Parentela libre de pecado
Quién mejor para administrar
el Gobierno que la propia familia, dirían los defensores de esta
práctica
Rafael Pérez G.
rperez@prensa.com
Se podría definir ‘‘nepotismo’’ como la sospechosa
coincidencia entre miembros de una familia y la estructura del poder.
Del italiano nepote: sobrino, y este del latín nepos, el Diccionario
de la Real Academia Española define la referida práctica como la
desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las gracias
o empleos públicos.
La Ley No. 9, a través de la cual se establece
y regula la carrera administrativa, define el nepotismo como “la
falta administrativa en que incurre la autoridad nominadora que
beneficia con nombramientos en puestos públicos a su cónyuge, pareja
de unión consensual u otros parientes dentro del tercer grado de
consanguinidad y segundo de afinidad.
Aunque la presidenta de la República, Mireya
Moscoso, insista en utilizar como mecanismo de defensa que sus críticos
hayan guardado silencio sobre la misma conducta asumida en administraciones
pasada, una revisión de los archivos de los diarios panameños revelan
que el tema en mención ha sido recurrente, tras la instauración
del sistema democrático en Panamá.
Quién mejor para administrar el Gobierno
que la propia familia, dirían los defensores de esta práctica. Otros,
aquellos que repudian la desmedida preferencia que políticos dan
a sus parientes, opinan, a su turno, que el poder concedido temporalmente
por los votos no implica el derecho a solucionar el desempleo familiar.
¡Claro que hay casos excepcionales! Aquellos
miembros de una familia que detentan simultáneamente altos cargos
públicos, con la aprobación y hasta el arrobo de sus votantes. Tal
fue el caso, por ejemplo, de la familia Kennedy en la política estadounidense.
“En aquellos años del Camelot, el mandatario de Estados Unidos,
John F. Kennedy, su hermano Robert, su hermano Edward, su cuñado
Sargent Shriver, entre otros, ocuparon altos cargos en el gobierno
de ese país norteamericano. Pero no son muchos los Kennedy de este
mundo, y, en cambio, no escasean los casos de nepotismo”.
Ya La Prensa en innumerables artículos periodísticos
ha documentado esta práctica. Uno de ellos fue aquel intitulado
“Los Kennedy en Chiriquí” en alusión a la participación de familiares
de Ernesto Pérez Balladares en su administración gubernamental.
Años después, este mismo diario publicó una
crónica periodística que intentaba desenmarañar la tupida red de
apellidos y relaciones que se multiplicaban como espejos encarados
en la actual administración. En la nota, titulada “Todo queda en
familia”, se advertía precisamente que pese a que no es una práctica
nueva, en el actual gobierno parecía que la relación entre miembros
de estas familias y cargos públicos era tan frondosa o más.
El martes último, la mandataria Moscoso volvió
a quejarse de aquellas personas que cuestionan el nombramiento en
el aparato gubernamental de funcionarios que mantienen parentesco
entre sí, porque, según dijo, no adoptaban esa misma actitud crítica
durante los pasados gobiernos.
Y los cuestionamientos a este modo de gobernar
no provienen exclusivamente de sus adversarios políticos. En su
informe preliminar, la Comisión Presidencial Anticorrupción, designada
por la propia presidenta, advirtió sobre la necesidad de establecer
controles encaminados a evitar el nepotismo en todas sus formas
en la administración, que incluye el nombramiento de grupos familiares
que ejercen “un poder de decisión institucional”.
Moscoso respondió a estas sugerencias en
una carta fechada el pasado 4 de abril, en la que señaló que en
todos los gobiernos y en todos los países existen y existirá en
alguna medida la práctica de “dar a personas cercanas y parientes,
cargos y responsabilidades públicas”. Más importante que criticar
las vinculaciones familiares de los funcionarios, dijo la mandataria,
resulta importante, a su juicio, asegurarse de que quienes ocupan
los cargos públicos cuenten con la capacidad para ejercerlo y desempeñen
sus tareas con responsabilidad, honestidad y eficiencia.
Sus consideraciones ahora como jefa del Ejecutivo
contrastan con los compromisos que en esta materia alcanzó durante
el pasado torneo electoral. En la página 74 de su plan de gobierno,
se comprometió, si llegara a ser electa presidenta, a poner en marcha
una reglamentación legal para evitar los conflictos de intereses
entre los servidores públicos y los asuntos asignados a su competencia,
y que se establecerían controles para “evitar el nepotismo”.
Mientras que ello ocurre, para muchos, la
victoria electoral de Mireya Moscoso abrió de par en par las puertas
de acceso al empleo estatal.
El autor es periodista
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