Gobierno”,
declaró.
Pocas semanas después de reunirse con Alvarado
y Petroni, Rodin firmó un contrato en el que se comprometía a pagarles
diez millones a cambio de sus servicios. Sin que sus nombres figuraran
para nada en la sociedad, Petroni y Alvarado crearon en septiembre
de 2001 la sociedad Gestiones Nacionales e Internacionales con la
que haría negocios con Rodin.
Los socios
Abogados de Rodin figuran como agentes residentes
de esta sociedad, cuya especialidad es, según palabras de Alvarado,
“la promoción, desarrollo y culminación de proyectos que necesiten
el impulso que todo proyecto de magnitud necesita”. Más claro ni
el agua.
Alvarado ha demostrado ser un prolífico y
—muy a la moda— diversificado empresario. Además de figurar como
dignatario de una sociedad que preside Carlos Wittgreen (un viejo
socio de Manuel Antonio Noriega), preside otra, al parecer, vinculada
al modesto negocio del “transporte selectivo”, llamada Radiotaxi
2000, S.A. Es, además, empresario de seguros, distribuidor de gas
y ahora “cabildero”.
Petroni confesó que supo de la existencia
de la palabra “cabildeo” cuando le habló a Alvarado del negocio.
Para él, había definiciones más sencillas: “él [Alvarado] me comentaba
que tenía amistades dentro del Gobierno”.
Alvarado —en declaración jurada ante el Ministerio
Público el 22 de febrero de 2002— comentó las razones por las que
él cree que fue contactado por Rodin. Para nada mencionó sus “contactos”
en el Gobierno, por el contrario, su carta de presentación dijo
que fueron sus 30 años en la empresa privada, “con una realización
empresarial medianamente exitosa”. Con esos contactos, dijo, “me
parece que tengo facilidades y relaciones para tocar puertas”.
Por su lado, Petroni ya no tenía mucho más
que aportar al negocio, pues él ya había hecho su parte: fue quien
“llevó”: el negocio. En otras palabras, era el padre de la criatura.
Sin embargo, Petroni se tomó el trabajo de
“estudiar bien el proyecto” y de gestionar una rebaja del precio
del terreno que pretendía comprar Rodin, para lo cual se reunió
con el jefe de Catastro del Ministerio de Economía, Adalberto Pinzón.
Sin embargo, la gestión de los “cabilderos”
fue otro fracaso, ya que Pinzón dijo a La Prensa que “no se reconsideró
ni un solo centavo” del avalúo que se hicieron a esas tierras.
El tercer socio de Alvarado, Rodrigo Riera,
también parece tener credenciales de empresario especializado en
las más diversas disciplinas. Es dignatario de sociedades de nombres
sugerentes, tales como: Gerencia de desechos sólidos de Panamá;
Radiotaxi 2000; Lucar Oil Gas, Inc.; Sound Laboratories; Residencial
Costa Bella; etc. y es el “asesor financiero” del proyecto, según
Alvarado.
Los ‘primísimos’
¿A qué se refería Petroni con los “contactos”
y “amigos” de Alvarado en el Gobierno?
Quizá ello pueda ser explicado en una circunstancia
un tanto “accidentada”. Alvarado —pariente del jefe de la Policía,
Carlos Barés— era uno de los pasajeros del helicóptero HP-1430 hundido
en febrero de 2001, cuando, procedente de la casa presidencial de
Punta Mala, viajaba hacia Panamá. Junto a él, viajaban Carmen Muñoz
y Gisela Moscoso de Palermo, primas hermanas de la presidenta, Mireya
Moscoso.
Carmen Muñoz es hermana del presidente de
la junta directiva de la Caja de Seguro Social, Erasmo Muñoz (quien,
como se deduce, es primo de la presidenta). Gisela Moscoso de Palermo,
esposa de José Domingo Palermo —nombrado por Moscoso como directivo
del Ente Regulador— es también secretaria de la presidenta.
Riera, por su lado, era (o es) entrañable
amigo del ex ministro de Gobierno y Justicia y hoy magistrado de
la Corte Suprema de Justicia, Winston Spadafora. Y éste, a su vez,
era (o es) cliente de Petroni, en su concurrido restaurante, “donde
he almorzado un par de veces con él [Spadafora], como lo he hecho
con varios ministros”. Petroni, como se ve, también disponía de
unas cuantas “amistades”... o ¿contactos?
Las gestiones
Así pues, con estos flamantes socios, Rodin
suscribió el contrato el 14 de septiembre de 2001. Se supone, de
acuerdo con una declaración jurada de Rodin, que la empresa de Alvarado
debía proporcionar un estudio de factibilidad, consultas con instituciones
financieras, con empresas privadas y estatales, asesoramiento, etc.
Y los pagos vinieron enseguida: 400 mil dólares
cambiaron de manos en cosa de semanas. Esos pagos eran para cumplir
el contrato, que estipulaba el pago de un abono inicial de 200 mil
dólares, tras su firma, y 200 mil dólares más un mes después. El
resto se pagaría a razón de 250 mil dólares durante 17 meses, y
luego 100 mil dólares por mes durante cuatro años.
Así pues, comenzaron las reuniones y Petroni
se ocupó de conseguir pases para que Rodin inspeccionara varias
propiedades en las áreas revertidas. “De más está decir que yo hice
la gestión”, se enorgullece Petroni en su declaración. Y de más
está decir también que esos pases son gratuitos y se obtienen con
sólo llamar a la ARI, informó la propia institución.
Sin duda, los servicios de Petroni, Alvarado
y Riera resultaron ser extremadamente costosos, pues resulta que
el contrato advertía que cualquier necesidad de contratación de
ingenieros, arquitectos, ambientalistas, financistas, etc., debía
correr por cuenta de Gestiones Nacionales, pero Petroni admitió
en su declaración que su equipo de trabajo no era otro que ellos
mismos.
Y aunque en el contrato no se menciona ni
una palabra de publicidad, Petroni asegura que esa era la principal
actividad asignada a su empresa. “Nuestra tarea —comentó— era la
de hacer todos los trabajos de mercadeo, publicidad del mismo y
todo lo que publicitariamente conlleva en cierto momento tratar
que dicho proyecto sea bien visto”. En consecuencia, aseguró, “íbamos
a tener un gasto bien grande”, aunque no lo precisó.
Las inversiones
En lo que parece no haber invertido ni un
centavo fue en papel. Preguntado por algún documento que respalde
su gestión tras embolsarse un tercio de los 400 mil dólares pagados
por Rodin, Petroni reconoce cándidamente: “documento en sí, no se
le presentó”. Después de todo, ya tenía sus pases para ver las áreas
revertidas. Además, Petroni asegura que “se logró bajar en parte
el precio de los terrenos”, cosa que no fue así, tal como se dijo
líneas atrás.
Los fracasos de los “cabilderos” parecen
haber colmado a Rodin, pues Alvarado y Petroni alegan que él “no
goza de mucha paciencia con temas que tienen que ver con un mercadeo
y una publicidad de tan grande proyecto”.
¿En qué se gastaron los 400 mil dólares que
pagó Rodin?, preguntó las Procuradurías a Petroni. “Se ha utilizado
—dijo— en todas estas reuniones anteriormente citadas por mí, cenas
y almuerzos” y en preparar la publicidad del proyecto. ¿Y dónde
se hacía eso? “La mayoría de las reuniones —admitió— se realizaron
en mi restaurante, El Viejo Pipo”. Rodin invitaba, después de todo.
Empero, Alvarado habló de otro destino: como
eran “honorarios”, fueron a dar a sus bolsillos.
¿Cuál fue el resultado de la gestión de los
“cabilderos”? “Fue una estafa”, se queja Rodin. Petroni y Alvarado
dijeron sentirse extrañados de esa expresión, “pero lo cierto es
que el contrato está vigente”, afirmaron. Ello se contradice con
una carta que Rodin envió a La Prensa el 4 de febrero pasado: “desafortunadamente
estos señores no me pudieron resolver estos problemas” y por ello
dio por terminado el contrato.
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