Octavio Arosemena y sus Ideas Vívidas
Mónica E. Kupfer
revista@prensa.com
Como la meditación, el acto de pintar es para Octavio Arosemena parte de un proceso de sanación natural y crecimiento espiritual. Artista autodidacta, se inició en las artes a través de la música clásica, tema que ha estudiado por años con la disciplina y el orden que caracteriza su lado científico, aquella parte de su personalidad que lo llevó a convertirse en odontólogo.
Alrededor de 1997, en búsqueda de una distracción relajante -y seguramente, en el subconsciente, de la auto-expresión- compró papel y acuarelas y comenzó el camino estético que aún recorre con intensidad casi obsesiva.
Se inició en la pintura a solas, creando acuarelas
que no mostraba, disfrutando el efecto terapéutico de esta nueva
actividad. El enfrentamiento con la pintura y el papel, unido al
proceso de convertir sus ideas en formas, lo han llevado desde entonces
a crear imágenes que surgen desde lo más profundo, sin imitaciones
directas ni de la moda ni de la tradición artística. Como en un
flujo de conciencia, Arosemena va ordenando conceptos y figuras,
produciendo obras de manera continua, cambiante y progresiva.
Exposiciones
Su primera exposición fue de trabajos que él llamó “construcciones”, acuarelas que mostraban juegos repetitivos de formas y colores, usualmente rectángulos de pigmento acuoso en patrones cuidadosamente ejecutados, que se caracterizaron por sus colores limpios, delicadas transparencias y detallada nitidez. Esos recuadros y cuadrículas fueron transformándose en formas de lápidas inscritas o documentos llenos de signos y símbolos imaginados en pinturas que el artista oportunamente clasificara como “textos”, haciendo referencia silenciosa tanto al testimonio histórico como a la sobreabundancia de archivos en esta era de la informática.
El interés por el lenguaje escrito, la música y hasta la medicina sigue presente en las obras actuales de Arosemena. Series de acuarelas como “Textos e imágenes” muestran páginas colmadas de escritura, colocadas unas al lado de otras como tableros con información que no podemos leer.
Por otra parte, sus composiciones a veces sugieren las páginas de una cuadrícula médica, llegando a incorporar costuras con hilo negro que recuerdan las suturas de un cirujano. Finalmente, se destaca la manera en que el artista representa la música, dando vida al ritmo por medio de formas repetidas, tonos en degradé y brochazos que bailan sobre la superficie del papel. Ya no busca, como antes, interpretar los patrones como partes de algún paisaje, sino que admite -a través de sus títulos- que el cometido es la representación bidimensional de sensaciones sonoras.
Arosemena explora nuevos territorios. En sus acuarelas más recientes hay referencias a eventos políticos de la actualidad, reflejo de la manera en que la violencia exterior detona reacciones interiores. Entre veladuras líquidas como nubes de color, percibimos con el ojo y la imaginación la forma de misiles, nubes atómicas, signos arabescos y figuras humanas envueltas en tonos sombríos, con toques de un rojo que sangra y se riega, como el agua cuando invade el papel.
Con relación al oficio y la técnica, sorprende la seguridad de los trazos y la armonía de los matices que logra este pintor que aún siente sorpresa ante su propia creatividad.
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