Panamá, 11 de abril de 2002
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Una brumosa fábula rural

Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com

Los artistas tienen temas que le son muy estimados. Se trata de conflictos humanos que les interesa tanto que los abordan constantemente para entenderlos y para compartir ese entendimiento con su público. En el caso del director Lasse Hallström se deja ver un notable apego por la soledad, el amor, la tristeza y el dolor.

Una constante en su filmografía son los productos duros y agridulces, marcados por un nivel estético realmente fabuloso. Por ejemplo, en sus dos más recientes filmes, este cineasta suizo ha confirmado su inclinación por los mencionados estados del alma.

Tanto en Las normas de la Casa de la Sidra como en Atando cabos (que se puede apreciar en las salas locales) ha indagado sobre cómo el ser humano modifica su comportamiento a partir de estar solo y de no encontrar el amor verdadero.

Una muestra palpable la encontramos en el Homer Wells (interpretado por Tobey Maguire) de The Cider House Rules, que tiene la misma imagen de desamparo e ingenuidad que la del Quoyle (encarnado por Kevin Spacey) de The Shipping News (‘Atando cabos’). Ambos son introvertidos, pero lúcidos, callados, pero capaces de enfrentarse a cualquier circunstancia adversa.

El viaje de Homer del orfelinato a una ciudad un poco más grande le sirvió para darse cuenta de su verdadera vocación, el traslado de Quoyle de Nueva York a Terranova le enseñó que lo suyo no era laborar en una rotativa sino escribir notas sobre barcos en el periódico de su nuevo hogar. En ese ir y cambiar de sitio encontramos una metáfora sobre el viaje interior de los personajes, la oportunidad de cambiar de piel.

Cada uno de ellos encuentra en el amor una manera de liberarse de sus miedos y temores. Homer descubre sus sentimientos en esa diosa que era para él Candy Kendall (Charlize Theron) y algo parecido le ocurre a Quoyle, que en un principio creyó enamorarse de la arpía de su esposa (Cate Blanchet), pero su amor más puro y confortable lo haya en una mujer (Julianne Moore) que su marido utilizó como un objeto que se usa y se tira.

En cada uno de estos filmes Hallström mantiene su humor pesimista y su sobriedad expositiva, su amor por los espacios abiertos (los escenarios se convierten en personajes adicionales en estas producciones), con historias que presentan inesperadas revelaciones, que revitalizan el devenir de unos personajes atormentados, pero seguros de seguir buscando la felicidad.

Así el creador europeo le da un espíritu de rebeldía a tragedias que parecieran eternas, pero que llegan a un punto final. Los hombres y mujeres que las pueblan aprenden a sobrellevar sus errores.

Estos dramas se hermanan por la intensidad de sus tramas, tramas que no caen en el juego engañoso de las medias tintas. En uno se abordan el aborto, los embarazos no deseados y el compromiso ético de los profesionales y en el otro la infidelidad, el estupro, la inhibición, la violación carnal y la violencia paterna. Aunque parecen hechos irreparables, que Hallström sabe manejar con sutileza y elegancia, el cineasta siempre termina apostando por la esperanza y el poder del amor.

Cine de clase

Atando cabos es la clase de fábula espiritual, brumosa y naturista que debería ver hoy en vez de productos comerciales, que no alimentan sus mundos interiores.

Este es un poético retrato de un pueblito de Nueva Escocia, en la costa de Canadá, en la que conocemos a un deprimido cornudo (Kevin Spacey), a una esposa infiel que no termina de morir en paz (Cate Blanchet), a una tía llena de venganza (Judi Dench), una afable madre abandonada (Julianne Moore), sin olvidar a una casa que le habla a una niña huérfana, a pescadores que odian cuando un amigo los abandona y muertos que resucitan el día de su sepelio.

A Hallström le gustó de inmediato esta novela de Annie Proulx en la que se basa el filme y que le mereció a su autora un premio Pulitzer. Cuando el cineasta presentó Atando cabos en la sección oficial de la última edición de la Berlinale explicó que la “narrativa de Proulx tiene pocos límites: mezcla el drama con la comedia y la farsa, la belleza poética con informes periodísticos totalmente triviales y basados en la realidad de la vida en Terranova. Además, yo me siento atraído por cualquier cosa que intente retratar a la gente de forma honesta y realista”.

Si bien Kevin Spacey, el reemplazo generacional de Jack Lemmon, está estupendo en Atando cabos (aunque no supera al resto del elenco), no fue la primera opción de Hallström, pues antes de que el ganador de dos Oscar dijera que sí habían dicho que no al papel sus compañeros de oficio John Travolta y Billy Bob Thornton.

Spacey leyó el libro de Annie Proulx hace siete años, pero no le dieron el papel porque el proyecto estaba en manos de Travolta y luego pasó a Billy Bob Thornton. Cuando ganó la estatuilla dorada por American Beauty el asunto cambió a su favor.

Señor drama

Lasse Hallström comenzó sus faenas audiovisuales en su Suecia natal, país que lo vio nacer el 2 de junio de 1946. Sus primeros contactos con la cámara fueron gracias a la televisión, medio en el que trabajó por casi ocho años.

Llamó la atención de Hollywood cuando fue nominado al premio Oscar en la categoría de mejor película extranjera por su trabajo en My Life as a Dog (1985), el cual escribió, editó y dirigió. Aunque este filme gustó su labor en la Meca del Cine no fue hasta seis años más tarde que hizo su debut estadounidense con el drama cómico Once Around (estelarizada por Richard Dreyfuss, Holly Hunter y Gena Rowlands).

En su etapa americana ha descollado en el drama combinado con otros géneros: en tono comedia en What's Eating Gilbert Grape? (1993, protagonizada por Johnny Depp, Leonardo DiCaprio y Juliette Lewis), en plan romántico en Chocolat (2000 con Juliette Binoche, Johnny Depp y Carrie-Anne Moss), con aire de crítica social en The Cider House Rules (1999, con Tobey Maguire, Charlize Theron y Michael Caine) y el melodrama con The Shipping News (2001 con Kevin Spacey, Julianne Moore, Judi Dench, Cate Blanchett y Pete Postlethwaite).

Lo interesante de Hallström es que en su periplo norteamericano ha mantenido bastante intacta su integridad artística, aprovechando para sus beneficios creativos presupuestos holgados y elencos compuestos por renombrados actores.


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