Panamá, 14 de abril de 2002
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Revoltillo

Y le envidié una frugalidad que en cinco años de presidencia le permitió ahorrar lo suficiente para darse gustos tan insignificantes

Guillermo Sánchez Borbón

Hay un gran escándalo político en Illinois, que asegura –después de muchos años en el peladero– el triunfo del Partido Demócrata en las venideras elecciones estatales. Dos ayudantes del gobernador nombraron primitos suyos en puestos administrativos secundarios (allá es un delito gravísimo).

En EU, como en el resto del mundo, los gobernantes tienen familiares que bordean peligrosamente la imbecilidad, a quienes no tienen más remedio que sobrellevar con resignación; pero a ninguno de ellos se les ocurre nombrarlos ministros de Estado, cónsules o embajadores. Mireya es el único mandatario que no sólo se enorgullece públicamente de sus tarados, sino que les confía responsabilidades que sobrepasan con creces inteligencias hechas para operaciones más sencillas, como, por ejemplo, sumar, con el auxilio de los dedos de la mano izquierda, dos más uno.

****La presidenta se queja de que –a propósito de una escandalosa transacción del Banco Nacional– cuestionen todos los actos del gobierno. No todos, pero sí los juegos de números. Si una propiedad vale, digamos, 750 mil dólares, y el banco acepta por ella, digamos, 250 mil, habiendo rechazado previamente, digamos, 500 mil dólares, todo el mundo comienza a sospechar que hubo trinquete, o que el gerente y los miembros de la directiva utilizan una aritmética distinta a la del resto de los mortales. Especialmente si en la sombra, agazapado detrás de esos malabarismos gemátricos, acecha el valido; y si nadie –ni el Gobierno central, ni el gerente del BN, ni la junta directiva– se considera obligado a darle una explicación satisfactoria al pueblo panameño, único dueño legítimo del BN y de todos sus haberes.

****Yo no sé si los políticos panameños son cínicos, imbéciles morales o simplemente tontos. ¿Leíste la entrevista al toro que publicó El Panamá América del 9 de abril? Si no, debes leerla ahora mismo. Está en la subsección “sobre la vida de ricos y famosos”. Ya en el titular, confiesa ser un toro romántico. Un toro romántico viene a ser algo así como una mofeta simbolista. La entrevistadora nos dice que el toro “dejó a un lado la dureza de su carácter y entre agradables sonrisas nos dejó descubrir la sensibilidad del otro lado de su rostro” (the money winning side of my face, decía John Barrymore). Sensibilidad no es la palabra que yo elegiría para aplicarla a un tipo que hace un inventario tan ofensivo de sus posesiones. “Y hasta nos enseñó su juguete nuevo: un Lexus azul descapotable”. “Nado en la piscina de mi casa o corro [sin que haya necesidad de corretearlo]. Tengo una máquina de correr (¿!) en el gimnasio de mi casa”.

Una de las revelaciones de la entrevista que más alegrará a sus lectores: el toro es un pescador birrioso. Y para satisfacer su pasión, se ha comprado un yate de “62 pies, muy cómodo, con tres camarotes, todas las facilidades de una casa realmente”, como debe ser. También tiene “un avión y un helicóptero”. “El avión es de dos pilotos, muy rápido, acomodado para ocho pasajeros, lo uso todos los meses para ir a Guatemala, México, el Caribe y toda América”, pero no a Estados Unidos. Además de yates y aviones, colecciona casas “una casa en Panamá, una en Cerro Azul, una en la playa (Punta Barco), [otra] en Boquete, y todas son trabajo”. ¿Quiso decir trabajadoras? ¿Casas hacendosas? También colecciona autos:

“–¿Tiene cinco carros entonces?– le pregunta la entrevistadora.

”–Que tú conoces aquí (sonríe) –contesta el entrevistado–. Tengo un carro en Europa también, que uso para andar por ahí, un Mercedes LS 500”.

También tiene un BMW, un Mitsubishi, una Toyota, un Porsche y el nuevo Lexus. Cero y van seis. Pero, siempre hay un pero: “Lo malo de los autos finos es que te aburres, porque no se dañan”.

¿No te da una gran alegría que tu presidente se trate con tanto cariño? A mí la entrevista me conmovió hasta las lágrimas. Y le envidié una frugalidad que en cinco años de presidencia le permitió ahorrar lo suficiente para darse gustos tan insignificantes como seis autos (sin contar los 4x4), cuatro casas, un yate, un avión de dos pilotos, un helicóptero (con socio). Todavía le faltan algunas cosillas para ser completamente feliz: un yo-yo, un frisbie, un trompo musical, las obras completas de Rico McPato, los discursos (también completos) de Chávez, un árbol de ackee para cocinar el fruto con bacalao o para dejar para siempre este mundo (como diría Eliot) “not with a bang, but a whimper”.


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