Tras el espejismo del tesoro de la ARI
Para quienes padecen criterio comercial demasiado estricto, las administraciones pecan de generosidad
Jaime A. Porcell Alemán
Tacita de oro” la nombran. Al decir de Mireya, somos un país rico, lleno de gente pobre. Tampoco hay región interoceánica pobre, sino ilusos tras el espejismo de un tesoro.
Ese ilusionista llamado Omar Torrijos materializa la idea de que aquellos B/.30,000 millones en activos, que estimaron valía la Zona del Canal, contienen la llave del cofre de nuestra futura riqueza. Desde entonces, los panameños, siempre urgidos de ilusión y cerveza para bajar la cruda realidad, añoramos abrir el cofre del tesoro. Hoy descubrimos con desencanto, que tamaña riqueza era espejismo. De los bienes de la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) obtendremos sólo un máximo de B/. 226 millones para financiar el desarrollo, que no serán pocos, pero que tampoco alcanzan para mucho.
Luego que desde el 1 de octubre del 79 diera inicio el proceso de reversión, por fin después de 22 años conocemos con exactitud, al menos cuánto valen los activos de las 59 mil hectáreas de ARI, que ascienden a B/. 5,747 millones. Aunque remonta apenas una quinta parte de la riqueza esperada, cifra tan enorme, aún despierta falsas ilusiones.
A tantos millones, el Diálogo por la Reactivación Económica les propone un uso estratégico. Plantea financiar: la Autopista Panamá-Colón, saneamiento de la Bahía, Ciudad Gubernamental e incluso, viviendas de interés social. Otros fincan esperanzas en invertir tales fondos, en reflotar el deficitario programa de Invalidez Vejez y Muerte del Seguro Social. La quinta parte de los B/. 5,747 millones resultaría suficiente para financiar lo pretendido y más. Entonces, con semejante millonada, ¿cómo que las riquezas de ARI son espejismo?
La ley que regula el ordenamiento territorial de la antigua Zona del Canal otorga el 48% de las tierras a la Autoridad del Canal de Panamá. Cuarenta y tres por ciento para protección ambiental, reforestación para la preservación de las fuentes hídricas del Canal y mantenimiento de la biodiversidad, que administran en conjunto ARI y la Autoridad Nacional del Ambiente.
Pero sólo el 8%, 13,200 hectáreas, de las 163 mil que conforman todas las áreas revertidas, resultan utilizables en el desarrollo y generación de empleos, y la mitad ya fue otorgada. De las restantes se espera grandes cosas. Asentarán actividades marítimas y comerciales. Propiciarán el desarrollo turístico, urbanístico e industrial. Además, deberán permitir la expansión de las ciudades de Panamá y Colón. Pero sobre todo, albergarán actividades cónsonas con la generación de empleos permanentes y que, de paso, redundarán en desarrollo económico e ingresos al Gobierno. Las áreas de mayor vocación desarrollista se ubican en Howard, Sherman, Amador, Horoko y Rodman.
También Gobierno e instituciones sociales hincan el diente a propiedades. En total, sólo bienes destinados para actividades gubernamentales, institucionales y sociales, suman 2,877 hectáreas, con un valor de B/. 1,306.7 millones, los que no generan ingresos para ARI ni para el Estado. O sea, un 46.2% de su patrimonio resulta improductivo. Además, conceden una extensión 5 veces más amplia, 14,700 hectáreas, al Instituto Smithsonian, entre otros, para reforestación y conservación.
Para quienes padecen criterio comercial demasiado estricto, las administraciones pecan de generosidad. Para ellos, ARI debiera vender ya lo que resta y cerrar. Pero, priorizar la generación de empleos, realizar buenos negocios, además, preservar los recursos hídricos que utiliza el Canal en el cruce de barcos, supone administrar con mesura e inteligencia.
De los bienes disponibles para comercializar, luego de gastos y aportes, (ARI aporta 61 centavos a las arcas del Estado, por dólar de ingreso) ingresarán B/.226 millones, siempre que venda todo, los que alcanzan malamente para sanear bahía. A menos que el administrador de ARI, Alfredo Arias, multiplique panes y peces, las expectativas irreales aparejarán otra decepción. Los tesoros guardados en el cofre de la región interoceánica no alcanzan, ni de cerca, para esas viviendas, autopista y Ciudad Gubernamental, que proponen panameños bien intencionados. Entonces, resultaría sano bajar la cruda realidad a punta de cerveza, porque de espejismos, mejor nada.
El autor es investigador de mercado
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