Cuarteles o cementerios
José Otero y Rafael Pérez
planas@prensa.com La Comisión de la Verdad
descubrió 24 fosas comunes con restos humanos ubicadas en su mayoría dentro de
antiguos cuarteles militares y sitios utilizados por la policía secreta para torturar
a opositores al régimen. Estos señalamientos
son parte el informe final hecho público, ayer, por la Comisión de la Verdad,
donde se establece que el mayor número de víctimas de la dictadura militar se
registró entre los años 1968 y 1972. Durante
los 15 meses de investigación, el equipo de antropología de la comisión efectuó
excavaciones en 36 sitios distintos en las provincias de Panamá, Bocas del Toro
y en la isla penal de Coiba, en el litoral pacífico.
En Panamá se hallaron fosas clandestinas en la pista del aeropuerto militar de
Tocumen que servía de base a la desaparecida Fuerza Aérea Panameña (FAP), al igual
que en los terrenos de la casa de los pilotos, sitio en el que actualmente está
la sede del Servicio Aéreo Nacional (SAN).
También se hallaron osamentas en el sector conocido como “la olla” en el desaparecido
cuartel militar de la compañía de Infantería Los Pumas, en Tocumen, así como en
el polígono de tiro de esta base militar.
Otras tumbas clandestinas con restos humanos se encontraron en el desaparecido
cuartel del Escuadrón de Caballería, localizado en Panamá Viejo; en los terrenos
de la cárcel La Joyita, en Pacora, sede de la compañía de fusileros Batallón 2000.
Además se localizaron restos enterrados en
dos residencias en la ciudad capital, utilizadas tanto por el Departamento de
Investigaciones Nacional (DENI) como por el G-2, para torturar civiles, y conocidas
como Casa de Miraflores y la Charquita. Se asegura que en ambas estuvo detenido
el sacerdote colombiano Héctor Gallego, desaparecido desde 1972.
Otros sitios militares en los cuales se hallaron restos humanos
fueron el fuerte Espinar en Colón, los terrenos del cuartel policial de David,
y en la pista aérea y el cementerio de la isla penal de Coiba.
El informe destaca que los diversos métodos de torturas utilizados
por los militares fueron “brutales”. Se menciona
la llamada “macarena o macarela” que consistía en encerrar a los proisioneros
en cuartos oscuros, cuyas medidas no sobrepasaban un metro, mientras se les dejaba
caer agua fría. La “chiquera” era otra de
las vejaciones a las que se enfrentaban los opositores al régimen y consistía
en una plancha de concreto en la cual se amarraba a las víctimas y se les exponía
a sol o lluvia. Asimismo se menciona la “alambrada”
o el “corral”, una especie de cercado con alambre de púa; ahí se encerraba a los
prisioneros, sin derecho a alimento. La “despertadora”, donde se obligaba a la
persona a permanecer todo el día de pie, sin dormir, y para asegurarse de ello
se le tiraba agua fría. La “tigra” y la “charca”,
eran otras de las torturas. En la primera se encerraba a la persona en un cajón
de madera y se le introducían clavos por todas partes y la segunda consistía en
un desagüe de aguas negras, en el cual el prisionero era acostado boca abajo.
Se afirma que hubo evidencias de estas torturas
en los casos de los homicidios y desapariciones de Dora Moreno, Hipólito Quintero,
Floyd Britton, Encarnación González, Hugo Spadafora y el padre Héctor Gallegos,
entre otros. Durante el primer año de la
dictadura militar es decir en 1969, según las investigaciones, las víctimas eran
simpatizantes del depuesto presidente Arnulfo Arias Madrid; luego, de 1970 a 1972,
las víctimas eran personas opuestas al régimen militar. Después de 1972, añade
el informe, los asesinatos y desapariciones disminuyen.
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